La Armada de EE.UU. prepara al portaaviones USS Theodore Roosevelt (CVN-71) y a su grupo de ataque para un despliegue de más de siete meses en Medio Oriente, frente a la guerra con Irán. La partida desde San Diego está prevista para las próximas semanas y el grupo tiene como misión relevar al USS George Washington (CVN-73), actualmente desplegado en el área de operaciones de la Quinta Flota estadounidense.
PACIFIC OCEAN (Jan. 25, 2020) The Theodore Roosevelt Carrier Strike Group transits in formation, Jan. 25, 2020. The Theodore Roosevelt Carrier Strike Group is on a scheduled deployment to the Indo-Pacific. (U.S. Navy photo by Mass Communication Specialist Seaman Dylan Lavin/Released)
En este sentido, el despliegue incluirá al Theodore Roosevelt, sus buques escolta y el Carrier Air Wing 11. Según John Perryman, suboficial mayor de la Armada, los marineros ya están siendo preparados para una ausencia superior a los siete meses y el comandante del portaaviones les está dando un horizonte de planificación de hasta ocho meses.
La Armadas de EE.UU. se prepara para un despliegue prolongado
Mientras que por su parte, el jefe de Operaciones Navales, almirante Daryl Caudle, reconoció que los despliegues prolongados están generando una presión sobre el personal. “Si sabemos que vamos a estar en peligro, deberíamos poder proyectar con mayor exactitud cuánto tiempo permanecerán el portaaviones y el grupo de ataque en la zona”, sostuvo.
Esta situación se inscribe en una tendencia de despliegues navales excepcionalmente extensos. El USS Gerald R. Ford regresó en mayo después de una misión récord de 326 días, mientras que el USS Abraham Lincoln se encuentra próximo a completar un despliegue de más de 300 días, que podría convertirse en el segundo más largo de la Armada desde el final de la Guerra Fría. Desde el ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023 y la posterior amenaza de los hutíes contra el tráfico comercial en la región, los despliegues de grupos de ataque de portaaviones estadounidenses promedian alrededor de 8,5 meses, según la base de datos de USNI News.
La experiencia del Abraham Lincoln se convirtió además en una referencia para la planificación del próximo despliegue. El portaaviones permaneció casi siete meses desplegado en Medio Oriente y pasó aproximadamente ocho meses y medio sin realizar una escala portuaria, una situación que incrementó el desgaste de la tripulación. En contraste, el despliegue del Gerald R. Ford, aunque alcanzó 326 días, incluyó varias escalas en el Caribe y el Mediterráneo que permitieron a sus marineros descansar y reorganizarse. “No se trata de las operaciones en sí”, explicó Caudle, sino de la posibilidad de realizar escalas y “resetear” la tripulación.
Una presencia naval que se mantiene desde el inicio de la guerra
El relevo del Theodore Roosevelt forma parte de una arquitectura naval que EE.UU. sostiene desde el comienzo de la Operación Epic Fury, lanzada el 28 de febrero de 2026. Según el Comando Central estadounidense, la operación comenzó a la 1:15 de la madrugada de ese día y tuvo como objetivo instalaciones de mando y control, defensas aéreas, sitios de misiles, aeródromos y otros activos militares iraníes.
Durante los primeros meses de la guerra, Washington llegó a mantener simultáneamente dos grupos de ataque de portaaviones en el Mar Arábigo. El USS Abraham Lincoln y el USS George H.W. Bush fueron empleados para sostener las operaciones estadounidenses, mientras que otros buques apoyaron las tareas de defensa aérea, logística y control marítimo. Con la salida del Lincoln de Medio Oriente y la llegada del George Washington, la Armada busca mantener una presencia de portaaviones sin interrupciones en el teatro de operaciones.
El componente logístico representa uno de los principales desafíos. La Armada de EE.UU. tuvo que desarrollar una cadena de abastecimiento capaz de mantener a dos grupos de ataque desplegados en el Mar Arábigo, con suministros procedentes de Diego García, Singapur, Japón, Filipinas y Estados Unidos. La dificultad para utilizar determinados centros logísticos regionales obligó a los buques de apoyo a recorrer miles de kilómetros para transportar combustible, alimentos, repuestos y otros materiales necesarios para mantener las operaciones.
Para reducir el impacto sobre las tripulaciones, Caudle señaló que la Armada está trabajando con el comandante de la Quinta Flota, vicealmirante Curt Renshaw, para identificar posibles escalas en puertos de África, India e incluso Singapur. El objetivo es introducir períodos de descanso y recuperación dentro de despliegues que, por las exigencias de la guerra, ya no responden a los ciclos tradicionales de siete meses.
El costo es la dificultad de mantener dos frentes estratégicos
El problema para EE.UU. es que la prolongación del conflicto con Irán también está obligando a la Armada a afrontar costos que no estaban contemplados en el presupuesto original del año fiscal 2026. Caudle explicó ante el Congreso que las operaciones de Epic Fury están generando gastos adicionales en combustible, municiones, horas de operación, mantenimiento y personal, y que será necesaria financiación suplementaria para sostener el esfuerzo bélico.
Esta presión presupuestaria coincide con otro desafío estratégico, y es que EE.UU. pretende mantener e incluso ampliar su presencia en el Pacífico Occidental frente a China. La Armada debe, por lo tanto, distribuir sus recursos entre un conflicto activo en Medio Oriente y un teatro Indo-Pacífico considerado central para la competencia estratégica con Beijing.
El propio Caudle resumió el dilema al señalar que el Pacífico, debido a su extensión geográfica, “requiere matemáticamente más fuerza”. En otras palabras, cuanto más tiempo permanezcan los portaaviones estadounidenses comprometidos en Medio Oriente, mayor será la presión sobre la capacidad de la Armada para sostener simultáneamente su postura de disuasión en Asia.
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