El primer trimestre del 2026 puede definirse por tres decisiones geopolíticas tomadas por la administración Trump en Estados Unidos: el golpe sobre Nicolás Maduro en Venezuela, la guerra coordinada con Israel sobre Irán y, a partir de la crisis de hidrocarburos desencadenada por el conflicto en Medio Oriente, el levantamiento de sanciones a la venta de petróleo proveniente de Rusia. Aunque estos movimientos guardan claves regionales propias, también pueden leerse en el marco del impacto que tienen en la carrera por la hegemonía global que la potencia norteamericana lleva adelante contra China.

Esto es porque los tres países –Venezuela, Irán y Rusia– fueron algunos de los principales proveedores de crudo de China en 2025, y a un costo menor que el de mercado debido a las sanciones que ya pesaban sobre estos regímenes. La intervención norteamericana y sus implicancias para la economía global mutaron de hecho las condiciones que favorecían a Zhongnanhai.
Cómo los ataques de Estados Unidos sobre Irán y Venezuela y la quita de sanciones al petróleo ruso impactan en su carrera por la hegemonía mundial con China
Para hacer la comparación con el presente puede servir mirar cómo fue el año anterior de China en el aspecto energético. Según informa una publicación reciente del Center on Global Energy Policing de la Universidad de Columbia, “las importaciones de crudo de China alcanzaron un récord de 11.6 millones de barriles por día (bdp) en 2025, cuando tensiones geopolíticas, bajos precios del petróleo y un superávit en la oferta impulsaron a China a aumentar sus reservas de petróleo”. Se trata de buena parte del combustible que impulsó la expansión industrial y militar del país. Pero también es un componente insustituible de la energía para que funcionen los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial, una de las claves en la carrera tecnológica del siglo XXI.
El valor del petróleo grafica el cambio en el status quo favorable a China. A fines del año pasado, el barril brent cotizaba en la línea de los USD 60. Desde el comienzo de las hostilidades en Medio Oriente, el 28 de febrero, llegó a tocar los USD 140 y se mantiene estable en los tres dígitos. Además, las intervenciones en Venezuela e Irán tuvieron como objetivo dos países que según el Center on Global Energy Policing podrían haber contribuido cerca de 1.8 millones de bpd a China en 2025, a un valor menor que el de mercado por las sanciones norteamericanas ya vigentes sobre ambos.
El aumento del precio del combustible y el levantamiento de las penalidades al petróleo de Rusia para paliar la escasez global derivada del conflicto también encarecieron al principal exportador energético del país asiático, que el año pasado representó el 18% de sus compras declaradas. El estrecho de Ormuz, importante corredor comercial marítimo que el régimen iraní cerró parcialmente, es la vía del 50% de las importaciones chinas en este rubro, en gran medida de países atacados por Teherán en sus puertos, refinerías y plantas de gas como Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Omán y Emiratos Árabes Unidos.

Este contexto es más ineludible para un país como China, que a pesar de producir crudo es, por el tamaño de su economía, un importador neto de esta materia prima. Aunque las mencionadas reservas de petróleo le permiten resistir mejor el cuello de botella en Ormuz que otros países asiáticos como Corea del Sur o Japón, y también consiguió reestablecer parte del suministro que atraviesa el estrecho a través de su presión sobre el régimen iraní, las últimas intervenciones estadounidenses modificaron las condiciones que antes le permitieron al gobierno de Xi Jinping acumular petróleo.
El director de la consultora ABECEB y exsubsecretario de Integración de Política Productiva de la Nación, Gustavo Pérego, considera que los recientes movimientos norteamericanos buscan reafirmar su hegemonía militar y financiera en el mundo: “La estrategia de la política exterior es ir a todos los puntos de estrangulamiento que existen a nivel global. Primero, en términos de comercio naval, que son todos los sitios donde existen pasajes, como puede ser Ormuz, Panamá. Lo que está haciendo Estados Unidos es reforzar la capacidad de romperlos y de cerrarlos. En segundo lugar, le está diciendo a todos, no solo a China, el crudo y el gas se comercian en dólares, no en otra divisa. ¿Por qué? Porque eso es parte de sostener el déficit fiscal y estructural norteamericano a través de la demanda de dólares”.
El sector energético estadounidense puede beneficiarse a corto plazo del alza en el precio de los combustibles mientras perjudica a China, por su lugar destacado como productor mundial de hidrocarburos, pero Pérego señala que también aumenta el costo de vida de los ciudadanos, por lo que la administración Trump enfrenta un creciente riesgo político en las elecciones intermedias de noviembre: “Estados Unidos es el mayor proveedor de crudo y uno de los mayores proveedores de gas natural, con lo cual para la industria eso es fantástico, pero te impacta en el precio del galón [de nafta] y estamos en un año electoral”.
La Dra. Sofía del Carril, directora ejecutiva de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Austral, sugiere por su parte que la reconfiguración global del control geopolítico sobre recursos energéticos podría llevar a Beijing a “combinar diversificación de abastecimiento en el corto y mediano plazo con una aceleración de su proyecto de fondo: reforzar su seguridad energética y sus ventajas tecnológicas estratégicas”. En este último punto lista “una serie de herramientas como una mayor electrificación del transporte y de la industria, el uso de renovables, la mejora de las capacidades de almacenamiento de la energía y la expansión en energía nuclear y de plantas abastecidas por carbón”.
Pérego analiza que los canales de combustible a buena parte del mundo y China se reabrirán eventualmente por la presión del calendario electoral norteamericano, pero con un mayor condicionamiento de la Casa Blanca a partir de sus intervenciones militares: “Lo que Estados Unidos dice a China es ‘seguimos compitiendo igual, pero a partir de ahora yo voy a tener una palabra sobre tu acceso a materias primas y energía'”. Como ejemplo señala a Venezuela, que desde la llegada al poder de Delcy Rodríguez “le puede vender petróleo a China, pero con autorización. [Estados Unidos] Está buscando tener, asegurar preponderancia sobre las regiones productoras de energía”.

La Dra. del Carril coincide con este punto, al señalar que “la administración Trump parece apostar a que, en la competencia con China, Estados Unidos conserve una ventaja estratégica en el terreno de la energía”. Esa lógica, subraya, “aparece reflejada en el discurso oficial de energy dominance, explicitada en la National Security Strategy de noviembre de 2025″. En la última edición de la mencionada Estrategia de Seguridad Nacional, que condensa cada año los lineamientos oficiales de política exterior para las distintas agencias del gobierno norteamericano, se lee como “objetivo estratégico primario” del 2026: “Restaurar la dominación energética norteamericana (en petróleo, gas, carbón y energía atómica) y repatriar los componentes claves para la energía”.
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