El pasado martes 10 de junio, se cumplieron 1.567 días desde que Rusia invadió Ucrania lo que, actualmente, ya le ha permitido superar la duración de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, aunque el conflicto se prolonga en el tiempo, no se vislumbra un alto el fuego en la brevedad. Por ello, ante este contexto, es bueno recordar causas, actores y estado actual del conflicto.

El estallido de la guerra
Aunque muchos argumentan que el conflicto en sí comenzó allá para 2014, cuando Rusia anexionó la península de Crimea (tras las protestas del Euromaiden y la renuncia del presidente ucraniano Viktor Yanukovych – quien canceló un acuerdo entre Kiev y la Unión Europea), la guerra de Ucrania comenzó oficialmente el 24 de febrero de 2022, día en el que el Kremlin lanzó su invasión a gran escala.
En este sentido, aunque el presidente ruso Vladimir Putin ha utilizado diferentes argumentos para justificar la invasión, como defender a la población rusoparlante que habita en el Donbás de los “nazis” ucranianos, la realidad es que el principal objetivo de Moscú era frenar un posible ingreso de Ucrania a la OTAN.
Durante años, el Kremlin advirtió que Estados Unidos, país que aporta el 70% del presupuesto militar de la OTAN (alianza creada para contener a la Unión Soviética) había incumplido su promesa de no expandir la misma hacia Europa oriental. Según Moscú, tras el fin de la Guerra Fría, Washington se comprometió a que la alianza militar solo incorporaría a Alemania oriental tras la reunificación. Sin embargo, para el año 1999, se dio la primera gran expansión: República Checa, Hungría y Polonia, quienes habían sido estados satélites de la URSS, se unieron a la alianza transaltántica.
Pero el problema fue que, pese a las advertencias de Moscú, la OTAN no se detuvo: en el año 2004 incorporó a Letonia, Lituania y Estonia, países que habían pertenecido a la URSS en sí misma. Y, finalmente, el punto de inflexión ocurrió en la cumbre de la alianza en Bucarest en 2008, cuando por primera vez se habló oficialmente de una posible adhesión de Ucrania.

Así, desde ese momento, para Rusia, que sufrió históricas invasiones a través de Ucrania (tanto durante las guerras napoleónicas como durante la primera y segunda guerra mundial), esto era una línea roja que no estaba dispuesta a tolerar y comenzó a tomar medidas al respecto (la anexión de Crimea es parte de esto).
Y, finalmente, cuando Joe Biden llegó a la presidencia norteamericana, e incrementó visiblemente los lazos con Kiev, Putin decidió que era el momento definitivo para actuar, ya que no podía permitir que la OTAN llegase a sus fronteras (aunque en sus planes la guerra no duraría más de un par de meses).
La prolongación del conflicto
En primer lugar, el conflicto, que según Moscú debía resolverse en cuestión de días, se ha prolongado en el tiempo por la férrea resistencia ucraniana (Hasta ahora, el mayor conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial ha dejado 1,8 millones de bajas militares, cerca de 15.000 civiles muertos y 5,9 millones de desplazados).
Pero, más allá del heroísmo de las tropas ucranianas, su resistencia fue resultado de que, hasta febrero de 2025, había recibido 270.000 millones de euros en ayuda económica, principalmente por parte de Estados Unidos y la Unión Europea. Así, aunque Rusia sólo ganó 14 kilómetros cuadrados de territorio en mayo, actualmente ocupa unos 118.000 km cuadrados de territorio ucraniano (incluyendo a Crimea) o, en otras palabras, cerca del 20% de la superficie total del país.

El estado actual de la guerra
Pero el problema para Kiev es que, tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la ayuda económica norteamericana se cortó (incluso Trump celebró una histórica cumbre en Alaska con Putin, dejando en evidencia que es Ucrania la que debe ceder).
Sin embargo, pese a la presión de Trump, la actual ayuda de la UE aún le permite a Ucrania resistir (recientemente se aprobó un nuevo paquete de 92.000 millones de euros) lo que, al mismo tiempo, le permite a Kiev no ceder completamente ante los pedidos de Moscú (cesión de territorio, reducción de tropas y compromiso de no unirse a la OTAN, entre otras cuestiones).
Pero, aunque a corto plazo Ucrania se mantiene firme (incluso se ha convertido en un país líder en materia de drones), la realidad es que parece tener poco que hacer sin las defensas norteamericanas: desde que estalló la guerra en Irán, Ucrania está experimentando una escasez de misiles para los sistemas Patriot (ya que Washington los utiliza en su propia guerra), lo que está provocando que Rusia apueste cada vez más por la guerra aérea para obtener una victoria definitiva en el conflicto.
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