Taiwán presentó un presupuesto de defensa de 145.700 millones de dólares taiwaneses (unos US$4.590 millones) para 2026, buscando acelerar la modernización de sus Fuerzas Armadas frente a la creciente presión militar de China. El paquete contempla expansión de las capacidades no tripuladas, con más de 40.000 drones de ataque costero, 600 drones de vigilancia y reconocimiento y más de 100 pequeñas embarcaciones suicidas de ataque unidireccional.
El plan también incluye financiación para el sistema de defensa contra misiles balísticos Strong Bow, desarrollado localmente por el Instituto Nacional Chung-Shan de Ciencia y Tecnología. El Gobierno taiwanés pretende destinar 13.000 millones de dólares taiwaneses a siete programas de defensa, mientras que otros 55.900 millones del presupuesto suplementario estarán dirigidos específicamente a las tres categorías de sistemas no tripulados.
Este movimiento responde a un cambio en las prioridades militares de Taipei. En lugar de concentrar todos sus recursos en plataformas convencionales de alto costo, Taiwán busca desplegar grandes cantidades de sistemas relativamente pequeños y distribuidos capaces de operar en distintos dominios. La estrategia contempla drones aéreos, embarcaciones suicidas y sistemas antidrones como parte de una arquitectura de defensa más amplia.
La puesta de Taiwán por los drones y las embarcaciones suicidas también tiene un componente industrial
El ministro de Defensa taiwanés, Wellington Koo, sostuvo que la isla debe combinar capacidades nacionales con la experiencia de países socios. Según el funcionario, la cooperación con Estados Unidos va mucho más allá de las ventas de armas e incluye intercambios, entrenamiento y adaptación de experiencias operativas a las necesidades de Taiwán y a las tácticas empleadas por el Ejército Popular de Liberación de China.
La apuesta por los drones también tiene un componente industrial. Koo explicó que Taiwán pretende utilizar una demanda militar sostenida y de gran escala para incentivar a los fabricantes nacionales a invertir y establecer una cadena de producción integral. El objetivo es reducir la dependencia de proveedores vinculados a China y desarrollar capacidades propias en áreas consideradas críticas para la seguridad nacional.
Una estrategia condicionada por el pulso con China
La decisión llega en un momento de aumento de la actividad militar de China alrededor de Taiwán. Este jueves, el gigante asiático informó que durante agosto realizó un estudio del lecho marino en aguas situadas al este de la isla, mientras la Guardia Costera china llevó a cabo patrullas en la misma zona. Taipei rechazó las actividades y las consideró parte de la presión ejercida por Beijing sobre la isla.
En este sentido, Koo señaló que dichas aguas constituyen rutas marítimas importantes para Japón y Corea del Sur, por lo que una alteración del equilibrio de seguridad en el estrecho podría tener consecuencias para otros actores del Indo-Pacífico. El argumento busca insertar la defensa de Taiwán dentro de una arquitectura de seguridad regional más amplia, en la que Japón, Corea del Sur y Estados Unidos tienen intereses directos.
La dimensión política interna, sin embargo, complica la ejecución de la estrategia. En agosto, el Parlamento taiwanés rechazó la propuesta del Ejecutivo de crear un presupuesto especial de 210.000 millones de dólares taiwaneses para adquirir sistemas no tripulados de producción nacional. En su lugar, aprobó un plan de seis años por 240.000 millones de dólares taiwaneses, equivalente en principio a unos 40.000 millones anuales. El Ministerio de Defensa cuestionó que un límite anual rígido pueda reducir la flexibilidad para adaptar las adquisiciones a la evolución tecnológica y a las necesidades operativas.
Uno de los objetivos del Ejecutivo era concentrar recursos y garantizar pedidos de largo plazo para que las empresas taiwanesas pudieran ampliar su capacidad productiva. El Ministerio de Defensa sostiene que ese mecanismo permitiría acelerar la incorporación de drones y favorecer una industria capaz de producir sistemas a gran escala, mientras que el Parlamento introdujo un esquema de financiación más prolongado y condicionado a aprobaciones presupuestarias.
De los grandes sistemas a una defensa distribuida para las Fuerzas Armadas
La estrategia taiwanesa para la modernización de sus Fuerzas Armadas también incluye el desarrollo de una arquitectura denominada Taiwan Dome, entendida como una defensa multicapa frente a misiles balísticos, aeronaves, fuego de largo alcance y sistemas no tripulados. El Gobierno pretende combinar sistemas estadounidenses con desarrollos nacionales y fusionar los datos procedentes de distintos sensores para asignar a cada amenaza el medio de interceptación más adecuado.
El énfasis en miles de drones y cientos de embarcaciones suicidas responde a una lógica de saturación y dispersión que busca que, en un eventual escenario de conflicto, Taiwán pueda disponer de suficientes plataformas para mantener capacidades de vigilancia y ataque incluso si parte de su infraestructura militar convencional fuera neutralizada.
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