La guerra con Irán obliga a Estados Unidos a sacrificar recursos destinados a China mientras sus jefes militares advierten sobre el desgaste. Líderes militares estadounidenses ya advierten al secretario de Defensa, Pete Hegseth, sobre los riesgos del prolongamiento de las operaciones a gran escala contra Irán. El desgaste podría debilitar la capacidad estadounidense para hacer frente a otras amenazas y particularmente, a China.

Según la información disponible, las advertencias habrían sido emitidas tanto por los jefes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea de EE.UU., como por los comandantes que supervisan las operaciones en Europa, Asia y Latinoamérica, y habrían estado dirigidas para el secretario de Defensa Hegseth, a través del Libro de Órdenes del Secretario de Defensa (SDOB). El SDOB se publica, generalmente, dos veces al mes y detalla la disponibilidad de capacidades terrestres, aéreas y navales de Estados Unidos, a nivel mundial. El documento incluye la opinión de los generales y almirantes de grados superiores, las cuales son utilizadas por el Pentágono para el diseño y la elaboración de las directivas.
El documento ordenaría que algunas de las tropas desplegadas en Medio Oriente permanezcan en la región hasta septiembre de este año y otras hasta incluso 2027, reveló The Washington Post. Precisamente, la posibilidad de extender y prolongar, aún más el despliegue militar estadounidense, fue lo que incrementó la preocupación de los líderes y jefes militares del país, quienes no están de acuerdo con la orden del secretario de Defensa de extender el despliegue de las fuerzas en Medio Oriente, en el marco de la guerra. De hecho, la opinión generalizada de los líderes militares estadounidenses es que la operación en Irán ha sido “demasiado intensa y prolongada”. Sin embargo, en este contexto, Estados Unidos continúa presionando a Teherán para poner fin al conflicto estancado.
Como resultado del conflicto que Estados Unidos mantiene con Irán, los diferentes comandos geográficos de EE.UU., incluyendo Europa y Asia, han debido desviar aeronaves y buques para apoyar los esfuerzos del país en la guerra en Medio Oriente, limitando y socavando sus capacidades frente a otras amenazas. De hecho, los altos mandos militares del Comando Europeo y del Comando Sur habrían advertido a Hegseth que el préstamo y desvío de sus buques y aviones de vigilancia al Comando Central –quien se encarga de las operaciones de Estados Unidos en Irán– mermó las propias capacidades para cumplir con las obligaciones de defensa nacional.

Incluso, se estima que la guerra con Irán obliga a Estados Unidos a sacrificar recursos y capacidades destinadas a China, una de sus principales amenazas del orden internacional. El Comando del Pacífico ha proporcionado, de manera continua, medios y capacidades al Comando Central, incluyendo un grupo de ataque de portaaviones y destructores navales a Medio Oriente. La carga más extraordinaria y significativa la ha sufrido la Armada, a quien se le ha solicitado que proporcione decenas de buques para las operaciones en Irán. El impacto de la guerra en el mantenimiento de los buques podría poner en peligro la disponibilidad de la flota estadounidense, en caso de que surjan otros conflictos o amenazas latentes que requieran un inmediato despliegue de Washington.
Sin embargo, como precisó Escenario Mundial, tras 32 días, EE.UU. volvió a atacar Irán y destruyó dos lanzadores de la Guardia Revolucionaria en la isla de Larak. Trump busca poner fin al conflicto en términos favorables a Estados Unidos, mientras la ciudadanía cuestiona al gobierno por la guerra y su creciente costo. En este contexto, precisamente, se dio a conocer que Estados Unidos prevé prorrogar los despliegues de las unidades que operan diferentes sistemas de defensa en Medio Oriente, incluyendo el Patriot del Ejército, destinado a derribar misiles y drones dirigidos contra las bases estadounidenses en la región.
El desgaste estadounidense
Los interceptores Patriot presentan un significativo desgaste, como resultado de la guerra con Irán y de donaciones previas a Ucrania, limitando la capacidad de Estados Unidos para intensificar la guerra en Irán. Por lo que, a día de hoy, Teherán posee capacidad suficiente para atacar con éxito instalaciones y bases estadounidenses en toda la región de Medio Oriente.
No obstante, los interceptores Patriot no son las únicas capacidades afectadas por el desgaste. Como resultado de la guerra, también se han agotado las reservas estadounidenses de interceptores THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), como así también de los misiles Tomahawk de largo alcance. Además, se perdió aproximadamente el 25% de la flota de drones Reaper del Pentágono, en el marco de este conflicto, que ya lleva seis meses.
Desde el gobierno, sostienen que los informes que revelan la escasez de municiones y el desgaste en los sistemas de defensa resultan inexactos. Sin embargo, las recientes advertencias de los jefes y líderes militares confirman las versiones que aseguran un deterioro significativo en las capacidades de Estados Unidos para enfrentarse a Teherán, a largo plazo, bajo operaciones de alta intensidad.

Llevar adelante una campaña y operación prolongada a gran escala tiene riesgos. Hoy esos riesgos se ven materializados para Estados Unidos, que ha debido desplazar y sacrificar recursos destinados a otras amenazas, como China, por Teherán y la presión de ganar la guerra, frente a las críticas y cuestionamientos internos. China continúa siendo, a día de hoy, una de las principales preocupaciones y amenazas de Washington, con quien compite por la hegemonía del orden mundial. En el Pacífico, los aliados de Estados Unidos ya están preocupados porque el desgaste y agotamiento de misiles e interceptores de defensa aérea de Washington dejen vulnerable el Indo-Pacífico ante China, sobre todo, tras la decisión de movilizar el único portaaviones de la Armada estadounidense en el Pacífico para enviarlo a Medio Oriente, frente al prolongado despliegue del USS Abraham Lincoln en la región con un récord de más de 250 días.
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