Filipinas y China avanzan en conversaciones para una posible exploración conjunta de petróleo y gas en el Mar de China Meridional, mientras Beijing amplía su infraestructura y presencia estratégica en las aguas disputadas. El presidente filipino, Ferdinand Marcos Jr., afirmó que las negociaciones avanzaron y que existe una “posibilidad concreta” de alcanzar un acuerdo antes de finalizar su mandato en 2028. Para Manila, la cooperación energética responde también a la necesidad de reforzar la seguridad de sus suministros.
En paralelo, China completa la primera fase de construcción en el Arrecife Antelope, un arrecife situado en el archipiélago de las Paracel. Imágenes satelitales muestran una superficie artificial de casi seis kilómetros de longitud, un puerto de aguas profundas con un muelle de aproximadamente 680 metros y nuevas construcciones, incluido un helipuerto. También se detectaron indicios de trabajos que podrían estar vinculados con una futura pista de aterrizaje.
China no confirmó que Antelope vaya a convertirse en una instalación militar
Según medios estatales sostienen que las obras responden a necesidades civiles, como la investigación científica y el pronóstico meteorológico. Sin embargo, especialistas en seguridad regional consideran que la nueva infraestructura podría fortalecer la capacidad china para vigilar y controlar el norte del Mar de China Meridional. Ben Lewis, fundador de PLATracker, señaló que la ubicación sería relevante ante un eventual escenario de conflicto en torno a Taiwán.
De este modo, la presencia china también se refleja en el denominado Mar de Filipinas Occidental, nombre utilizado por Manila para las zonas del Mar de China Meridional sobre las que reclama derechos marítimos. Según las Fuerzas Armadas filipinas, durante el primer semestre de 2026 fueron monitoreados 77 buques diferentes de la Guardia Costera China, frente a 68 durante el mismo período de 2025. En contraste, los buques de la Armada china observados disminuyeron de 100 a 78 y las embarcaciones de la milicia marítima pasaron de 999 a 850.
Al mismo tiempo, Filipinas detectó 44 buques de investigación y prospección durante los primeros seis meses del año, frente a 33 en el mismo período de 2025. Para las autoridades filipinas, estos movimientos sugieren una mayor presencia china vinculada con la vigilancia y la aplicación de sus reivindicaciones marítimas. El cambio también muestra que la competencia regional no se desarrolla únicamente mediante buques militares, sino a través de la Guardia Costera y embarcaciones dedicadas a investigación.
La energía como eje de la potencial cooperación entre China y Filipinas
En este escenario, la energía constituye uno de los principales espacios de cooperación potencial entre Beijing y Manila. Ambos países llevan años negociando la posibilidad de desarrollar conjuntamente recursos offshore, pero anteriores iniciativas quedaron paralizadas por desacuerdos sobre soberanía, jurisdicción y participación. Marcos sostuvo que cualquier eventual acuerdo deberá ajustarse a la Constitución y las leyes filipinas y preservar los derechos de Manila sobre sus recursos marítimos.
El trasfondo jurídico continúa siendo central. China reivindica grandes áreas del Mar de China Meridional mediante la denominada “línea de nueve trazos”, mientras Filipinas sostiene sus derechos sobre los recursos dentro de su zona económica exclusiva. En 2016, un tribunal arbitral constituido bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar rechazó las bases jurídicas de las reivindicaciones históricas chinas que excedieran los derechos marítimos establecidos por la Convención. Beijing rechazó el fallo y mantiene sus reclamaciones.
El paralelismo entre los intereses de ambos paises
Para Manila, el desafío consiste en separar la cooperación económica de la competencia estratégica. Filipinas necesita ampliar sus fuentes de energía y considera que una eventual explotación conjunta podría contribuir a reducir su vulnerabilidad externa. Al mismo tiempo, mantiene sus vínculos de seguridad con Estados Unidos y continúa monitoreando las actividades de los buques chinos en las zonas marítimas disputadas.
Para Beijing, una eventual cooperación energética permitiría mantener abierto el diálogo con Filipinas mientras consolida su presencia estratégica. La construcción de Antelope podría reforzar la capacidad china de vigilancia sobre Estados Unidos y sus aliados y adquirir importancia en un eventual conflicto con Taiwán. Así, la relación bilateral queda atravesada por una paradoja: Manila busca cooperación energética con Beijing mientras observa cómo China incrementa su infraestructura y presencia en las mismas aguas donde se disputan esos recursos.
