La competencia estratégica entre Estados Unidos y China por el control de la infraestructura de datos ha colocado a Chile en una posición geográfica y tecnológica privilegiada, perfilándolo como la principal puerta digital de Sudamérica hacia el Asia-Pacífico. Esta transformación se articula a través de dos proyectos en disputa que reflejan la tensión entre la diplomacia pública de cooperación y el desacople tecnológico silencioso.
El Cable Humboldt
El proyecto Humboldt, una alianza público-privada entre el Estado chileno (a través de Desarrollo País) y Google, es la pieza clave para la integración digital de la región. En detalle, unirá Valparaíso con Sídney (Australia) a lo largo de 14.800 kilómetros, conectando por primera vez de forma directa a Sudamérica con Oceanía y el Asia-Pacífico.
A diferencia de otros proyectos, el cable Humboldt “no incomoda” a la administración Trump. Al respecto, el embajador Brandon Judd lo ha calificado como un modelo que fortalece la soberanía nacional al ser una sociedad transparente con una empresa de “primer nivel”. Finalmente, se espera que esté operativo en 2028, fomentando el desarrollo de data centers en Chile y aumentando la resiliencia de las telecomunicaciones regionales.
Paralelamente, un consorcio de empresas chinas (China Mobile, HMN Technologies y Hengton Optic-Electric) propuso un tendido que uniría Valparaíso con Hong Kong. En respuesta, el Departamento de Estado de los EE.UU., bajo la dirección de Marco Rubio, considera que este proyecto socava la “seguridad regional”. Así, como medida de presión, EE. UU. revocó las visas de altos funcionarios chilenos que participaron en la aprobación inicial de este tendido.
En cuanto a Chile, el gobierno de Gabriel Boric dejó el proyecto chino en pausa tras anular administrativamente la concesión 48 horas después de haberla otorgado, por lo que la decisión final sobre este cable recaerá ahora en la administración de José Antonio Kast.
La relevancia de esta competencia radica en que más del 95% de los datos internacionales circulan por cables submarinos, convirtiéndolos en activos estratégicos para la soberanía de datos y la seguridad de la información. Actualmente, Chile depende de conexiones que se dirigen mayoritariamente al hemisferio norte, el cable Humboldt permitiría una salida directa al Asia, otorgando una independencia digital inédita.
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