Afirman que la Armada de EE.UU. no puede realizar el mantenimiento completo de sus nuevos portaaviones en la costa del Pacífico

El USS Gerald R. Ford regresa al Mar Rojo en medio de un despliegue sin precedentes de EE.UU. en la región. Créditos: The Cradle.

El USS Gerald R. Ford regresa a Estados Unidos tras un despliegue récord de más de diez meses / Créditos: The Cradle.

La Armada de Estados Unidos avanza con la construcción de un nuevo dique seco en el astillero naval de Puget Sound, en Washington, para poder realizar el mantenimiento integral de los portaaviones de la clase Gerald R. Ford en la costa del Pacífico.

Portaaviones USS John F. Kennedy. Crédito: HII

Actualmente, ninguna instalación de esa región posee la capacidad completa para recibir a los nuevos portaaviones durante reparaciones de nivel depósito. El problema adquiere mayor importancia porque la Armada planea trasladar al USS John F. Kennedy, segundo buque de la clase Ford, a la base de Kitsap-Bremerton antes del final de la década.

Un solo dique puede recibir a los portaaviones actuales

Puget Sound dispone hoy de un único dique seco capaz de alojar a los portaaviones de la clase Nimitz: el Dry Dock 6.

La instalación fue utilizada para trabajos prolongados sobre buques como el USS Theodore Roosevelt y el USS Carl Vinson. Sin embargo, no cumple con los actuales estándares de resistencia sísmica y tampoco puede proporcionar toda la electricidad, refrigeración y servicios necesarios para el mantenimiento integral de un portaaviones Ford.

La Oficina de Responsabilidad Gubernamental estadounidense ya había identificado esta situación como una vulnerabilidad. El organismo señaló que el Dry Dock 6 enfrenta riesgos sísmicos significativos y es el único dique del oeste capaz de recibir un portaaviones.

El nuevo portaaviones llegará antes que el dique

La Armada seleccionó Kitsap-Bremerton como futura base del USS John F. Kennedy. El portaaviones deberá reemplazar a una unidad de la clase Nimitz y sostener la presencia aeronaval estadounidense en el Pacífico.

Las obras iniciales incluyen nuevas subestaciones, transformadores y mejoras en la distribución eléctrica. La salida del portaaviones Nimitz que actualmente ocupa la base está prevista para el año fiscal 2029, antes de la llegada del USS John F. Kennedy.

Portaaviones USS John F. Kennedy. Crédito: HII

El cronograma preliminar del nuevo dique multimisión contempla trabajos entre los años fiscales 2027 y 2038. Por lo tanto, el USS John F. Kennedy podría establecerse en la costa oeste varios años antes de que la Armada disponga allí de una instalación completa para ponerlo en seco.

Un proyecto de escala excepcional

La Armada publicó una convocatoria industrial para un contrato marco de hasta US$30.000 millones destinado principalmente al nuevo dique. Esa cifra representa el techo del contrato y no necesariamente el costo final de la obra.

Los trabajos serán divididos en distintas etapas, con órdenes individuales que podrían alcanzar entre US$2.000 millones y US$6.000 millones. Incluirán dragado, demolición del antiguo Dry Dock 3, construcción del nuevo recinto, túneles de servicios, subestaciones eléctricas, sistemas de refrigeración, vías para grúas y edificios de apoyo.

El dique proyectado tendrá aproximadamente 369 metros de largo, 64 metros de ancho y 19 metros de profundidad. Será cuatro veces mayor, en volumen y capacidad eléctrica y de refrigeración, que el nuevo dique para submarinos que se construye en Pearl Harbor.

La logística condiciona la competencia con China

Estados Unidos posee más portaaviones que cualquier otra potencia, pero su disponibilidad depende de una red limitada de astilleros, diques, trabajadores especializados y proveedores.

Un portaaviones nuclear necesita ingresar periódicamente a un dique para realizar inspecciones y reparaciones debajo de la línea de flotación, trabajar sobre sus sistemas de propulsión, reemplazar componentes y ejecutar modernizaciones que no pueden completarse mientras permanece en el agua.

La ausencia de una instalación compatible con la clase Ford en el Pacífico crea una diferencia entre capacidad operativa e infraestructura. La Armada puede desplegar el buque frente a China, Taiwán o la península coreana, pero todavía no puede garantizar que todas sus reparaciones profundas se realicen cerca de ese escenario.

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