Los presidentes de Colombia y México, Gustavo Petro y Andrés Manuel López Obrado, respectivamente, dieron un giro significativo en la retórica y el enfoque de la lucha contra el narcotráfico en sus respectivos países, marcando un cambio en la estrategia que prevaleció durante décadas. Sin embargo, las realidades en la región presentan una serie de desafíos claves para esta nueva dirección.

En este sentido, la “guerra contra las drogas”, declarada por el presidente estadounidense Richard Nixon hace medio siglo y mantenida por sucesivas administraciones, involucró la persecución masiva de usuarios de drogas en Estados Unidos, operaciones militares contra traficantes en países como Colombia y México, y la erradicación forzosa de cultivos de drogas.

Esta estrategia tuvo como resultado un alto costo humano, con aproximadamente un millón de latinoamericanos muertos, según cifras oficiales del Gobierno colombiano, y un aumento exponencial en la oferta y la demanda mundial de cocaína. Muchos líderes latinoamericanos llegaron a denunciar esta estrategia como cómplice de un genocidio en la región.

Sin embargo, con la llegada de nuevos Gobiernos vino el posible cambio en el paradigma. En la reciente conferencia sobre drogas en Cali, Colombia, Gustavo Petro expresó su desacuerdo con la estrategia previa y abogó por un enfoque que aborde las causas subyacentes del tráfico de drogas. En esta misma línea, López Obrador, cuya campaña en 2018 se basó en el lema “Abrazos y no balazos”, coincide en la importancia de comprender las causas profundas de este problema.

Desafíos claves

Pero todavía hay que considerar el hecho de que la realidad de la región plantea una serie de desafíos claves para esta nueva orientación. En el caso de Colombia, a pesar de las políticas de erradicación forzada, la superficie de cultivos de coca alcanzó niveles récord en 2022, aumentando un 15% con respecto al año anterior. La producción de coca ofrece a los agricultores beneficios superiores a los cultivos legales como el café, lo que dificulta los esfuerzos para alejarlos del narcotráfico.

En México, que emergió como un importante país de tránsito y producción de drogas, la brecha entre la retórica oficial y la realidad es aún más evidente. Aunque el gobierno de López Obrador implementó programas para brindar alternativas económicas a los involucrados en el tráfico de drogas, la militarización y los pactos informales con los cárteles siguen siendo una parte importante de la estrategia. Estas cuestiones todavía plantean un preocupación significativa en la región.

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