Más de 750 militares de las Fuerzas Armadsa de EE.UU. resultaron heridos desde el inicio de la guerra contra Irán, según los datos actualizados por el Departamento de Defensa estadounidense. De acuerdo al registro oficial del Pentágono, se contabiliza un total de 757 militares heridos y 18 fallecidos desde el comienzo de las operaciones el 28 de febrero de 2026.
Del total de heridos, más de 580 pertenecen al Ejército de EE.UU., mientras que otros 86 corresponden a la Armada, 64 a la Fuerzas Aéreas y 19 al Cuerpo de Marines. El Pentágono y el Comando Central estadounidense, sin embargo, proporcionaron pocos detalles sobre las circunstancias concretas en las que se produjeron las lesiones o sobre la magnitud de los daños sufridos por las instalaciones militares estadounidenses desplegadas en Medio Oriente.
Con la guerra en Irán, el Pentágono tuvo que modificar su sistema de contabilización
La actualización de las cifras se produjo después de que el Pentágono modificara el sistema con el que contabiliza las bajas. A finales de julio, el Departamento de Defensa incorporó la categoría “Overseas Operations” a su Defense Casualty Analysis System (DCAS), destinada a registrar bajas producidas a partir del 7 de julio, mientras que otras permanecieron asociadas a Operation Epic Fury. La decisión generó cuestionamientos porque algunas muertes y decenas de heridos habían sido inicialmente retirados de la categoría correspondiente a Irán antes de ser incorporados bajo la nueva clasificación. El Pentágono atribuyó el cambio a una reorganización administrativa de los registros.
La cifra de 757 heridos debe interpretarse, por lo tanto, como el resultado de combinar las bajas registradas en ambas categorías, y no como una cifra que haya permanecido inalterada desde el comienzo del conflicto. El último incremento incorporó más de 50 nuevos casos al registro oficial, en momentos en que las negociaciones entre EE.UU. e Irán continúan sin alcanzar un acuerdo definitivo.
La magnitud del despliegue estadounidense permite dimensionar el escenario en el que se produjeron estas bajas. Operation Epic Fury comenzó el 28 de febrero y CENTCOM desplegó una amplia combinación de bombarderos, cazas, buques de guerra, submarinos, sistemas Patriot y THAAD, drones y misiles. En los primeros 29 días, el Pentágono informó más de 11.000 vuelos de combate y más de 11.000 objetivos alcanzados, mientras que también fueron utilizados sistemas de defensa antimisiles para proteger las fuerzas estadounidenses en la región.
Daños materiales y consumo de reservas militares para las Fuerzas Armadas de EE.UU.
El impacto sobre las Fuerzas de EE.UU. no se limita al número de heridos. La guerra también produjo pérdidas y daños materiales y obligó al Pentágono a acelerar la reposición de armamento. En abril, el Departamento de Defensa estimaba en unos 25.000 millones de dólares el costo de Operation Epic Fury, con la mayor parte destinada a municiones. Para julio, el secretario de Defensa Pete Hegseth había elevado la cifra a 37.500 millones de dólares y solicitado otros 67.100 millones en fondos suplementarios para afrontar los costos de la guerra y reponer capacidades militares.
A esto se suma que las Fuerzas Armadas de EE.UU. habrían consumido casi todas sus reservas de misiles ATACMS y PrSM en la guerra con Irán. El Ejército estadounidense habría consumido y agotado una significativa parte de su reserva de misiles de largo alcance de alta precisión, en el marco de la guerra con Irán, que ya lleva cinco meses, según revelan diversos reportes.
Las municiones de largo alcance constituyen una importante parte dentro del arsenal militar estadounidense, ya que permiten la ejecución de ataques precisos desde una distancia segura. Según fuentes familiarizadas con el asunto, los Sistemas de Misiles Tácticos del Ejército (ATACMS) y los Misiles de Ataque de Precisión (PrSM) de Estados Unidos, que son armas tierra-tierra del Ejército, habrían sido prácticamente utilizados en su totalidad.
El impacto económico para EE.UU. es aún mayor
Las estimaciones externas también muestran la dimensión económica de la campaña. El Center for Strategic and International Studies (CSIS) calculó que el costo adicional de la guerra para el Departamento de Defensa podía alcanzar aproximadamente 40.000 millones de dólares, contemplando municiones, despliegues y redistribución de fuerzas, daños en equipamiento, infraestructura militar y mayores costos de combustible. El cálculo excluye buena parte de los efectos económicos indirectos y los costos que recaerán sobre otras agencias federales.
El impacto financiero adquiere todavía mayor relevancia por el estado de las cuentas públicas estadounidenses. El 19 de agosto, la deuda nacional de EE.UU. superó por primera vez los 40 billones de dólares, apenas cinco meses después de alcanzar los 39 billones y diez meses después de superar los 38 billones. Associated Press señaló que el gasto en defensa, los programas sociales y los intereses asociados al creciente endeudamiento representan una parte sustancial del gasto federal.
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