- Taiwán busca extender acuerdos de armamento con Estados Unidos ante el bloqueo legislativo del presupuesto de defensa
- El Parlamento taiwanés demora un plan de USD 40.000 millones para contrarrestar la presión militar de China
- Beijing rechaza el rearme de la isla mientras Washington refuerza la cooperación militar

El gobierno de Taiwán anunció que solicitará a Estados Unidos una extensión de los plazos para firmar acuerdos clave de adquisición de armamento, en un contexto marcado por el estancamiento legislativo de su presupuesto especial de defensa y por la presión militar sostenida de China sobre la isla. La decisión fue confirmada por el Ministerio de Defensa taiwanés, luego de que el Parlamento, controlado por la oposición, demorara el tratamiento del paquete de gasto militar propuesto por el presidente Lai Ching-te, valuado en unos 40.000 millones de dólares y diseñado para reforzar la capacidad disuasiva frente a Beijing.
Según explicó el Ministerio de Defensa de Taiwán, las propuestas estadounidenses —válidas hasta mediados de marzo— incluyen misiles antitanque TOW, misiles Javelin fabricados por Lockheed Martin y obuses autopropulsados M109A7. El primer pago debería realizarse antes de fin de marzo, pero la falta de aval parlamentario pone en riesgo la firma dentro de los plazos establecidos.

Desde el Ejecutivo advirtieron que una demora adicional podría relegar a Taiwán en la línea de producción estadounidense, ya que otros países avanzarían primero en la recepción de equipos. En ese marco, el gobierno confirmó que ya inició gestiones con Estados Unidos para extender la vigencia de las LOA y preservar los acuerdos.
Política interna y fricción estratégica
El trasfondo del problema es político. El Kuomintang, principal fuerza opositora y con mayoría legislativa, sostiene que respalda el fortalecimiento de la defensa, pero rechaza aprobar “cheques en blanco” sin un control detallado del gasto. Esta postura se profundizó luego de que una delegación del partido viajara recientemente a Beijing, un gesto que fue leído por sectores oficialistas como una señal de acercamiento a China en un momento de alta tensión regional.
Washington, por su parte, reiteró públicamente su apoyo al aumento del gasto militar taiwanés. Voceros del Departamento de Estado y del American Institute in Taiwan señalaron que Estados Unidos “da la bienvenida” al presupuesto especial de defensa, en línea con la presión ejercida por la administración Trump para que aliados y socios incrementen su inversión en seguridad.
Antecedentes: un rearme en curso bajo presión china
Tal como expuso Escenario Mundial en coberturas previas, el pedido de extensión se inscribe en un proceso más amplio de profundización de la cooperación militar entre Estados Unidos y Taiwán, pese al rechazo sistemático de China.
En los últimos meses, Taiwán comenzó a recibir sistemas terrestres de misiles antibuque Harpoon, parte de un acuerdo aprobado bajo el mecanismo de Ventas Militares al Extranjero, orientado a reforzar la defensa costera frente a un eventual escenario anfibio. El plan contempla la entrega escalonada de 100 lanzadores y 400 misiles, con hitos previstos hasta 2028.

Ese refuerzo se suma al mayor paquete de armas aprobado por Estados Unidos para la isla, valuado en más de 11.000 millones de dólares, que incluye sistemas HIMARS, misiles ATACMS, drones, obuses y misiles antitanque. Beijing respondió a esas decisiones con advertencias sobre el “riesgo de guerra” y acusaciones de que Washington convierte a Taiwán en un “polvorín” regional.
Desde la perspectiva china, el sostenido flujo de armamento estadounidense viola el principio de “una sola China” y altera el equilibrio militar en el estrecho. Para Taiwán, en cambio, estas adquisiciones forman parte de una doctrina defensiva asimétrica destinada a elevar los costos de cualquier operación militar del Ejército Popular de Liberación.
Un equilibrio cada vez más frágil
El pedido de extensión de los acuerdos de armamento refleja una paradoja central de la seguridad taiwanesa: mientras la amenaza externa se intensifica, la capacidad de respuesta depende cada vez más de consensos políticos internos difíciles de construir. La demora legislativa no implica un giro estratégico, pero sí introduce incertidumbre sobre los tiempos reales de incorporación de capacidades clave.
En un contexto de presión militar china constante, ejercicios a gran escala alrededor de la isla y un alineamiento cada vez más explícito entre Washington y Taipéi, el margen de maniobra de Taiwán se achica. Pese al rechazo de China y a las advertencias de escalada, la isla insiste en avanzar con su rearme; el desafío inmediato será lograr que la política interna no se convierta en el principal cuello de botella de su estrategia de disuasión.
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