Japón detectó al portaaviones chino Liaoning navegando entre Okinawa y Miyako junto a dos destructores de misiles, en un nuevo movimiento naval que vuelve a poner bajo presión una de las rutas estratégicas más sensibles del Indo-Pacífico. El paso fue monitoreado por la Fuerza Marítima de Autodefensa japonesa con un destructor Asahi y un avión de patrulla P-3C.

Según el Estado Mayor Conjunto japonés, la formación fue localizada alrededor de la medianoche del 20 de junio, a unos 130 kilómetros al este de Miyako. El grupo estaba compuesto por el portaaviones Liaoning, un destructor de misiles clase Renhai y un destructor de misiles clase Luyang III, que luego avanzaron hacia el noroeste entre Okinawa y Miyako rumbo al Mar de China Oriental.
El dato central es que no se trata de un tránsito aislado. Japón informó que estos buques corresponden al mismo grupo naval detectado el 25 de mayo en aguas del Pacífico, donde el Liaoning realizó operaciones de despegue y aterrizaje de aeronaves embarcadas entre el 26 y el 28 de mayo, antes de navegar hacia aguas al este de Filipinas.
El paso por el corredor Okinawa-Miyako tiene una lectura estratégica directa. Esa zona forma parte de la llamada primera cadena de islas, el arco que conecta Japón, Taiwán y Filipinas, y que condiciona la salida de la Armada china desde sus mares cercanos hacia el Pacífico occidental. Cada tránsito de un portaaviones chino por ese corredor sirve para entrenar movilidad, escolta, vigilancia y operaciones de larga distancia.

La composición del grupo también importa. El Liaoning no navegó solo, sino acompañado por destructores capaces de aportar defensa aérea, protección de superficie y apoyo al núcleo del grupo de portaaviones. En los últimos meses, analistas navales vienen siguiendo cómo China busca consolidar una arquitectura de grupo de combate más parecida a las formaciones de portaaviones de Estados Unidos.
Para Japón, estos movimientos elevan la presión sobre sus islas del suroeste y obligan a sostener una vigilancia casi permanente. La respuesta japonesa incluyó al destructor Asahi, con base en Sasebo, y a un avión P-3C del 5.º Grupo Aéreo en Naha, dos activos clave para seguimiento marítimo, inteligencia y patrulla antisubmarina.

La lectura de fondo es que China está normalizando el empleo de portaaviones más allá de sus aguas cercanas. El Liaoning ya no opera solamente como una plataforma de entrenamiento simbólica, sino como parte de un patrón de despliegues que busca demostrar presencia, practicar salidas al Pacífico y presionar los puntos de paso que Japón considera críticos para su seguridad.
El mensaje para Tokio y Washington es claro: Beijing quiere mostrar que puede mover grupos navales de alto valor a través de la primera cadena de islas, operar en el Pacífico occidental y regresar al Mar de China Oriental bajo vigilancia japonesa. En una región atravesada por Taiwán, el Mar de China Meridional y la competencia con Estados Unidos, cada tránsito del Liaoning funciona como ensayo militar y señal política.
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