El portaaviones USS George Washington desplegó sus cazas F-35 y F-18 para realizar operaciones aéreas continuas en Medio Oriente bajo la supervisión del Comando Central de Estados Unidos. Esta maniobra aeronaval en las aguas del Mar Arábigo integra las capacidades de sigilo del escuadrón Strike Fighter Squadron VFA-147 con el poder ofensivo de los cazas Super Hornet. En consecuencia, la plataforma nuclear proporciona un radio de cobertura estratégico para cumplir misiones de defensa aérea, patrullaje marítimo y ataques de precisión.

Por otra parte, la llegada del USS George Washington al teatro operacional permite concretar el relevo del portaaviones USS Abraham Lincoln, el cual concluyó una histórica misión de 302 días en el mar entre el Indo-Pacífico y Medio Oriente. Este despliegue se consolidó como el segundo más prolongado de un portaaviones de propulsión nuclear estadounidense desde la Guerra Fría, superado únicamente por los 326 días del USS Gerald R. Ford.
Durante su permanencia en la zona, la unidad registró más de 200 días continuos en zona de combate en el marco de la Operación Epic Fury contra Irán, período en el cual su Ala Aérea Embarcada 9 completó más de 10.000 salidas de vuelo y utilizó unas 680 toneladas de municiones guiadas. Tras realizar maniobras conjuntas con las fragatas australianas HMAS Perth y HMAS Stuart en el Mar del Sur de China y hacer escala en Guam, la embarcación emprendió el regreso directo hacia San Diego omitiendo la habitual parada técnica en Hawái, mientras los destructores de escolta USS Spruance y USS Michael Murphy permanecen desplegados de forma preventiva en el Mar Arábigo.
En este contexto, la concentración militar estadounidense en la región registra un crecimiento significativo al operar de forma simultánea el USS George Washington y el USS George H.W. Bush. A este dispositivo se suma la decisión del Pentágono de enviar un tercer grupo de ataque encabezado por el USS Theodore Roosevelt, junto al buque anfibio USS Makin Island y la 13ª Unidad Expedicionaria de Marines, adicionando entre 9.000 y 10.000 efectivos al escenario operacional.

Sin embargo, la redistribución estratégica de la nave insignia desde su puerto base en Yokosuka generó repercusiones geopolíticas inmediatas al dejar al Pacífico occidental sin un portaaviones de la Séptima Flota desplegado frente a China. Analistas del Hudson Institute y del Center for Strategic and International Studies explicaron que Beijing aprovecha esta ventana de oportunidad para enviar un mensaje disuasivo hacia Filipinas, Japón e Indonesia mediante patrullas navales y ejercicios con fuego real cerca de Scarborough Shoal.
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