La administración británica en Malvinas abre una consulta para desarrollar una industria de salmonicultura a gran escala en las islas

Salmonería en Chile. Crédito: archivo

Salmonería en Chile. Crédito: archivo

La administración británica de las Islas Malvinas puso en marcha una consulta pública destinada a definir si habilitará una industria de salmonicultura marítima a gran escala en el archipiélago, una actividad que podría sumar un nuevo frente de explotación económica de los recursos naturales de las islas. El proceso contempla desde mantener la prohibición actual hasta permitir una producción comercial condicionada por la capacidad ambiental de las zonas seleccionadas.

Imagen de Puerto Argentino. Crédito: Alejo Sanchez Piccat / Escenario Mundial

La consulta permanecerá abierta hasta el 30 de octubre y sus resultados serán elevados al Consejo Ejecutivo de las islas para adoptar una decisión sobre el futuro de la actividad. Entre las alternativas consideradas aparecen cuatro modelos: prohibir completamente la salmonicultura, habilitarla hasta alcanzar la capacidad ambiental máxima, permitirla con límites considerablemente inferiores o autorizar únicamente producciones de nicho bajo estándares específicos.

La magnitud potencial de la industria queda reflejada en uno de los proyectos utilizados como referencia durante el proceso. La propuesta presentada por Unity Marine plantea alcanzar una producción anual de 50.000 toneladas de salmón, distribuida inicialmente entre 16 sitios alrededor de la Isla Soledad, cada uno equipado con diez jaulas y una barcaza de alimentación. El esquema contempla además embarcaciones de trabajo, un well boat, un buque de abastecimiento e instalaciones logísticas en distintos puntos de las islas. Las autoridades aclararon que el proyecto no se encuentra aprobado y funciona como referencia del tipo de desarrollo que podría avanzar en caso de habilitarse la actividad.

Malvinas busca sumar otra industria basada en la explotación de recursos naturales

El desarrollo de la salmonicultura podría representar una nueva fuente significativa de ingresos para la economía de las islas. Uno de los estudios incorporados al proceso estima que una industria de aproximadamente 30.000 toneladas anuales podría sumar entre 30 y 35 millones de libras por año al producto del archipiélago y generar ingresos adicionales para la administración mediante impuestos, licencias y regalías. También podría crear más de un centenar de puestos de trabajo directos.

La búsqueda de nuevas actividades productivas responde al mismo tiempo a la elevada dependencia de la economía isleña respecto de los recursos naturales del Atlántico Sur. La pesca constituye actualmente uno de los principales pilares económicos del archipiélago, mientras el avance del proyecto petrolero Sea Lion abre otra fuente potencial de ingresos de largo plazo. Incorporar la salmonicultura permitiría diversificar esa estructura con una nueva industria exportadora vinculada al aprovechamiento de los espacios marítimos.

Photo: VolkerWessels

Escenario Mundial ya había informado sobre el proyecto de Unity Marine para producir hasta 50.000 toneladas anuales de salmón en las Islas Malvinas, cuando comenzaron a conocerse los primeros planes para crear un marco regulatorio específico que permitiera otorgar licencias comerciales para la actividad.

El proyecto se incorpora además a una estructura económica mucho más amplia. Escenario Mundial analizó recientemente cómo la pesca, el petróleo, los combustibles y la logística conforman una red de empresas que sostiene la actividad económica británica en las Islas Malvinas. La salmonicultura podría agregar ahora un nuevo sector productivo a ese entramado.

Chile aparece como proveedor y referencia para la futura industria salmonera

Chile ocupa un lugar particular dentro del proyecto. La propuesta de Unity Marine establece que parte del alimento necesario para sostener la producción sería importado desde territorio chileno, convirtiendo potencialmente al país sudamericano en un eslabón logístico de la futura industria. Los estudios regulatorios realizados por la administración de las islas también analizaron modelos utilizados en Chile, Noruega, Escocia y las Islas Feroe para diseñar un eventual sistema de licencias y controles.

La elección de Chile como referencia responde a la escala alcanzada por su industria. El país se encuentra entre los mayores productores mundiales de salmón y desarrolló durante las últimas décadas una extensa infraestructura de criaderos, plantas procesadoras, proveedores de alimentos, logística marítima y servicios especializados.

Esa experiencia también dejó expuestos los principales riesgos asociados con el cultivo intensivo. La documentación preparada para la consulta en Malvinas identifica entre los potenciales impactos los escapes de salmones, la transmisión de enfermedades, los piojos de mar, el uso de antibióticos, la acumulación de materia orgánica en el fondo marino y las interacciones con mamíferos marinos.

Las autoridades isleñas sostienen que esos riesgos podrían reducirse mediante límites de biomasa, períodos de descanso de los sitios productivos, controles sanitarios, monitoreo ambiental y otras regulaciones. Precisamente, determinar cuál debería ser ese nivel de intervención constituye uno de los objetivos centrales de la consulta actualmente en marcha.

Tierra del Fuego tomó el camino contrario y prohibió la salmonicultura industrial

El avance británico genera un contraste directo con la política adoptada por Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. En 2021, la provincia aprobó la Ley 1.355, que prohibió toda actividad de cultivo y producción de salmónidos en sus aguas jurisdiccionales lacustres y marítimas con el objetivo de preservar los ecosistemas y recursos naturales.

Ushuaia, Tierra del Fuego. Créditos: archivo

La diferencia adquiere una dimensión adicional por la disputa de soberanía. Argentina considera a las Islas Malvinas parte integrante de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, aunque el archipiélago permanece bajo administración británica. Si finalmente avanza el nuevo régimen, dos espacios marítimos que Buenos Aires considera pertenecientes a una misma provincia quedarían sometidos a políticas productivas completamente diferentes: prohibición de salmonicultura industrial en las aguas administradas por Argentina y eventual explotación comercial de gran escala alrededor de Malvinas.

El debate se suma a otros frentes abiertos por la utilización de los recursos naturales del archipiélago. Durante 2026, la administración británica volvió a conceder permisos para la explotación pesquera, mientras empresas internacionales continúan avanzando con proyectos vinculados al desarrollo petrolero offshore. Escenario Mundial viene siguiendo también la operación de buques bajo licencias británicas para la captura de calamar en aguas de las Islas Malvinas.

La consulta sobre salmonicultura abre así una discusión que excede el impacto ambiental de instalar criaderos en las aguas del archipiélago. Malvinas podría incorporar una nueva industria exportadora capaz de producir decenas de miles de toneladas anuales, generar nuevas licencias y regalías y conectarse comercialmente con la industria salmonera chilena, agregando otra fuente de ingresos al esquema económico desarrollado alrededor de los recursos naturales de las islas. Para Argentina, ese escenario sumaría un nuevo capítulo a una disputa que ya comprende pesca, hidrocarburos y explotación de los espacios marítimos del Atlántico Sur.

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