Prácticamente desde el fin de la Guerra civil china, allá por 1949, China ha reclamado la soberanía de la isla de Formosa, también conocida como Taiwán. Sin embargo, aunque nunca renunció al uso de la fuerza para lograr la reunificación, el actual contexto internacional, generado por Donald Trump, podría generar una ventana de oportunidad para que el Gigante Asiático logre, de una vez por todas, consolidar la política de “una sola China”.

Desde Pekín creen que su ejército aún no está preparado para una operación tan difícil. Esto se debe a que un desembarco anfibio seguido de un asalto a una isla montañosa como Taiwán sería operativamente difícil.
Incluso, los costes y consecuencias de la guerra en Ucrania han demostrado la dificultad de tomar de poder, a lo que se suman las sanciones.
Pero, pese a que en los papeles China tiene las cosas difíciles, la realidad es que, al menos desde 2025, Pekín ha insistido, de forma permanente, sobre la inevitabilidad e indiscutibilidad de lo que llama su “reunificación” con Taiwán.
Esto se debe a que, desde hace un tiempo, la comunidad política china está cada vez más convencida de que una oportunidad está surgiendo. Y el motor fundamental de esta nueva evaluación es la política estadounidense y la percepción de que el presidente Donald Trump tiene poco interés en defender militarmente a Taiwán.

¿Por qué surge una oportunidad?
La ventana de oportunidad sería entre 2026 y 2027 por varios motivos. En primer lugar, la razón por la que China no ha usado la fuerza contra Taiwán es que es incierto que pueda tener éxito. Y esta cuestión del éxito siempre ha dependido de cómo respondería Estados Unidos a un ataque chino.
Pero Pekín ahora está convencido de que es poco probable que haya a un presidente estadounidense más indiferente hacia Taiwán que Trump y menos propenso a intervenir militarmente en el Estrecho de Taiwán.
La recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU., que prioriza el hemisferio occidental y proclama una “predisposición al no intervencionismo”, apoya esta percepción. Y esto se refuerza cuando Washington renunció a cualquier designación de China como amenaza o desafío.
En este sentido, la respuesta contenida de la administración Trump al ejercicio militar chino de diciembre de 2025 que rodeaba Taiwán también fue alentadora.
Y luego, a principios de enero, la decisión de Trump de capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro confirmó las prioridades de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

El tiempo corre
Pero, aunque todo hace indicar que China realmente tiene una oportunidad, la realidad es que este cambio en las prioridades estratégicas de EE.UU. —y su enfoque hacia China— puede estar presente solo durante los próximos tres años.
Cabe recordar que Trump ya no podrá ir en busca de la reelección. Por lo tanto, los demócratas tranquilamente podrían volver al poder dentro de unos años. Así, es posible que China nunca vuelva a tener un momento en el que Washington sea tan reacio a intervenir en favor de Taiwán.
Las acciones de Trump también han reforzado la posición de China al afectar la política interna de Taiwán. Cabe recordar que, en 2025, le impuso aranceles del 20% a Taiwán. Y luego, tras un acuerdo, la isla accedió a invertir al menos US$ 250.000 millones en la producción de chips en Estados Unidos a cambio de reducir los tipos arancelarios al 15%.
La sabiduría común es que el Ejército Popular de Liberación claramente no está preparado para luchar contra Estados Unidos. Pero, si la intervención estadounidense no está en los planes, el EPL puede superar fácilmente a las fuerzas de Taiwán.
Sin embargo, la gran cuestión sobre si China puede soportar las consecuencias externas de una invasión también depende de cómo reaccione Estados Unidos más allá del ámbito militar.
Si Pekín piensa que Estados Unidos y sus aliados impondrían sanciones económicas paralizantes, los costes harían que los responsables políticos duden. Así, probablemente esperarían otro momento para atacar.
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