El Departamento de Defensa de Estados Unidos envió a la Casa Blanca una solicitud de más de 200.000 millones de dólares para financiar la guerra contra Irán, en un pedido que deberá pasar por el Congreso y que ya generó rechazo inmediato entre legisladores demócratas. El secretario de Defensa Pete Hegseth lo confirmó parcialmente en una conferencia de prensa este jueves en el Pentágono, sin dar el número exacto pero reconociendo que la cifra “podría moverse”. Su justificación fue escueta: “Cuesta dinero matar a los malos.”

La solicitud fue reportada primero por The Washington Post, que citó a un alto funcionario de la administración Trump. Según esa fuente, los 200.000 millones de dólares estarían destinados principalmente a reponer y ampliar el stock de municiones críticas que EE.UU. e Israel utilizaron para atacar miles de objetivos iraníes desde que comenzó la Operación Epic Fury el 28 de febrero. Hegseth precisó en la conferencia de prensa el alcance militar de ese gasto: confirmó que las once unidades de submarinos de Irán fueron destruidas y que el ejército estadounidense dañó o hundió más de 120 buques iraníes en menos de tres semanas de operaciones.
El número es extraordinario por su magnitud y por su contexto. Para comparar: en el pico de la Guerra de Irak, el costo anual de ese conflicto rondó los 140.000 millones de dólares. Pedir 200.000 millones para el inicio de una guerra de tres semanas implica que el Pentágono proyecta un conflicto largo e intensivo, o que el ritmo de consumo de municiones en esta operación no tiene precedente en la historia reciente de EE.UU. La primera semana tuvo un costo superior a 11.300 millones de dólares, según datos que funcionarios del Pentágono entregaron a legisladores la semana pasada. El director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett, cifró el costo total acumulado en 12.000 millones de dólares al inicio de la tercera semana, aunque esa cifra ya quedó desactualizada con el nuevo pedido.

La reacción del Congreso fue inmediata. El senador Ruben Gallego, demócrata por Arizona y veterano de la Guerra de Irak, fue directo: “En el pico de combate, la Guerra de Irak costó alrededor de 140.000 millones de dólares por año. Si el Pentágono está pidiendo 200.000 millones, están pidiendo una guerra larga. La respuesta es un simple no.” Los republicanos, en cambio, anticiparon apoyo al pedido. La aprobación del suplemento presupuestario no está garantizada y su tramitación congresual se producirá en un contexto de deuda nacional que ya superó los 39 billones de dólares, según datos publicados esta semana.
Hegseth fue deliberadamente impreciso sobre el número final. “Creo que esa cifra podría moverse. Claramente cuesta dinero matar a los malos”, dijo. “Estamos yendo de vuelta al Congreso y a nuestra gente allí para asegurarnos de que estemos debidamente financiados por lo que se ha hecho, por lo que quizás tengamos que hacer en el futuro, para asegurarnos de que nuestras municiones estén repuestas. Y no solo repuestas, sino por encima y más allá.” La formulación abre la puerta a que el número final sea mayor, menor, o presentado en tramos separados según la estrategia legislativa de la Casa Blanca.

La solicitud de 200.000 millones llega en un momento en que la oposición demócrata a la guerra acumula intensidad. Senadores de ambas cámaras presentaron la semana pasada una resolución basada en la Ley de Poderes de Guerra para recortar el financiamiento del conflicto. Esa resolución no prosperó, pero el debate sobre los costos reales de la operación ahora tiene un número concreto para discutir. Para los aliados de Washington que observan la guerra desde afuera, el pedido también es una señal: EE.UU. no planifica una operación de corto plazo y está dispuesto a movilizar recursos de escala histórica para sostenerla.
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