Brasil se convirtió en uno de los principales escenarios de la competencia entre Estados Unidos y China por el control de las cadenas globales de minerales críticos. La disputa se está definiendo incluso antes de que muchos de los proyectos mineros brasileños comiencen a producir, a través de inversiones, adquisiciones y acuerdos que pueden determinar durante años quién tendrá acceso a recursos esenciales para la industria tecnológica y militar.
La disputa es el reflejo de un problema más amplio para Occidente. China mantiene una posición dominante en las etapas más estratégicas de la cadena de suministro de tierras raras, especialmente en la separación, el refinado, la metalurgia y la fabricación de imanes permanentes. Aunque otros países poseen importantes yacimientos, desarrollar una industria capaz de transformar los minerales extraídos en componentes utilizados por sectores tecnológicos y militares requiere inversiones, conocimiento técnico e infraestructura que el gigante asiático construyó durante décadas.
En ese contexto, Brasil aparece como una de las alternativas más importantes fuera de China. El país posee enormes reservas de tierras raras y concentra proyectos capaces de suministrar elementos considerados esenciales para la fabricación de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, sistemas de defensa, electrónica avanzada y centros de datos. Sin embargo, la creciente importancia geológica brasileña también está atrayendo capital extranjero y abriendo un debate sobre quién controlará finalmente la producción y el procesamiento de esos recursos.
La adquisición anunciada de la empresa USA Rare Earth es un ejemplo del avance que busca Estados Unidos
El ejemplo más claro es la adquisición anunciada en abril por la empresa estadounidense USA Rare Earth. La compañía acordó comprar Serra Verde, propietaria de la mina Pela Ema, en el estado brasileño de Goiás, por aproximadamente US$2.800 millones. La operación busca incorporar a la estrategia estadounidense uno de los activos de tierras raras más relevantes fuera de Asia, con capacidad para producir a escala los cuatro principales elementos magnéticos: neodimio, praseodimio, disprosio y terbio.
En este sentido, USA Rare Earth busca construir una cadena integrada que abarque desde la extracción hasta la producción de materiales e imanes, conectando sus activos en Brasil con instalaciones industriales y proyectos en Estados Unidos. El acuerdo incluye además un compromiso de compra a largo plazo para la producción de determinados elementos magnéticos, una señal de cómo los contratos de suministro pueden asegurar el destino estratégico de los minerales mucho antes de que una mina alcance su máxima capacidad productiva.
Esta anticipación se convirtió en una característica central del mercado de minerales críticos. A diferencia de materias primas tradicionales como el carbón o el mineral de hierro, los proyectos de tierras raras suelen requerir acuerdos de financiación y de compra anticipada que determinan quién tendrá acceso a la producción futura. En consecuencia, para cuando una nueva mina comienza a operar comercialmente, buena parte de su producción puede encontrarse ya comprometida con compradores o cadenas de suministro específicas.
En esta competencia, Europa corre el riesgo de perder posiciones estratégicas
Mientras Estados Unidos avanza sobre activos estratégicos, Europa corre el riesgo de perder posiciones en la competencia. La Unión Europea cuenta con una ambiciosa Ley de Materias Primas Críticas, diseñada para reducir la dependencia exterior y acelerar proyectos considerados esenciales para la seguridad económica del bloque. Sin embargo, la brecha entre los objetivos políticos y la capacidad efectiva de movilizar financiación continúa siendo uno de los principales obstáculos para la estrategia europea.
La paradoja es que Estados Unidos y Europa comparten, al menos en teoría, el objetivo común de reducir la dependencia de las cadenas de suministro controladas por China. En abril de 2026, Bruselas y Washington firmaron un Memorando de Entendimiento y lanzaron un plan de acción sobre minerales críticos para cooperar en exploración, extracción, procesamiento, refinado, reciclaje e inversión.
Sin embargo, la competencia económica entre ambos aliados continúa. En junio, la estadounidense Energy Fuels anunció un acuerdo para adquirir por aproximadamente US$1.900 millones a la empresa alemana Vacuumschmelze, conocida como VAC, uno de los principales productores de materiales magnéticos avanzados de Europa. La operación fue presentada como un paso para crear una plataforma integrada “de la mina al imán”, con presencia en América del Norte y Europa.
La expansión estadounidense también incluye inversiones y adquisiciones en otros eslabones de la cadena europea. USA Rare Earth había avanzado previamente sobre la productora británica de metales y aleaciones de tierras raras Less Common Metals y obtuvo una participación en la empresa francesa Carester, especializada en procesamiento. El resultado es una creciente integración de activos industriales europeos dentro de estrategias corporativas estadounidenses destinadas a competir con el predominio chino.
El Gobierno de Lula da Silva comienza a discutir un marco regulatorio para los minerales críticos
Para Brasil, la rivalidad internacional es una oportunidad económica, pero también un desafío estratégico. La explotación de tierras raras puede atraer inversiones multimillonarias y convertir al país en un proveedor fundamental para las cadenas tecnológicas occidentales. No obstante, la ausencia de suficiente capacidad nacional de refinado y fabricación de componentes plantea el riesgo de que Brasil repita un modelo histórico: exportar materia prima mientras las etapas de mayor valor agregado se desarrollan en el exterior.
Es por ello que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva impulsó la discusión sobre un marco regulatorio para los minerales críticos y busca garantizar que la expansión de la inversión extranjera no implique una pérdida total del control nacional sobre recursos. La cuestión adquiere especial importancia ante el avance simultáneo de capital estadounidense, australiano y de otros actores internacionales sobre proyectos brasileños.
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