Mientras Estados Unidos aumenta la presión sobre Brasil, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, profundiza sus contactos con Rusia y busca reivindicar el papel de los BRICS como una herramienta estratégica para ampliar el margen de maniobra de su país. El hecho se dió a través de una conversación telefónica de dos horas que Lula mantuvo el martes (4) con su homólogo ruso, Vladimir Putin.
Según informó el Kremlin, Lula y Putin hablaron sobre el fortalecimiento de la asociación estratégica entre Brasil y Rusia, la cooperación dentro de los BRICS y las gestiones diplomáticas en torno a la guerra en Ucrania. El contacto se produjo en un momento particularmente sensible para Brasil, dado que la relación con Washington atraviesa una de sus peores etapas recientes y las diferencias ya no se limitan al comercio, alcanzan cuestiones diplomáticas y políticas.
La tensión con Trump sumó un nuevo capítulo: aranceles y la revocación de visa a la embajadora de Brasil en Washington
La tensión con Estados Unidos tuvo ese mismo martes un nuevo capítulo. Washington revocó la visa de la embajadora brasileña Maria Luiza Ribeiro Viotti, en medio de una disputa que también involucra la demora de Brasil en aprobar al nuevo embajador estadounidense y el rechazo brasileño a visas para dos diplomáticos norteamericanos.
En el frente económico, tampoco hay señales de distensión. En julio, la administración de Donald Trump avanzó con un arancel del 25% sobre determinados productos brasileños después de una investigación de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos que cuestionó políticas brasileñas en áreas como comercio digital, propiedad intelectual, etanol y deforestación. Washington presentó la medida como una respuesta a prácticas que considera perjudiciales para los intereses estadounidenses.
El ministro de Defensa de Brasil admite la asimetría militar con Estados Unidos y el riesgo que eso significa
La discusión sobre Defensa también encaja en esta misma fotografía. El ministro José Múcio generó repercusión al afirmar que, ante una eventual invasión estadounidense, Brasil tendría muy pocas posibilidades de enfrentar militarmente a Washington: “Yo abro la puerta”, dijo, al explicar que las Fuerzas Armadas no cuentan con los equipos ni los recursos necesarios para sostener un enfrentamiento de esa magnitud. La frase fue utilizada por el ministro para defender precisamente una mayor inversión en capacidades militares.
Lula viene insistiendo en ese punto. Durante un acto del Partido de los Trabajadores, pidió incluso a sectores de la izquierda que abandonen la idea de que Brasil no necesita preocuparse por su Defensa. El argumento del presidente es que un país con casi 17.000 kilómetros de fronteras terrestres, una extensa costa atlántica, la Amazonía y enormes reservas de recursos naturales necesita contar con capacidades suficientes para proteger su territorio.
Lula busca no quedar encerrado en la presión de Trump y recurre a Putin y Xi Jinping
En este contexto, la respuesta de Lula consiste, en buena medida, en evitar que Brasil quede encerrado en una relación de dependencia con Washington. Y ahí Rusia vuelve a ocupar un lugar importante. Moscú no reemplaza económicamente a Estados Unidos ni representa para Brasil un socio equivalente en todos los ámbitos, pero sí ofrece algo que Lula considera estratégico: un canal político dentro de los BRICS y un interlocutor para discutir el orden internacional fuera de los espacios dominados por Estados Unidos.
Por eso la llamada con Putin importa más por su momento que por los acuerdos concretos que puedan surgir de ella. Lula está enviando una señal de que si Estados Unidos pretende utilizar su peso económico y diplomático para condicionar las decisiones de Brasil, Brasil tiene otros espacios desde los cuales responder.
En esta misma línea se inscribe la reciente conversación telefónica que mantuvieron Lula da Silva y Xi Jinping. Allí, Brasil y China abrieron una puerta que durante años había mantenido cerrada dentro del Mercosur: acordaron acelerar las conversaciones para avanzar hacia un posible acuerdo comercial entre el gigante asiático y el bloque sudamericano, con las “flexibilidades necesarias” para atender las particularidades de sus miembros.
Es por ello que la disputa con Estados Unidos, paradójicamente, también puede terminar fortaleciendo precisamente aquello que Washington observa con preocupación: los mecanismos de coordinación de las potencias emergentes con Rusia y China. Los BRICS fueron concebidos como un espacio de cooperación entre países con intereses diversos, no como una alianza militar contra Estados Unidos. Pero cuanto mayor sea la presión de Washington sobre sus integrantes, mayor puede ser también el incentivo para que esos países busquen mecanismos comunes y reduzcan su dependencia de un sistema mayormente liderado por Estados Unidos.
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