El jefe del Ejército de Estados Unidos en el Pacífico, general Ronald P. Clark, afirmó que la disuasión en la región depende de mantener fuerzas preparadas y desplegadas en una escala suficiente antes de que estalle una crisis, mientras Washington profundiza su integración militar con aliados mediante decenas de ejercicios anuales. “La única forma en que hemos tenido éxito en la disuasión es proporcionando esas fuerzas a escala”, sostuvo Clark durante el encuentro anual de la Association of the United States Army (AUSA) en Washington, al referirse a la postura que Estados Unidos busca sostener en un teatro marcado por enormes distancias y múltiples puntos de tensión.

El comandante de U.S. Army Pacific vinculó directamente esa capacidad con el posicionamiento adelantado de unidades y con la posibilidad de operar junto a fuerzas regionales. Para Clark, no alcanza con disponer de tropas y armamento en territorio estadounidense: deben existir formaciones listas, relaciones construidas con anticipación y procedimientos comunes capaces de funcionar bajo presión.
La escala de esa preparación aparece en Operation Pathways, el programa mediante el cual el Ejército estadounidense articula 54 ejercicios a lo largo de un año con distintos socios del Indo-Pacífico. Las maniobras permiten trasladar tropas y sistemas hacia países aliados, entrenar sobre su territorio y probar la capacidad de integrarlos dentro de una misma estructura operativa.
54 ejercicios para construir una fuerza antes de la crisis
La intervención de Clark permite poner una cifra sobre el ritmo de actividad que Estados Unidos viene sosteniendo en el Pacífico. Operation Pathways no corresponde a una única maniobra, sino a una sucesión de ejercicios que conecta a unidades estadounidenses con fuerzas de Japón, Filipinas, Australia y otros socios regionales.
Según explicó el general, esas actividades sirven para desarrollar confianza entre los contingentes, alinear procedimientos y comprobar que sistemas diseñados por diferentes países puedan operar juntos. La preparación previa resulta especialmente importante en el Pacífico, donde las distancias dificultan concentrar fuerzas rápidamente una vez iniciada una contingencia.
Durante 2026 esa estrategia quedó reflejada en varias maniobras de gran escala. Estados Unidos, Japón y Australia reunieron unos 2.200 militares durante Southern Jackaroo, mientras Washington y Manila desarrollaron una nueva edición de Balikatan con operaciones terrestres, aéreas y marítimas distribuidas sobre territorio filipino.

La actividad incluyó además el despliegue de capacidades que hasta hace pocos años tenían una presencia mucho más limitada en la región. Durante Balikatan, fuerzas estadounidenses ensayaron desde Filipinas una red que combinó lanzadores HIMARS y sistemas antibuque NMESIS, orientada a dificultar operaciones navales adversarias alrededor de la primera cadena de islas.
Japón también recibió este año sistemas Typhon estadounidenses mientras realizaba sus mayores ejercicios terrestres junto con Washington y Australia. El despliegue coincidió con una actividad creciente de fuerzas chinas y rusas alrededor del archipiélago japonés.
Clark sintetizó esa estructura alrededor de tres prioridades: personal, asociaciones y capacidad para imponerse durante etapas de competencia, crisis o conflicto. En su planteo, las alianzas no funcionan solamente como respaldo político, sino como parte de la capacidad militar que Estados Unidos necesita tener disponible antes de que deba emplearla.
La escala también responde al problema de las distancias
El Pacífico plantea un desafío distinto al de otros escenarios donde Estados Unidos mantiene grandes concentraciones permanentes de tropas. Bases, aeródromos, puertos y depósitos se encuentran separados por miles de kilómetros, mientras una parte importante de cualquier refuerzo debería llegar desde Hawái, Guam o el territorio continental estadounidense.
De allí la insistencia de Clark en la postura adelantada. Las unidades que participan de Pathways pueden operar temporalmente desde infraestructura aliada, conocer el terreno, preparar cadenas logísticas y ensayar cómo recibir refuerzos antes de una emergencia.

La cuestión cobró todavía mayor peso este año, cuando Estados Unidos debió trasladar importantes recursos navales desde el Pacífico hacia Medio Oriente. Escenario Mundial informó que el envío de portaaviones y destructores para sostener las operaciones vinculadas con la guerra con Irán redujo temporalmente algunos de los principales medios disponibles frente a China.
La respuesta del Ejército no depende de replicar el poder naval estadounidense, sino de extender una red terrestre desde la cual puedan operar misiles, defensas aéreas, aviación, logística y sistemas no tripulados en coordinación con los aliados.
Clark volvió a colocar esa idea en el centro durante AUSA 2026. Para el comandante de las fuerzas terrestres estadounidenses en el Pacífico, la disuasión no se sostiene únicamente sobre la existencia de capacidades militares, sino sobre la posibilidad de ponerlas en posición, en cantidad suficiente y junto a socios preparados para utilizarlas antes de que comience una crisis.
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