Ucrania y Estados Unidos han iniciado en Ginebra conversaciones sobre la reconstrucción de posguerra en paralelo a una nueva oleada de ataques rusos contra infraestructura crítica, una dinámica que refleja la tensión estructural entre recuperación económica y guerra activa. El presidente ucraniano Volodímir Zelenski afirmó que Rusia lanzó durante la noche 420 drones y 39 misiles contra instalaciones energéticas y otros objetivos estratégicos en al menos ocho regiones del país.
Mientras los equipos encabezados por Rustem Umerov y el enviado especial estadounidense Steve Witkoff, junto a Jared Kushner, discutían en Ginebra mecanismos de inversión y cooperación a largo plazo, las centrales eléctricas y subestaciones ucranianas volvían a ser blanco de ataques.
Kiev aspira a movilizar cerca de 800.000 millones de dólares en fondos públicos y privados durante la próxima década para reconstruir el país. Sin embargo, la última evaluación del Banco Mundial estima que el costo actual de reconstrucción asciende ya a 588.000 millones de dólares, una cifra que continúa aumentando a medida que la infraestructura es nuevamente golpeada.
Misiles de crucero y el colapso del control nuclear
En paralelo, un informe exclusivo de Reuters reveló que Rusia habría empleado repetidamente el misil de crucero 9M729 en ataques contra Ucrania, según el análisis de expertos basado en fragmentos recuperados tras bombardeos.


El 9M729 fue precisamente el sistema cuyo desarrollo llevó a Estados Unidos a abandonar en 2019 el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), durante la primera presidencia de Donald Trump. El acuerdo prohibía misiles terrestres con un alcance superior a 500 kilómetros. Según la fiscalía ucraniana, uno de estos misiles disparado en octubre pasado habría volado más de 1.200 kilómetros.
La utilización de este armamento —capaz de portar carga nuclear— subraya no solo la dimensión militar del conflicto, sino también el deterioro progresivo del régimen de control de armas surgido tras la Guerra Fría. Este mes expiró además el tratado New START, el último gran acuerdo que limitaba los arsenales estratégicos de Estados Unidos y Rusia.
Reconstrucción bajo presión estratégica
La combinación de ataques masivos contra la red energética y el uso de misiles asociados al colapso de tratados nucleares envía un mensaje estratégico donde Moscú mantiene su capacidad de ataque en profundidad y puede elevar los costos económicos y estructurales de Ucrania incluso mientras se discute su recuperación.
El ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, reiteró tras los bombardeos que Rusia apuesta por “más terror, ataques y agresión” cuando la comunidad internacional exige el fin de la guerra. Moscú, por su parte, niega atacar deliberadamente a civiles.
Las conversaciones en Ginebra también incluyen preparativos para una nueva ronda de negociaciones trilaterales con Rusia en marzo. Zelenski sostuvo que esas conversaciones deberían desembocar en una reunión de líderes para abordar los puntos más sensibles del conflicto. Sin embargo, las posiciones siguen distantes, particularmente en torno al control territorial en la región de Donetsk.
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