Los Estados, cada vez más, apuestan por reforzar y consolidar sus capacidades y fuerzas submarinas, frente a un escenario donde la guerra submarina dejó de ser plenamente utópica. Los submarinos tienen la capacidad de navegar sin ser vistos y pasar desapercibidos. Bajo el mar, su misión es esconderse y escabullirse. En este sentido y en el marco de la guerra submarina, resulta interesante preguntarse ¿cómo se detecta, identifica y sigue a una unidad diseñada para no ser vista e identificada?
Los submarinos están diseñados para permanecer ocultos y no poder ser identificados, ya que, a través de ellos, se buscan realizar operaciones de inteligencia y patrullas encubiertas. Además, estas unidades también sirven de apoyo para el despliegue de fuerzas especiales. La efectividad del submarino, en este sentido, no está simplemente en la capacidad de ataque o destrucción, sino más bien en la posibilidad de permanecer oculto en un ambiente sustancialmente complejo y cambiante.
Los expertos y analistas explican que existen diversos factores que modifican cómo viaja el sonido y son cruciales para la detección de un submarino, entre los que se incluye la temperatura, la profundidad, la presión, la salinidad y las corrientes, entre otros. Todos estos elementos modifican la forma en la que viaja y se transmite el sonido e influyen en la detección de una unidad submarina.
En este sentido, el océano se presenta como un verdadero laberinto. Por lo que, no basta simplemente con contar con las capacidades, los sistemas y las tecnologías necesarias para encontrar a un submarino e identificarlo, sino con saber aprovechar las condiciones oceanográficas y ambientales, como las mencionadas. La guerra submarina se configura, de este modo, dentro del escenario físico del océano.
Capacidades y tecnologías
Las boyas sonar son clave para la identificación de unidades submarinas en el océano. En el marco de la guerra submarina, los Estados despliegan aviones que, a su vez, lanzan boyas al océano que escuchan y transmiten información clave, que es construida por operadores para identificar y detectar a unidades submarinas.
Sin embargo, las boyas sonar no son las únicas capacidades utilizadas para la identificación de submarinos en el océano. Las operaciones incluyen también capacidades navales y aéreas, entre las que se destacan los aviones y los helicópteros, que pueden desplazarse rápidamente y utilizan sensores específicos.
Las unidades en superficie también resultan cruciales, por su parte, ya que se presentan como elementos clave de comunicaciones, sensores, procesamiento de información y coordinación, incluyendo buques, fragatas y destructores. El submarino cazador juega, además, con la misma lógica del adversario, convirtiéndose en una amenaza directa para otros submarinos.
La guerra submarina implica el despliegue de diversos sistemas de sensores que se complementan para dar con el objetivo: la identificación del submarino adversario. La utilización de un único sistema sensor no suele funcionar ni ser tan efectivo, es por ello que los Estados impulsan el despliegue de diversos sistemas de sensores complementarios, ya que la detección e identificación es colectiva y una unidad puede confirmar o descartar lo que fue detectado por otra previamente.
De este modo, con suficiente información y sensores complementarios, un Estado puede construir y conocer los movimientos, comportamientos, patrones de navegación y zonas de operación de un submarino adversario.
La experiencia de Fraterno
En el marco del ejercicio Fraterno XXXIX, Argentina y Brasil entrenaron, precisamente, esta lógica, con un despliegue frente a las costas argentinas. A través del despliegue del P-3C Orion y el Sikorsky SH-3 Sea King, las unidades de superficie argentinas participaron en la búsqueda del Humaitá, el submarino de la clase Riachuelo construido para la Marina de Brasil.
La lógica mencionada fue empleada en el marco del ejercicio, donde Argentina tenía unidades de superficie y también capacidades aéreas, y Brasil dispuso fragatas, buques, helicópteros y aportó el submarino Humaitá. En el ejercicio, los medios argentinos intentaron localizar, identificar, clasificar y mantener contacto con la unidad submarina brasileña. Además, oficiales y suboficiales submarinistas argentinos lograron embarcarse en el Humaitá.
Por lo que, a través del ejercicio Fraterno XXXIX, la Argentina no solo entrenó sus capacidades de detección e identificación submarinas con la unidad brasileña, en el medio de la guerra y el combate submarino, sino que también embarcó parte de su personal dentro de él para recuperar experiencia submarinista, ya que el país no tiene, actualmente, en servicio ninguna unidad submarina. La Armada argentina reconoce, de hecho, la carencia de submarinos operativos argentinos propios.
En el ejercicio, el Humaitá estaba bajo el océano y el desafío era, precisamente, identificarlo. Para quienes lo buscaban, el desafío era construir la cadena de operaciones de la unidad y determinar sus patrones de navegación y movimientos. En Fraterno, Brasil no solo entrenó con Argentina sino que también le ofreció su submarino para recuperar experiencia submarinista y entrenarse en un campo que la Armada argentina aún no puede volver a practicar con unidades propias.
Las capacidades submarinas son centrales en el marco de una competencia global, donde estas unidades cada vez adquieren más relevancia para la proyección de poder y la disuasión estratégica. Contar con las capacidades, los sistemas y las tecnologías capaces de construir una cadena y red de sensores que logren detectarlos e identificarlos es tan importante como contar con una flota de submarinos propios, y el caso argentino lo pone de manifiesto.
Te puede interesar: Argentina y Brasil en el Atlántico Sur: Cómo el ejercicio naval Fraterno XXXIX redefine la seguridad militar del Cono Sur
