Esta semana Israel celebró elecciones generales para formar un nuevo gobierno. Fueron las primeras elecciones desde el ataque del 7 de octubre que Hamás perpetró contra Israel y la consecuente guerra en Gaza. Con una participación récord, el martes el partido de Benjamin Netanyahu –Likud– obtuvo la mayor cantidad de votos y ganó las elecciones en Israel pero queda a 8 bancas de formar gobierno, tras el histórico resultado de los partidos árabes.
El martes 27 de octubre Israel celebró elecciones generales, donde eligió su nuevo Parlamento para formar gobierno. El país es una democracia parlamentaria, por lo que la ciudadanía elige bancas, es decir, no se vota directamente al Jefe de Gobierno, que en este caso es el primer ministro. En Israel el primer ministro surge de la coalición que logra sumar 61 bancas.
Sin embargo, en las elecciones se vota por partidos para que ocupen bancas en el Parlamento (Knesset), no por candidatos individuales. Las bancas del Parlamento se reparten entre los partidos que se presentan en proporción a los votos obtenidos. No obstante, el partido que obtiene más votos no es necesariamente el que gobernará. Ganar la elección no garantiza formar gobierno, ya que eso lo hace el partido que consiga juntar 61 bancas.
En estas elecciones, los principales candidatos eran: Benjamin Netanyahu –actual primer ministro– que se presentó por Likud; Gadi Eisenkot –ex jefe del Estado Mayor– por Yashar de centro-derecha; Naftali Bennett y Yair Lapid –ex primeros ministros– que se presentaron por la lista conjunta Beyachad; y Mansour Abbas en representación de Ra’am, que une a diversos partidos árabes. Otros partidos árabes se presentaron por fuera de Ra’am también en la lista de Joint List.
Un dato no menor de esta jornada electoral en Israel es la participación ciudadana récord. En la jornada celebrada el día martes se registró más de un 75% de participación –precisamente, casi un 78%– lo que se consolida como la cifra más alta de participación electoral desde 1999. Además, se ha registrado una participación ciudadana récord de la población árabe israelí en los comicios, que supera las cifras normales. Ello ha sido denunciado por el oficialismo, sin embargo, como parte de una campaña de financiamiento de los países árabes de la región para fomentar el voto del sector árabe, con el objetivo de desplazar a Netanyahu del poder.
Esta elección, en particular, no se puede separar del ataque del 7 de octubre de 2023 contra Israel, que cambió al país y a su sociedad para siempre, como así también de la consecuente guerra que se inició en la Franja de Gaza como resultado contra Hamás. De este modo, la sociedad israelí llegó a las urnas con cuestionamientos, dudas y señalamientos sobre las responsabilidades políticas de lo que sucedió en Israel en 2023 y los años siguientes, mientras el mundo y la comunidad internacional aisló política y socialmente al Estado de Israel por su guerra contra Hamás en Gaza, lo que diversos analistas consideran que se realizó a través de una ola de antisemitismo sin precedentes.
Los resultados
Según la información oficial disponible, con más del 90% del escrutinio, Likud ganó los comicios generales, sumando un total de 53 bancas para el bloque de Netanyahu –que en caso de lograr formar gobierno asumiría su cuarto mandato como primer ministro de Israel–. En segundo lugar, quedó el bloque de Eisenkot con 48 escaños.
El dato más sorprendente y llamativo, sin embargo, es el resultado de los partidos árabes. El bloque árabe hizo una elección histórica, alcanzando 19 escaños en conjunto entre Ra’am (8) y Joint List (11), ambos en representación de los sectores árabes. Con este histórico resultado, los partidos árabes podrían convertirse en la clave para destrabar la formación del gobierno en un hecho sin precedentes para Israel.
¿Y ahora cómo sigue?
Generalmente, ningún partido suele llegar por sí solo a las 61 bancas necesarias y esta elección no es la excepción. Con estos resultados, ningún partido llegó a los 61 escaños necesarios para formar gobierno. Tras el escrutinio, empezarían las negociaciones entre los partidos y principales líderes para formar coalición de gobierno. En este sentido, las alianzas son clave. Sin embargo, formar coalición puede tardar días o incluso semanas.
Los escenarios posibles son tres, en este sentido. Un primer escenario es que Bibi Netanyahu consiga alcanzar los 8 escaños que le faltan para llegar a los 61 necesarios, mediante alianzas y concesiones con otros partidos de derecha y centro-derecha. Un segundo escenario, por su parte, es un pacto y una alianza entre Yashar –de Eisenkot– y el bloque árabe, que así lograrían sumar un total de 67 años, superando el piso que establece la ley electoral israelí.
Sin embargo, existe un tercer escenario posible, donde las negociaciones no lleguen a tener el éxito deseado y entonces, Israel deba encaminarse a una nueva jornada electoral. El tercer escenario –sin consensos, alianzas, pactos ni acuerdos– también es posible e implicaría un nuevo proceso electoral en el primer semestre de 2027.
No obstante, la decisión inicial recaerá en el presidente de Israel, Isaac Herzog, quien será el encargado de evaluar a qué dirigente le encarga primero la tarea de reunir los apoyos parlamentarios necesarios para formar gobierno. Él es, precisamente, quien tiene que designar al candidato que considere que tiene más chances para formar gobierno para reunir apoyos parlamentarios. Estas negociaciones pueden tardar hasta seis semanas, según las estimaciones de diversos analistas.
¿Ventaja para Netanyahu?
Si bien los resultados le dieron a Netanyahu una ventaja concreta, al registrar más de un 40% de los votos para Likud, la ventaja no es suficiente ya que esta no alcanza para que el actual primer ministro israelí forme coalición y gobierno. No obstante, los partidos que rechazan un nuevo gobierno de Netanyahu suman más bancas y posiciones. Pese a ello, este bloque de partidos une sectores con posiciones político-ideológicas muy diferentes entre sí y con distintas prioridades de gobierno.
El voto anti Netanyahu es claro y eso no se puede negar. El problema que evidencian diversos especialistas en el tema es la cantidad de diferencias que existe entre las propuestas de la oposición con Eisenkot por un lado, Bennet y Lapid por otro, y así también con el bloque árabe. Su única coincidencia es la oposición a Netanyahu, después de eso comparten poco y nada para poder formar gobierno y llevar adelante un programa gubernamental con consensos generales.
La experiencia gubernamental israelí así lo demuestra. El caso más reciente es, precisamente, el anterior gobierno de Bennet y Lapid (2021-2022), quienes debieron llamar a elecciones anticipadas por la falta de consensos internos y la imposibilidad de gobernar frente a las diferencias internas de la coalición gobernante, que reunía partidos de centro, centro-izquierda, izquierda e incluso sectores árabes.
Mientras tanto Netanyahu continuará al frente del Poder Ejecutivo de Israel, mientras se conforma el nuevo Parlamento, a partir de los resultados de los comicios. El gabinete seguirá tal cual –sin cambios ni renovaciones– hasta que alguno de los candidatos alcance los escaños necesarios para formar coalición y gobierno, en función de la orden inicial que de Herzog en los próximos días.
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