El impacto de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, en Medio Oriente, comienza a sentirse con fuerza en América Latina, donde el aumento de los precios de combustibles y la volatilidad de los mercados de commodities están deteriorando las perspectivas económicas y aumentando el riesgo de una estabilidad política. El cierre parcial del estratégico Estrecho de Ormuz, por donde transita una proporción importante del petróleo mundial, desencadenó un efecto dominó que trasciende la región del Golfo.

En este sentido, Chile se convirtió en uno de los primeros casos visibles de este fenómeno. A pocas semanas de asumir el poder, el presidente José Antonio Kast enfrenta una crisis marcada por el abrupto aumento de los combustibles, tras la eliminación de subsidios que el gobierno consideró fiscalmente insostenibles. El resultado fue inmediato y mostró incrementos cercanos al 30% en la gasolina y superiores al 50% en el diésel, con un fuerte impacto en el costo de vida.
Las consecuencias no se limitan al frente energético. La caída en el precio del cobre —principal exportación chilena— redujo las expectativas de ingresos fiscales en un momento clave para la administración. Esta doble presión, sobre el consumo interno y las cuentas públicas, aceleró el desgaste político del gobierno, cuya aprobación cayó cerca de diez puntos en pocas semanas.
El caso chileno no es aislado. Economías latinoamericanas altamente dependientes de la importación de energía —como las de Centroamérica— enfrentan presiones inflacionarias crecientes, mientras que países exportadores de commodities observan con preocupación la volatilidad de los precios internacionales. Según análisis de organismos como el Fondo Monetario Internacional, shocks externos de esta naturaleza tienden a amplificar vulnerabilidades estructurales en economías emergentes.
Los gobiernos de América Latina tienen desafíos complejos por sortear con la guerra entre Estados Unidos, Irán e Israel
A nivel político, la situación plantea desafíos a sortear para los gobiernos. La incapacidad de amortiguar el impacto de los precios internacionales puede traducirse en pérdida de legitimidad y aumento de la conflictividad social. Como señalan analistas regionales, “los ciclos políticos en América Latina siguen fuertemente condicionados por variables externas que los gobiernos no controlan”.

En este contexto, la guerra en torno a Irán no solo redefine el equilibrio geopolítico global, también expone nuevamente la fragilidad de América Latina frente a crisis externas. La evolución del conflicto y la estabilidad de los mercados energéticos serán determinantes para definir si la región logra amortiguar el impacto o si, por el contrario, enfrenta una nueva ola de inestabilidad económica y política.
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