La Real Armada británica desconectó de Internet las cámaras de sus drones navales K3 Scout tras detectar comunicaciones con China

Vehículos de superficie no tripulados de la Real Armada británica. Créditos: Kraken Technology.

Vehículos de superficie no tripulados de la Real Armada británica. Créditos: Kraken Technology.

La Real Armada británica desconectó de Internet las cámaras instaladas en sus nuevos vehículos de superficie no tripulados K3 Scout después de que una evaluación de ciberseguridad detectara que uno de sus componentes realizaba comunicaciones automáticas con una dirección IP ubicada en China. Los sistemas forman parte de una flota de 20 drones navales adquiridos por £12,3 millones bajo el Project Beehive, aunque el Ministerio de Defensa del Reino Unido aseguró que no encontró evidencia de que imágenes, audio, datos de ubicación, información operacional o sistemas sensibles hayan sido comprometidos o transmitidos al exterior.

Un K3 Scout, equipado con la cámara espía, en uno de los puertos británicos. (Kraken Technology)

El problema fue identificado durante una evaluación rutinaria de vulnerabilidades cibernéticas sobre un subsistema de los K3 Scout suministrados por la empresa británica Kraken Technology Group. Según confirmó el Ministerio de Defensa al Wall Street Journal, la señal procedía de un componente integrado en las cámaras utilizadas por las embarcaciones. La investigación posterior llevó a eliminar su conectividad externa como medida preventiva.

Las comunicaciones detectadas fueron descriptas como “heartbeat communications”, mensajes automáticos utilizados por dispositivos conectados para confirmar periódicamente que permanecen encendidos y operativos. El Ministerio de Defensa sostuvo que su investigación no encontró pruebas de que esos mensajes incluyeran fotografías, sonido, posición geográfica o información militar, y negó que datos o redes gubernamentales hayan sido accedidos o comprometidos.

Kraken Technology también reconoció que algunas cámaras suministradas por terceros incorporaban un reducido número de componentes procedentes del exterior del Reino Unido. La compañía afirmó que, tras una auditoría realizada junto con la Real Armada británica, las posibles vulnerabilidades fueron identificadas y cerradas y que no existe evidencia de que información sensible haya salido de los canales previstos.

El incidente afecta a una flota de 20 K3 Scout adquirida por £12,3 millones

El hallazgo adquiere mayor relevancia por el papel que Londres reservó a los K3 Scout dentro de la transformación de la Real Armada británica hacia una denominada “flota híbrida”, en la que buques tradicionales deben operar de manera integrada con sistemas autónomos y vehículos no tripulados.

En marzo de 2026, la propia fuerza confirmó la compra de 20 embarcaciones no tripuladas a Kraken Technology Group por £12,3 millones. Las unidades están destinadas al Coastal Forces Squadron y al 47 Commando Royal Marines, que las utilizarán en operaciones, entrenamiento y actividades de desarrollo tecnológico.

Cinco barcos no tripulados, pilotados de forma remota desde 500 millas de distancia, rodearon al HMS Tyne en una demostración de cómo la Royal Navy podría utilizar esta tecnología en operaciones. Foto: LPhot Daniel Bladen

Escenario Mundial ya había informado que el Project Beehive constituye uno de los principales programas británicos para acelerar la integración de vehículos de superficie no tripulados con la flota convencional. El concepto busca utilizar estas plataformas como bancos de prueba para nuevos sensores, software, comunicaciones y módulos de misión que puedan incorporarse rápidamente según las necesidades operacionales.

La Real Armada británica define a Beehive como una capacidad destinada tanto a experimentar con tecnologías de la futura flota híbrida como a aportar una capacidad operacional inmediata. El programa utiliza una arquitectura abierta que permite incorporar nuevos equipos y emplear los drones de superficie junto con buques tripulados y otros sistemas autónomos.

Los K3 Scout ya fueron probados para vigilancia, protección y ataques de precisión

Los K3 Scout no están concebidos únicamente como plataformas experimentales. La Real Armada británica señala que pueden emplearse para vigilancia marítima, protección de fuerzas y ataques de precisión, entre otras tareas, y viene ensayando diferentes formas de desplegarlos rápidamente en zonas alejadas o potencialmente disputadas.

En julio, uno de estos vehículos fue lanzado en paracaídas desde un avión de transporte militar A400M Atlas a unos 1.300 pies de altura sobre el Mar del Norte, durante una serie de cuatro pruebas realizadas en seis días. El objetivo fue demostrar que un K3 Scout puede ser transportado por aire, lanzado directamente al mar y comenzar posteriormente una misión sin necesidad de depender de un puerto cercano o de un buque nodriza.

La incorporación de estos sistemas forma parte de una transformación más amplia que Escenario Mundial viene siguiendo dentro de la modernización de las Fuerzas Armadas británicas, con una apuesta creciente por plataformas autónomas, sensores distribuidos y redes capaces de conectar medios tripulados y no tripulados.

La dependencia de componentes chinos abre un problema para las cadenas militares occidentales

Más allá de que Londres niega una filtración de datos sensibles, el episodio expone un problema distinto: la dificultad para garantizar el origen y comportamiento de todos los componentes electrónicos que integran plataformas militares cada vez más dependientes de sensores, cámaras, enlaces de datos y software comercial.

China ocupa una posición central en la producción mundial de componentes utilizados por la industria de drones, incluidos motores eléctricos, cámaras, antenas y baterías. El Wall Street Journal señala que empresas de defensa de Estados Unidos y Europa llevan años intentando reducir esa dependencia, pero rastrear el origen de piezas pequeñas ubicadas en niveles inferiores de una cadena de proveedores continúa siendo complejo.

El caso de los K3 Scout resulta especialmente significativo porque estos sistemas fueron adquiridos precisamente para ampliar la capacidad de la Real Armada británica de operar plataformas autónomas conectadas dentro de una red digital de combate. Cuanto mayor sea esa dependencia de sensores y comunicaciones distribuidas, mayor será también la importancia de garantizar que cada componente utilizado dentro de la cadena pueda ser auditado y controlado.

Por ahora, el Ministerio de Defensa británico sostiene que sus mecanismos de evaluación funcionaron como estaban previstos: detectaron la vulnerabilidad antes de que existiera evidencia de una pérdida de información sensible. Sin embargo, que un componente instalado en una nueva generación de drones militares británicos estableciera comunicaciones automáticas con una dirección en China introduce un problema que excede a una cámara individual: la seguridad de la futura flota híbrida dependerá tanto de los buques y drones que Londres pueda desplegar como de la capacidad para controlar cada elemento electrónico incorporado a ellos.

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