El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú y mantuvo reuniones con funcionarios de los servicios de inteligencia rusos, mientras Ucrania aceptó un pedido de Estados Unidos para suspender temporalmente sus ataques con drones y misiles contra la capital rusa durante la permanencia del funcionario estadounidense. El Kremlin confirmó este 26 de agosto los contactos y señaló que el presidente Vladímir Putin fue informado inmediatamente sobre sus resultados, aunque Ratcliffe no mantuvo una reunión personal con el mandatario ruso. Horas después de que el jefe de la CIA abandonara el país, los ataques ucranianos sobre Moscú se reanudaron.

La confirmación resuelve la incógnita abierta un día antes, cuando Escenario Mundial informó que un C-17 Globemaster III de la Fuerza Aérea de EE.UU. había aterrizado de manera inusual en Moscú después de volar desde Riga. En aquel momento, el Kremlin decía desconocer públicamente la misión y las agencias estadounidenses evitaban realizar comentarios. La novedad ahora es que el vuelo transportaba al máximo responsable de la CIA para mantener un canal directo con sus contrapartes rusas.
Pero el segundo dato convierte la visita en algo más que un contacto entre servicios de inteligencia. Un funcionario ucraniano confirmó que Kiev aceptó una solicitud estadounidense para no lanzar drones ni misiles contra Moscú mientras Ratcliffe permaneciera allí. No se informó que la pausa se extendiera a todos los ataques ucranianos contra territorio ruso ni que formara parte de un alto el fuego más amplio.
Ratcliffe se reunió con la inteligencia rusa, pero no con Putin
El Kremlin confirmó que Ratcliffe estuvo el martes en Moscú y sostuvo conversaciones con representantes de los servicios de inteligencia rusos.
El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, no reveló públicamente quiénes participaron del lado ruso ni cuál fue la agenda concreta de las reuniones. Tampoco confirmó avances diplomáticos específicos derivados del encuentro.
Sí precisó que Ratcliffe no se reunió personalmente con Putin, pero que el presidente ruso recibió rápidamente información sobre los resultados de los contactos mantenidos por el director de la CIA.

Se trata de la primera visita conocida de un jefe de la inteligencia estadounidense a Rusia desde 2021, cuando el entonces director de la CIA William Burns viajó a Moscú y mantuvo contactos con las autoridades rusas en un escenario previo a la invasión a gran escala de Ucrania.
Peskov presentó los contactos entre servicios como mecanismos que pueden continuar funcionando incluso cuando las relaciones políticas entre ambos gobiernos atraviesan períodos de fuerte deterioro. Sin embargo, advirtió que todavía sería prematuro interpretar la visita como una señal de una mejora sustancial de los vínculos entre Washington y Moscú.
Ucrania aceptó no atacar Moscú mientras el jefe de la CIA permanecía en la ciudad
La dimensión operativa de la visita apareció a través de Ucrania.
Según el funcionario ucraniano citado, Estados Unidos pidió específicamente que Kiev evitara ataques con drones o misiles contra Moscú durante la estancia de Ratcliffe. Ucrania aceptó la solicitud.
El pedido resulta particularmente relevante por el contexto. Las fuerzas ucranianas intensificaron durante agosto sus operaciones de largo alcance contra Rusia, incluyendo sucesivas oleadas de drones dirigidas hacia Moscú, instalaciones logísticas, refinerías y otros objetivos situados a cientos de kilómetros de la frontera.
La suspensión temporal buscó, de acuerdo con la información disponible, evitar riesgos durante una misión estadounidense desarrollada directamente dentro de la capital rusa. No hay indicios públicos de que Washington haya pedido a Ucrania detener de manera generalizada sus operaciones dentro de Rusia.
La secuencia temporal refuerza ese carácter limitado.
El C-17 que transportó a Ratcliffe aterrizó el martes por la mañana en Vnukovo, uno de los cuatro aeropuertos internacionales de Moscú. Los datos de seguimiento aéreo mostraron que la aeronave había partido originalmente de Joint Base Andrews, en Maryland, y posteriormente realizó una escala en Riga antes de ingresar a Rusia.
Horas después de finalizar las reuniones, el aparato volvió a despegar.
Diez drones fueron interceptados camino a Moscú después de la salida de Ratcliffe
La pausa terminó prácticamente junto con la visita.
Durante la madrugada del miércoles, el alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informó que las defensas rusas habían derribado al menos diez drones que se dirigían hacia la capital.
Las autoridades rusas aplicaron además restricciones temporales sobre las operaciones de los aeropuertos de Vnukovo, Domodédovo y Zhukovsky, junto con otras terminales aéreas del país.

El Ministerio de Defensa ruso aseguró que durante toda la noche fueron interceptados 426 drones ucranianos sobre 15 regiones de Rusia y Crimea. Esa cifra corresponde a la versión oficial rusa y no pudo ser verificada de manera independiente.
Los ataques alcanzaron también objetivos alejados de Moscú. Un centro logístico de la compañía Wildberries sufrió un incendio de más de 100.000 metros cuadrados en Kotovsk, en la región de Tambov, mientras medios rusos reportaron otra ofensiva contra una importante refinería en la región de Nizhni Nóvgorod.
La reanudación inmediata de las operaciones muestra que el compromiso solicitado por Washington estuvo vinculado específicamente con la seguridad de la visita y no con una interrupción más amplia de la campaña ucraniana de largo alcance.
EE.UU. abrió un canal de inteligencia con Moscú mientras mantiene su coordinación con Kiev
El episodio muestra dos mecanismos funcionando simultáneamente.
Por un lado, Washington abrió un contacto directo de alto nivel entre la CIA y los servicios de inteligencia rusos en un momento en que las relaciones diplomáticas siguen profundamente deterioradas y las negociaciones relacionadas con Ucrania permanecen estancadas.
Por otro, Estados Unidos mantuvo suficiente coordinación operacional con Kiev como para solicitar una modificación temporal de sus ataques durante una misión particularmente sensible en territorio ruso.
La CIA no reveló públicamente el contenido de las conversaciones y tampoco existe información que permita afirmar que la visita haya generado un acuerdo sobre Ucrania. El Kremlin igualmente evitó proporcionar detalles sobre los temas abordados.
Eso obliga a mantener separadas dos cosas: el contacto está confirmado; su contenido permanece reservado.
La importancia del episodio está precisamente en el nivel elegido para mantenerlo. Ratcliffe no es un enviado diplomático convencional: como director de la CIA dirige las relaciones de enlace de la principal agencia estadounidense de inteligencia exterior y ocupa una posición central dentro del aparato de seguridad nacional de Washington.
Por eso, lo que ayer aparecía como el misterioso aterrizaje de un C-17 estadounidense en Moscú tiene ahora una explicación mucho más concreta. Estados Unidos trasladó directamente a su jefe de inteligencia para reunirse con sus contrapartes rusas y coordinó temporalmente con Ucrania para evitar ataques sobre la ciudad durante su presencia.
La reanudación de los drones pocas horas después deja también claro el límite del episodio: el canal entre Washington y Moscú se abrió sin que eso significara una pausa en la guerra. Lo nuevo es que, incluso mientras Rusia y Ucrania continúan intercambiando ataques de largo alcance, Estados Unidos demostró que todavía puede activar comunicaciones directas con los servicios rusos y coordinar con Kiev las condiciones necesarias para mantenerlas.
Te puede interesar: Reino Unido libera tecnología clasificada para fabricar misiles SCALP en Ucrania mientras Rusia busca localizar sus futuras plantas de producción













