Al presentar una serie de nuevas medidas, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, advirtió que cualquier país que conserve vínculos financieros con Irán quedará aislado. La misma consecuencia alcanzaría a los bancos y empresas que mantengan operaciones con el país si se niegan a cortar esos lazos.
Las nuevas disposiciones llegan luego de los sucesivos cambios de estrategia y las extensiones de los plazos establecidos por la Casa Blanca en sus intentos por poner fin al conflicto. Bessent calificó estas acciones como “la mayor ofensiva financiera jamás emprendida” contra Irán y aseguró que su objetivo es “cerrar el cerco” y eliminar todas las posibles fuentes de ingresos del país.
¿Por qué D-Day económico?
El nombre “D-Day económico” es una elección deliberada de la administración Trump que busca asociar la ofensiva de sanciones con el Día D del desembarco de Normandía de 1944, la operación militar aliada más grande de la Segunda Guerra Mundial contra la Alemania nazi. Al tomar prestado ese nombre, el gobierno estadounidense intenta transmitir que no se trata de una medida aislada más, sino de un ataque masivo, coordinado y decisivo, pensado como el golpe que definiría el rumbo del conflicto con Irán. Se trata, en definitiva, de un recurso retórico que traslada la lógica de una invasión militar al terreno financiero, para que la medida se perciba como algo excepcional y contundente y no como un paquete más de sanciones económicas.
“Quedar fuera del sistema dolar”
Esto significa perder el acceso a la infraestructura financiera que usa el dólar estadounidense como moneda de referencia para el comercio y las transacciones internacionales. En la práctica, esto ocurre porque casi todas las operaciones en dólares, aunque se realicen entre dos países que no son Estados Unidos, en algún momento pasan por un banco estadounidense o por su sistema de compensación; si una entidad queda sancionada, esos bancos dejan de procesar transacciones.
Como el dólar es la moneda dominante del comercio mundial (desde el petróleo hasta gran parte de las operaciones entre empresas de distintos países), no poder operar en dólares deja a un banco o una empresa prácticamente aislado, sin poder cobrar ni pagar importaciones o exportaciones de forma normal con la mayoría de sus socios comerciales. Lo más agresivo del mecanismo es que no hace falta que Estados Unidos sancione directamente a una empresa china o turca: alcanza con que esa empresa haga negocios con una entidad iraní sancionada para quedar expuesta a perder su propio acceso al dólar, lo que genera un efecto contagio que empuja a los bancos internacionales a cortar relación con Irán por las dudas.
¿Cuáles son las repercusiones a nivel mundial?
Las consecuencias de esta advertencia comenzaron a aparecer prácticamente de inmediato y en distintos ámbitos. En primer lugar, el propio gobierno estadounidense moderó su postura apenas 24 horas después del anuncio. Bessent dio a entender que se trataba más de una “señal de advertencia” que de una medida definitiva y admitió que implementar las sanciones de manera inmediata y sin previo aviso “podría poner en riesgo el sistema financiero mundial”. Esto despertó dudas entre los mercados, especialmente porque Trump ya había amenazado anteriormente con imponer sanciones secundarias a los países que compraran petróleo iraní, aunque finalmente nunca llegó a concretarlas.
El principal desafío del plan es el riesgo de un enfrentamiento con China, que concentra cerca del 90% de las compras de petróleo iraní. Sancionar a compañías chinas podría provocar una respuesta de Beijing, profundizar la incertidumbre sobre la economía mundial y deteriorar las relaciones entre ambos países pocas semanas antes de la cumbre prevista entre Trump y Xi Jinping en septiembre. Al mismo tiempo, dejar a China fuera de las medidas reduciría considerablemente su efectividad, ya que el gigante asiático constituye el principal vínculo de Irán con la economía internacional. Las consecuencias también podrían repercutir dentro de Estados Unidos, donde un eventual aumento de los precios de la energía podría trasladarse a los consumidores.
Bessent explicó además que buena parte de las empresas intermediarias que colaboran con Irán para eludir las sanciones tienen operaciones en Emiratos Árabes Unidos, Hong Kong, China, Singapur, Suiza y distintos países europeos. En este contexto, anticipó que Washington analiza retirar las autorizaciones que permiten el envío de remesas hacia Irán. Mientras el secretario del Tesoro presentaba las nuevas medidas, Trump mantenía conversaciones telefónicas con distintos líderes internacionales para explicarles el alcance de la iniciativa y solicitarles que interrumpieran sus relaciones económicas con Teherán.
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