El presidente de Rusia, Vladimir Putin, reconoció que Moscú subestimó la posibilidad de que Ucrania atacara las refinerías de petróleo del país y admitió que las autoridades partieron de una premisa equivocada al considerar que esas instalaciones, por su carácter civil, quedarían al margen de los ataques. La declaración se produjo mientras una campaña sostenida de drones ucranianos afecta la capacidad de refinación rusa y profundiza los problemas de abastecimiento de combustible.

“¿Por qué nos encontramos con esta situación? Porque partimos de que eran instalaciones puramente civiles y que no podían ser objeto de ningún ataque, incluso en condiciones de conflicto armado. En este sentido, nos equivocamos. Nuestro adversario, lamentablemente, piensa de otra manera”, afirmó Putin durante sus declaraciones a la prensa tras la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái y posteriormente en el Foro Económico Oriental.
El mandatario ruso sostuvo que la respuesta pasa ahora por reforzar la protección de las instalaciones energéticas. Según Putin, las empresas del sector comenzaron a destinar recursos propios a sistemas de defensa y equipamiento contra drones, después de que el Gobierno estableciera nuevas obligaciones para que las compañías protejan sus infraestructuras. El presidente aseguró que varios ataques recientes contra refinerías habían sido repelidos y afirmó que aproximadamente el 10% de los trabajos de reparación pendientes todavía debía completarse.
El ataque de drones ucranianos deteriora el mercado de combustibles de Rusia
Esta admisión de Putin coincide con un deterioro del mercado ruso de combustibles. Según datos citados por Reuters, hacia finales de agosto la producción de gasolina había descendido hasta unas 80.000 toneladas diarias, mientras que la demanda durante el período estival rondaba las 115.000 toneladas. El resultado fue que la producción doméstica cubría aproximadamente el 70% de las necesidades del mercado, con un déficit cercano a las 35.000 toneladas por día.
La sucesión de ataques contra grandes refinerías convirtió el daño a la infraestructura energética en uno de los principales factores de presión sobre el suministro. Reuters informó que las instalaciones de Perm, Nizhni Nóvgorod y Yaroslavl estuvieron entre las afectadas durante la última ola de ataques.

Uno de los casos más recientes es el de la refinería KINEF, en Kirishi, región de Leningrado. El complejo, operado por Surgutneftegas y considerado la segunda mayor refinería rusa por capacidad, detuvo completamente el procesamiento de petróleo después de un ataque con drones registrado el 30 de agosto. Según reportes sobre el incidente, dos unidades de destilación dañadas concentraban aproximadamente el 48% de la capacidad de procesamiento de la planta, que tiene una capacidad anual cercana a los 20 millones de toneladas.
El impacto también se trasladó directamente a los consumidores. Durante agosto, distintas regiones rusas volvieron a imponer límites a la cantidad de gasolina que podía adquirir cada vehículo y algunas estaciones establecieron restricciones de venta. En Moscú, por ejemplo, grandes compañías como Rosneft, Gazprom Neft y Tatneft establecieron diferentes topes de compra, mientras que en otras zonas se registraron largas filas en las estaciones de servicio.
La estrategia de Ucrania apunta también a trasladar parte del costo de la guerra a la economía rusa
Frente al deterioro de la oferta interna, Moscú comenzó a recurrir cada vez más al mercado internacional. Reuters informó que durante agosto se esperaban alrededor de 270.000 toneladas de productos petrolíferos transportados por vía marítima desde países asiáticos, mientras que las importaciones de gasolina desde Bielorrusia podían alcanzar unas 150.000 toneladas. India también se convirtió en un proveedor relevante, datos de seguimiento marítimo citados por The Indian Express estimaron que desde ese país se enviaron más de un millón de barriles de gasolina a Rusia durante junio y julio.

La presión sobre el mercado llevó además al Gobierno ruso a extender las restricciones a las exportaciones. Moscú prolongó hasta el 30 de septiembre la prohibición de exportar diésel y otros productos derivados por parte de los productores, mientras mantiene la prohibición de exportar gasolina hasta enero de 2027. El objetivo declarado es priorizar el abastecimiento del mercado doméstico en un contexto de oferta limitada.
La estrategia ucraniana busca precisamente trasladar parte del costo de la guerra al territorio ruso y afectar mediante ataques con drones a infraestructura que sostiene su economía y su esfuerzo bélico. Los ataques de largo alcance contra refinerías y otros objetivos energéticos se convirtieron en una herramienta para reducir la capacidad de Moscú de producir combustibles, generar ingresos y sostener una cadena energética que también abastece a sus fuerzas armadas.
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