Luiz Inácio Lula da Silva intensificó su apuesta por los beneficios económicos y sociales en la recta final de la campaña por la presidencia en Brasil. A siete días del balotaje del 25 de octubre, el mandatario busca convertir las medidas dirigidas a trabajadores y pequeños negocios en argumentos para retener apoyos y disputar los votos que todavía pueden definir la elección frente al senador Flávio Bolsonaro.

En este sentido, la estrategia combina decisiones ya formalizadas, propuestas que dependen del Congreso y gestos políticos hacia sectores en los que el oficialismo tiene dificultades para imponerse. El objetivo es poner en primer plano el costo de vida, el endeudamiento y las condiciones laborales, en una contienda que también está atravesada por la seguridad pública y una fuerte polarización política.
El oficialismo apunta a microemprendedores y pymes
Uno de los anuncios económicos más recientes fue un paquete para aliviar las obligaciones financieras de los microemprendedores individuales. El Gobierno presentó una iniciativa que prevé condonar deudas con la administración federal de unos 3,6 millones de trabajadores independientes, por un monto estimado de 12.600 millones de reales, equivalente a aproximadamente US$ 2.520 millones.
El perdón de esas obligaciones no es todavía una medida vigente ya que requiere la aprobación de un proyecto de ley complementaria en el Congreso y está previsto que alcance las deudas a partir de 2027. La iniciativa se complementa con el programa Desenrola 3.0, orientado a facilitar la renegociación de compromisos con bancos privados. El Ejecutivo sostiene que el endeudamiento acumulado limita el acceso al crédito y dificulta la continuidad y expansión de los pequeños negocios.
La decisión se inscribe en un contexto de tasas de interés elevadas y dificultades de financiamiento para los emprendimientos de menor escala. En términos electorales, le permite a Lula presentar una respuesta concreta para un sector que enfrenta obstáculos para sostener su actividad. Sin embargo, su eventual impacto dependerá de la aprobación legislativa y de las condiciones de implementación.
La reforma laboral se volvió la bandera electoral de Lula
La agenda económica del presidente también recibió un impulso con la promulgación, el 16 de octubre, de la enmienda constitucional que pone fin al esquema laboral de seis días de trabajo por uno de descanso, conocido como 6×1, y establece dos días de descanso semanal remunerado.
La reforma contempla una reducción gradual de la jornada máxima semanal, de 44 a 40 horas, sin recorte salarial. La transición comenzará dos meses después de la promulgación y culminará en un plazo de 14 meses. De esta manera, la medida ya no es solamente una promesa de campaña: quedó incorporada al marco constitucional brasileño, aunque su aplicación será progresiva.

Lula celebró la aprobación y rechazó los argumentos de quienes advirtieron sobre posibles perjuicios para las empresas. El presidente comparó las críticas actuales con las que, según recordó, acompañaron la introducción del aguinaldo décadas atrás. La reforma le ofrece al oficialismo una bandera vinculada con el tiempo de descanso, la vida familiar y las condiciones de trabajo.
Disputa por el voto evangélico a Bolsonaro
La ofensiva de Lula no se limita a las medidas económicas. El mandatario también envió una carta abierta a las familias evangélicas, un sector que representa cerca del 27% de la población brasileña y que constituye uno de los principales puntos de apoyo de Flávio Bolsonaro.
En la misiva, Lula apeló a un lenguaje religioso y afirmó que respeta todas las confesiones. También reivindicó medidas de su Gobierno relacionadas con la protección de las familias y presentó la reducción de la jornada laboral como una oportunidad para disponer de más tiempo para la vida comunitaria y religiosa.
El gesto apunta a un electorado en el que el presidente enfrenta una desventaja significativa. La encuesta de Datafolha publicada el 16 de octubre ubicó a Flávio Bolsonaro con una ventaja de 62% a 29% entre los evangélicos. El acercamiento de Lula busca disputar ese respaldo sin abandonar su agenda social.
Seguridad pública y una elección sin margen
La principal dificultad para Lula es que la campaña también se define en torno a la seguridad. El oficialismo impulsa la creación de un Ministerio de Seguridad Pública, pero las diferencias con la oposición sobre la reducción de la edad de responsabilidad penal trabaron las negociaciones legislativas. Mientras el PT aceptó discutir una reducción hasta los 16 años, Bolsonaro propuso llevarla a los 14 para determinados delitos graves.
El candidato del Partido Liberal mantiene la seguridad como uno de sus ejes y cuestiona las iniciativas de Lula, a quien acusa de ofrecer medidas inviables. Esa disputa compite con la agenda social por la atención de los votantes indecisos y de quienes podrían cambiar su decisión en la última semana.
Una última encuesta de Datafolha registró 51% de los votos válidos para Flávio Bolsonaro y 49% para Lula, una diferencia dentro del margen de error de dos puntos porcentuales. El sondeo también mostró que la ventaja del senador se redujo respecto de la medición anterior. Ambos candidatos llegan así al tramo decisivo sin una distancia estadísticamente concluyente.
Bolsonaro apela al legado de su padre y promete convertir a Brasil en una potencia
En paralelo a la agenda social de Lula, Flávio Bolsonaro busca consolidar su candidatura con un discurso centrado en la seguridad, las críticas al oficialismo y la continuidad del movimiento político que lidera su padre. Durante un mitin celebrado este sábado en Vitória, capital de Espírito Santo, el senador afirmó que Brasil podría ubicarse entre las siete mayores potencias mundiales al término de un eventual mandato suyo.
Ante miles de simpatizantes, reivindicó el legado del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por golpismo y bajo arresto domiciliario. “Dijeron que habían acabado con el bolsonarismo, pero se olvidaron de que Jair Bolsonaro dejó millones y millones de semillas”, sostuvo. El acto, realizado a ocho días de la segunda vuelta, contó con un operativo de seguridad que incluyó francotiradores en edificios a lo largo del recorrido.

El candidato del Partido Liberal prometió gobernar también para quienes no lo voten y responsabilizó a la gestión de Lula por los asesinatos, las agresiones contra mujeres, el cierre de empresas y la pérdida de dignidad de la población. Sin embargo, no presentó propuestas específicas para revertir esos problemas. “Vamos a poner punto final a esto”, afirmó, antes de pedir a sus seguidores que le exijan resultados dentro de cuatro años si llega a la Presidencia.
Tras el mitin, Bolsonaro tenía previsto viajar a Salvador, capital de Bahía y uno de los principales bastiones electorales de Lula en el nordeste brasileño, con el objetivo de ampliar su respaldo en una región clave para el oficialismo.
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