Tras el reciente siniestro de un avión supersónico en la región de Irkutsk, diversos análisis de inteligencia y reportes técnicos indican que Rusia habría perdido más del 70% de sus bombarderos Tu-22M3 listos para combate desde 2022. Esta drástica reducción en la flota estratégica, agravada por la guerra en Ucrania y la falta de reemplazos industriales, sugiere que de las aproximadamente 33 aeronaves operacionales al inicio del conflicto, Moscú poseería actualmente apenas 9 o 10 unidades en condiciones de vuelo, exponiendo una vulnerabilidad crítica en su capacidad de proyección de poder de largo alcance.
La brecha entre el inventario y la realidad operativa
Para comprender la magnitud de esta pérdida, es necesario desglosar por qué el inventario oficial de 55 naves listadas en The Military Balance 2025 no coincide con la capacidad de combate real.
Desde febrero de 2022, Rusia ha sufrido la destrucción o daños severos en 24 bombarderos Tu-22M3 debido a una combinación de ataques ucranianos en bases como Dyagilevo, Soltsy y Olenya, así como por fallas técnicas y derribos en combate. Aunque informes como The Military Balance 2025 listaban 55 unidades en servicio a principios de ese año, la realidad operativa es distinta.

Estimaciones de la inteligencia ucraniana sugerían que, al inicio de la guerra, Rusia contaba con aproximadamente 33-34 aeronaves realmente listas para el combate. Si se considera que los 24 aparatos afectados pertenecían al grupo de naves operacionales, Rusia poseería hoy solo entre 9 y 10 bombarderos Tu-22M3 en condiciones de vuelo. Esto representaría una pérdida superior al 70% de su capacidad ofensiva real con este modelo desde 2022.

La gravedad de estas cifras reside en que Rusia no produce versiones del Tu-22 desde 1993 y no existe un reemplazo planificado en el futuro previsible. La escasez de repuestos ha llevado a la “canibalización” de unidades, donde incluso daños menores resultan en la baja definitiva del avión. Actualmente, la única opción del Kremlin es intentar modernizar fuselajes de la era soviética almacenados durante décadas para convertirlos en la variante Tu-22M3M, un esfuerzo limitado ante la velocidad de atrición que impone el conflicto.
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