- Donald Trump dijo la Armada de EE.UU. que analiza desplegar un segundo grupo de ataque de portaaviones para preparar una opción militar si el diálogo con Irán no prospera.
- La advertencia llega con el USS Abraham Lincoln ya operando en el Mar Arábigo, en un refuerzo visible de la disuasión estadounidense en el Golfo.
- La visita de Benjamin Netanyahu a Washington y las diferencias sobre el alcance del acuerdo, nuclear, misiles y proxies, elevan la presión política sobre la mesa de negociación.

Donald Trump afirmó en una entrevista con Axios que está considerando enviar un segundo grupo de ataque de portaaviones a Medio Oriente para estar en condiciones de ejecutar una acción militar si las negociaciones con Irán fracasan. El anuncio se produce mientras Washington y Teherán retomaron contactos indirectos en Omán y, en paralelo, Estados Unidos consolidó un despliegue naval y aéreo de alta visibilidad en el Golfo, con el USS Abraham Lincoln como pieza central.
La opción de sumar un segundo portaaviones apunta a ampliar el margen operativo y político de la Casa Blanca. Un segundo grupo de ataque no solo eleva el volumen de aeronaves embarcadas disponibles para ciclos sostenidos de patrulla y ataque, también incrementa la capacidad de protección de la fuerza, la profundidad de fuego desde escoltas con misiles de crucero y la resiliencia ante incidentes en un teatro donde el riesgo de escalada accidental es estructural. Trump lo enmarcó como parte de una “armada” en movimiento y señaló que hubo conversaciones dentro del gobierno sobre ese refuerzo adicional, mientras sostuvo que espera una nueva ronda de conversaciones con Irán la próxima semana.

En la práctica, la señal llega sobre una base ya reforzada. En las últimas semanas, el despliegue del Abraham Lincoln se complementó con incrementos en capacidades aéreas y defensivas, incluidos cazas F-35 y sistemas antimisiles, en un esquema pensado para elevar el costo de una respuesta iraní y proteger nodos críticos de la presencia estadounidense en la región. En paralelo, el Comando Central difundió imágenes del grupo de ataque operando en el Mar Arábigo, escoltado por buques logísticos y unidades de la Guardia Costera, una puesta en escena deliberada de presencia sostenida y capacidad de proyección.
Disuasión naval y negociación indirecta en paralelo
El canal diplomático, por su parte, está atravesado por límites políticos explícitos. Según Axios, Teherán sostuvo públicamente que solo negociará su programa nuclear y que no renunciará al enriquecimiento de uranio, mientras Trump dejó entrever que considera “natural” que el acuerdo cubra lo nuclear y dijo que también ve posible abordar el tema de misiles balísticos, un punto que Irán rechaza como parte de la discusión. Esa brecha de expectativas se expresa en la arquitectura de mediación, Omán y Qatar como nodos, y en movimientos de alto nivel desde Teherán, con la visita de Ali Larijani a Mascate y contactos previstos en Doha, en una dinámica destinada a calibrar posiciones antes de la próxima ronda.
El componente militar y el diplomático, además, se condicionan mutuamente. En el plano operativo, la región ya mostró episodios que tensan la postura defensiva, como el derribo de un dron iraní que se aproximó al Abraham Lincoln, un hecho que, aun si no cambia por sí solo el curso de las conversaciones, refuerza el argumento de Washington sobre el valor de mantener una postura de disuasión robusta para negociar desde una posición de fuerza. Del lado iraní, también hubo señales de preparación, como anuncios de ejercicios en el Estrecho de Ormuz en medio del despliegue estadounidense, un recordatorio de que Teherán conserva palancas de presión sobre el corredor energético más sensible del sistema internacional.

La dimensión política agrega un vector adicional. Netanyahu viaja a Washington con el objetivo de empujar a la Casa Blanca hacia un acuerdo más amplio, que incluya restricciones sobre misiles y redes regionales, y con escepticismo sobre la viabilidad de un “gran acuerdo” limitado a lo nuclear. En paralelo, en el ecosistema de seguridad regional se acumulan señales de fricción, incluida la advertencia israelí de que podría actuar en solitario si percibe que Irán cruza determinados umbrales vinculados a capacidades estratégicas.
En este marco, el eventual envío de un segundo portaaviones funcionaría como un mensaje de doble destinatario. Para Irán, busca reforzar la credibilidad de la amenaza y limitar la tentación de estirar tiempos sin ceder en puntos sustantivos. Para aliados y socios regionales, especialmente Israel, proyecta que Washington mantiene capacidad de escalada y no depende exclusivamente del carril diplomático. La pregunta, hacia adelante, es si ese refuerzo será concretado o quedará como presión preventiva mientras se prueba una ventana de negociación en Omán y Doha, con un mapa de desacuerdos todavía abierto y con incentivos cruzados para endurecer posiciones de cara a la próxima ronda.
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