- Europa comienza a advertir a su población sobre la posibilidad de una guerra o conflicto directo con Rusia, marcando un giro histórico en su discurso de seguridad.
- El temor a un acuerdo de paz en Ucrania impulsado por Trump refuerza la percepción de que Rusia podría redirigir fuerzas hacia el flanco oriental de la OTAN.
- El continente enfrenta una combinación de guerra híbrida, aumento del gasto militar y preparación social como ejes centrales de su estrategia de disuasión.

Tras más de tres décadas marcadas por la reducción del gasto militar y la consolidación de un orden de paz en el continente, líderes políticos y militares europeos comenzaron a advertir públicamente a sus sociedades sobre la posibilidad de un conflicto directo con Rusia. El cambio de tono se produce en paralelo a los intentos del presidente estadounidense Donald Trump por negociar un acuerdo de paz en Ucrania y al temor, en capitales europeas, de que un eventual alto el fuego deje a Moscú en condiciones de redirigir capacidades militares hacia Europa.
En las últimas semanas, jefes de Estado, autoridades de defensa y responsables de inteligencia de Alemania, Francia, Reino Unido y la OTAN coincidieron en un mensaje inusual para la opinión pública europea: el continente debe prepararse para escenarios de guerra, tanto en términos militares como sociales y económicos.
Un giro discursivo sin precedentes desde la Guerra Fría
El fin de semana pasado, el canciller alemán Friedrich Merz comparó la estrategia del presidente ruso Vladimir Putin en Ucrania con la política de expansión de Adolf Hitler en 1938, cuando la anexión de los Sudetes fue el preludio de una guerra continental. “Si Ucrania cae, no se va a detener ahí”, afirmó Merz ante un congreso partidario, en una de las declaraciones más duras pronunciadas por un líder europeo desde el inicio de la invasión rusa.
En la misma línea, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sostuvo que Europa debe prepararse para “una escala de guerra comparable a la que vivieron nuestros abuelos”, y advirtió que Rusia podría estar en condiciones de utilizar la fuerza contra un país de la Alianza en un plazo de cinco años. Desde Francia, el jefe del Estado Mayor alertó que el país enfrenta riesgos porque “no está preparado para aceptar la pérdida de sus hijos”, en referencia al costo humano de un conflicto de alta intensidad.

La intensificación de las advertencias coincide con la iniciativa de la administración Trump para avanzar en un acuerdo que ponga fin a la guerra en Ucrania. En Europa crece la preocupación de que Washington presione a Kiev para aceptar un acuerdo desfavorable, que congele el conflicto sin garantías sólidas y deje a Rusia en una posición estratégica fortalecida.
Funcionarios europeos temen que un alto el fuego permita a Moscú reconstituir fuerzas, liberar recursos militares y reorientar su atención hacia el flanco oriental de la OTAN, particularmente los Estados bálticos y Polonia. A esto se suma la inquietud por el giro de la política estadounidense: la Estrategia de Seguridad Nacional publicada este mes por la Casa Blanca evita calificar a Rusia como enemigo y plantea como objetivo “restablecer la estabilidad estratégica” con Moscú.
La “zona gris” como antesala del conflicto
Desde los servicios de inteligencia europeos sostienen que Europa ya se encuentra bajo una ofensiva rusa de baja intensidad, ubicada entre la paz y la guerra abierta. El jefe del MI6 británico, Blaise Metreweli, advirtió que Rusia continuará intentando desestabilizar al continente “hasta que Putin se vea obligado a cambiar su cálculo”.
Autoridades de seguridad atribuyen a Moscú una cadena de sabotajes a infraestructuras críticas, ataques cibernéticos, campañas de desinformación, incendios provocados y violaciones del espacio aéreo en países como Polonia, Estonia y Alemania. Berlín, de hecho, acusó recientemente a Rusia de estar detrás de un ciberataque contra su sistema de control aéreo y de interferir en procesos electorales mediante operaciones informativas encubiertas.

Según funcionarios alemanes, estas acciones buscan probar capacidades, generar desgaste político y preparar el terreno para obstaculizar el despliegue de fuerzas de la OTAN en caso de un conflicto abierto en Europa del Este.
El desafío para los gobiernos europeos no es solo militar, sino también político y cultural. Tras décadas de “dividendo de la paz”, gran parte de la población se muestra reticente a asumir los costos de una defensa reforzada. Una encuesta de Gallup reveló que solo un tercio de los europeos estaría dispuesto a luchar por su país, frente a más del 40% en Estados Unidos.
Aun así, varios países comenzaron a revisar sus modelos de defensa. Francia anunció el retorno de un servicio militar voluntario, mientras que Alemania, Bélgica y los Países Bajos avanzan en esquemas similares. Berlín también intensificó ejercicios de simulación para evaluar el traslado acelerado de tropas hacia el frente oriental, y el Reino Unido reorientó su entrenamiento militar hacia escenarios europeos, reduciendo su presencia en otras regiones.
Más gasto militar y un nuevo equilibrio interno
En términos presupuestarios, los países europeos de la OTAN acordaron elevar el gasto en Defensa Nacional al 3,5% del PBI hacia 2035, más un 1,5% adicional destinado a infraestructura crítica y seguridad híbrida. Alemania anunció inversiones superiores al billón de dólares en la próxima década para fortalecer sus Fuerzas Armadas y su red logística, con el objetivo de convertirse en la principal potencia militar convencional de Europa.
Sin embargo, altos mandos militares advierten que estas cifras podrían resultar insuficientes si Rusia mantiene su ritmo de producción industrial-militar, que, según datos de inteligencia occidental, ya supera las necesidades del frente ucraniano.
Para dirigentes y estrategas europeos, el mensaje es claro: la disuasión solo será creíble si las sociedades aceptan el costo de prepararse para la guerra. Como resumió el exalmirante neerlandés Rob Bauer, exjefe militar de la OTAN, “si Europa quiere preservar la paz, debe estar lista para un conflicto”.
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