La Guardia Costera de EE.UU. mantiene una estricta vigilancia sobre cuatro buques de investigación chinos que desplegaron operaciones desde la costa de Alaska hasta el Polo Norte, ante la sospecha de que recopilen inteligencia militar y exploren minerales en el fondo marino del Ártico. Las incursiones registradas en lo que va de 2026 —frente a las cinco contabilizadas en todo 2025— incluyeron navegaciones estratégicas por las islas Aleutianas, el estrecho de Bering y la plataforma continental extendida estadounidense.
Aunque las embarcaciones asiáticas permanecieron en aguas internacionales, omitieron enviar la notificación diplomática previa habitual y respondieron ante los requerimientos norteamericanos que ejecutaban tareas científicas de rutina.
En este contexto, las autoridades de defensa estadounidenses identificaron dos factores centrales de vulnerabilidad estratégica. Por un lado, existe la preocupación de que las labores oceanográficas de Pekín busquen evaluar y eventualmente explotar recursos minerales en el lecho marino perteneciente a la Zona Económica Exclusiva (ZEE) y la plataforma continental de Estados Unidos.
Por otro lado, la Guardia Costera advierte sobre la posibilidad de que estas misiones hidrográficas recolecten datos para obtener ventajas militares o representar una amenaza directa a la seguridad del territorio estadounidense.
Asimismo, la intensificación de la presencia china responde a su pretensión de consolidarse como un Estado “casi ártico” e impulsar la denominada “Ruta de la Seda Polar”, desplegando medios navales de forma individual o en coordinación con Rusia. Durante una conferencia de seguridad en Oslo, el contraalmirante Bob Little, comandante del Distrito Ártico de la Guardia Costera de EE.UU., comparó estas maniobras con las actividades de buques de investigación rusos en el mar de Barents y el mar Báltico, enmarcándolas como amenazas híbridas. Por su parte, el gobierno ruso negó que sus buques realicen actividades ilícitas o representen un riesgo para los intereses norteamericanos.
En consecuencia, el monitoreo sobre la vasta área de responsabilidad en el Pacífico Norte —una superficie casi tan extensa como Europa— se mantiene en estado de alta prioridad. La vigilancia constante busca preservar la soberanía y prevenir la explotación no autorizada del lecho submarino, en un escenario donde las misiones científicas continúan difuminando las fronteras entre la investigación oceanográfica y la proyección geopolítica.
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