La Armada de Estados Unidos completó la integración de los sistemas de mando y control del dron cisterna autónomo Boeing MQ-25A Stingray, preparando así a su segundo portaaviones de combate para operar aviación no tripulada. Con la incorporación del Centro de Guerra Aérea No Tripulada (UAWC) a bordo del USS Ronald Reagan (CVN 76), la embarcación de la clase Nimitz se suma a la capacidad operativa alcanzada el pasado marzo por el USS Theodore Roosevelt (CVN 71).

En primer lugar, la actualización del USS Ronald Reagan se llevó a cabo durante un período de mantenimiento de 17 meses en dique seco en el astillero naval de Puget Sound, situado en Bremerton, Washington. Este proceso toma como antecedente directo al USS Theodore Roosevelt, la primera unidad de la flota que instaló el sistema de mando embarcado para el MQ-25A y alcanzó su estatus operativo tras superar exhaustivas evaluaciones.
Posteriormente, tras zarpar del astillero a finales de agosto de 2026, la tripulación del USS Ronald Reagan inició una fase de pruebas en muelle y en alta mar con el fin de validar los sistemas de control. Sobre este logro, el capitán Daniel Fucito, gerente de la Oficina del Programa de Aviación de Portaaviones No Tripulados (PMA-268), destacó que cada hito operacional permite reducir la brecha tecnológica para brindar a las fuerzas combatientes la letalidad y el alcance necesarios en el espacio de batalla.

Por su parte, el núcleo de esta transformación operacional radica en la incorporación del Centro de Guerra Aérea No Tripulada (UAWC), desarrollado e instalado por Lockheed Martin para desempeñarse como la cabina de mando principal a bordo. En este sentido, la instalación alberga las estaciones de control terrestre MD-5C, las cuales combinan redes gubernamentales de mando, control, comunicaciones, informática e inteligencia (C4I) con la arquitectura de software y hardware MDCX del equipo Skunk Works.

La incorporación de los centros de mando en los portaaviones coincide con el impulso a la fabricación en serie del sistema. Tras superar la fase de desarrollo e integrar la aprobación del denominado Hito C, la Armada adjudicó a Boeing un contrato de US$ 562 millones para la producción del primer lote de tres aeronaves MQ-25A, junto con el financiamiento anticipado de componentes de largo plazo. Este paso inicial forma parte de una proyección de hasta 76 drones de reabastecimiento, con entregas iniciales previstas para 2029 y una inversión global estimada en cerca de US$ 15.900 millones.

Paralelamente, la infraestructura instalada a bordo de los portaaviones sienta el modelo de mando para el desarrollo de la denominada Ala Aérea del Futuro y la integración de las Aeronaves de Combate Colaborativas (CCA). En efecto, estos sistemas autónomos volarán en combinación directa o bajo el control táctico de aviones tripulados. Para respaldar esta doctrina, se han realizado ensayos del software de enlace de datos Link 16, orientados a permitir que las tripulaciones de los Super Hornet controlen a los drones cisterna en pleno vuelo.
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