El pasado 8 y 9 de junio del presente año, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, realizó una visita de Estado a Corea del Norte, la cual sería su primera visita a Pyongyang en 7 años. El Ministerio de Exteriores chino, confirmó que Xi regresó a Pekín el 9 de junio tras concluir la visita.

Ambos gobiernos intentaron mostrar el viaje como un éxito. Corea del Norte recibió a Xi Jinping con una ceremonia de alto nivel, incluyendo honores militares, multitudes y actos simbólicos. Asimismo, Kim Jong-un recibió a Xi con un saludo de 21 cañonazos y espectáculos con canciones chinas y norcoreanas, mientras ambos gobiernos hablaron de cooperación más profunda.
El discurso oficial destacó la ampliación de la cooperación en política, economía y cultura. La KCNA informó que Kim y Xi acordaron expandir la cooperación bilateral, mientras Xinhua presentó el viaje como una oportunidad para una comprensión más profunda y una relación con una dirección más clara.
Límites reales
Reuters señala que el éxito conseguido en la visita fue desigual. Para Corea del Norte, el principal beneficio fue elevar la imagen de Kim y reforzar la idea de que Pyongyang representa un actor relevante en el nuevo orden internacional. Mientras que para China, el objetivo fue acercar más a Corea del Norte a su órbita y contrapesar la creciente influencia de Rusia sobre Pyongyang.

El límite más importante a destacar fue la ausencia del tema nuclear. La visita evitó asuntos difíciles como la desnuclearización y Estados Unidos. Analistas citados por la agencia logran interpretar esa omisión como una victoria para Kim, pues China no presionó públicamente sobre el programa nuclear norcoreano.
Ese punto se refuerza con hechos ocurridos posteriormente, el 18 de junio del 2026, Kim Yo Jong, diplomática y hermana menor del líder supremo en Corea del Norte, rechazó el llamado del G7 a la desnuclearización y afirmó, según KCNA, que la desnuclearización era una agenda cerrada e irreversible para Corea del Norte.

También se observan diferencias en las narrativas oficiales. Corea del Norte buscó enfatizar la igualdad simbólica con China, la dignidad del régimen y la solidaridad política. China, en cambio, habló más de cooperación práctica, comercio, turismo, agricultura, transporte y vínculos institucionales. Esa diferencia muestra que ambos países necesitan la relación, pero no necesariamente la interpretan de la misma manera.
Otro límite está marcado por Rusia. En los últimos años, Corea del Norte se acercó de manera significativa a Moscú, tanto por su apoyo militar vinculado a la guerra en Ucrania como por la asistencia económica y política rusa. Esa relación reduce la capacidad de China para controlar por completo la orientación estratégica de Pyongyang.

Por eso, la visita de Xi a Corea del Norte debe leerse como una señal de acercamiento, pero no como una alianza sin fisuras. Pekín busca recuperar margen sobre su vecino y evitar que Rusia monopolice la relación con Kim. Pyongyang, por su parte, aprovecha la competencia entre potencias para ampliar su margen de maniobra, reforzar su legitimidad internacional y sostener su programa nuclear como un interés central.
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