Rusia afirmó haber interceptado 416 drones ucranianos durante una sola noche sobre 15 regiones del país, la península de Crimea y el Mar Negro, en una nueva oleada de ataques que volvió a alcanzar la región de Moscú y obligó a imponer restricciones en los aeropuertos de la capital por segunda noche consecutiva. Más de 60 aparatos fueron derribados en las inmediaciones de Moscú durante las primeras horas del ataque, según las autoridades rusas, mientras se registraron incendios y daños en edificios e instalaciones industriales.
El Ministerio de Defensa ruso aseguró que los 416 vehículos aéreos no tripulados fueron interceptados entre las 20:00 del miércoles y las 8:00 del jueves. La cifra constituye una afirmación oficial rusa y no pudo ser verificada de manera independiente en su totalidad. Los ataques se extendieron sobre las regiones de Briansk, Belgorod, Kaluga, Tver, Smolensk, Kursk, Orel, Tula, Vorónezh, Lipetsk, Tambov, Rostov, Volgogrado, Penza y Moscú, además de Crimea y aguas del Mar Negro.
La presión fue especialmente visible alrededor de la capital. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informó inicialmente que 64 drones habían sido derribados en la región, aunque posteriores actualizaciones de las autoridades elevaron el número de aparatos detectados mientras la operación continuaba durante la mañana.
Las autoridades regionales también informaron daños provocados por drones o restos de aparatos interceptados. Un edificio residencial resultó afectado en Pavlovsky Posad, mientras se registraron incendios en otro inmueble en Kubinka y dentro de las instalaciones de una fábrica en el distrito de Bogorodsky.
Los aeropuertos de Moscú volvieron a restringir operaciones por segunda noche consecutiva
El impacto más inmediatamente verificable volvió a sentirse sobre la aviación civil. Las autoridades aeronáuticas rusas suspendieron temporalmente operaciones en aeropuertos de la región de Moscú mientras las defensas aéreas intentaban enfrentar los drones que se aproximaban a la capital. Domodédovo interrumpió temporalmente sus operaciones durante el ataque y Sheremétievo aplicó restricciones.
La nueva interrupción se produjo después de que Vnukovo y Sheremétievo suspendieran llegadas y salidas durante la noche anterior, completando dos jornadas consecutivas de alteraciones sobre el principal sistema aeroportuario ruso. La repetición de esas medidas muestra uno de los efectos de la creciente campaña ucraniana de drones de largo alcance: incluso cuando las defensas rusas aseguran interceptar una gran proporción de los aparatos, la amenaza obliga a cerrar temporalmente corredores aéreos, suspender operaciones civiles y activar defensas alrededor de una de las mayores áreas metropolitanas del país.
El episodio coincide además con una ofensiva diplomática de Kiev sobre la seguridad de la aviación civil rusa. Volodímir Zelenski advirtió el 1° de septiembre a aerolíneas y aseguradoras internacionales que el espacio aéreo ruso se estaba volviendo cada vez más peligroso debido a la guerra y al aumento de las operaciones con drones. Ucrania aseguró que no pretende atacar aeronaves civiles, pero pidió a las compañías internacionales que tengan en cuenta el riesgo generado por la actividad militar.
Un día después, el Gobierno ucraniano informó oficialmente a la Organización de Aviación Civil Internacional sobre esos riesgos y reclamó que se considere recomendar restricciones a los vuelos civiles sobre Rusia. Moscú rechazó esos planteos y sostuvo que su sistema de transporte aéreo continúa funcionando normalmente. Las restricciones impuestas durante dos noches consecutivas en la capital muestran, sin embargo, que las operaciones militares ya están teniendo consecuencias periódicas sobre el tráfico aéreo.
Ucrania lleva la guerra cada vez más lejos del frente
Más allá de la cifra de 416 drones difundida por Moscú, la dimensión estratégica del ataque aparece en su extensión geográfica. Ucrania viene aumentando progresivamente el alcance y el volumen de sus operaciones contra territorio ruso con drones fabricados localmente, utilizando esos sistemas para atacar instalaciones militares, depósitos, refinerías, infraestructura energética y otros objetivos situados a cientos de kilómetros de la línea del frente.
Moscú se convirtió también en un objetivo recurrente. El efecto no depende únicamente de que los drones consigan alcanzar físicamente instalaciones dentro de la capital. Cada nueva oleada obliga a Rusia a activar radares, sistemas antiaéreos y unidades de defensa en regiones alejadas de Ucrania, mientras las autoridades civiles deben modificar el funcionamiento de aeropuertos y otras infraestructuras. Eso obliga a Moscú a distribuir recursos de defensa aérea sobre un territorio enorme al mismo tiempo que continúa protegiendo el frente, Crimea, bases militares e instalaciones estratégicas.
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