La Fuerza Aérea de Rumania derriba con un F-16 un dron que violó el espacio aéreo de la OTAN

Pilotos de la Fuerza Aérea Rumana vuelan aviones de combate F-16 en el primer día del Show Aéreo Internacional de Bucarest en Rumania el 30 de agosto de 2025. | Foto AP/Andreea Alexandru

Pilotos de la Fuerza Aérea Rumana vuelan aviones de combate F-16 en el primer día del Show Aéreo Internacional de Bucarest en Rumania el 30 de agosto de 2025. | Foto AP/Andreea Alexandru

La Fuerza Aérea de Rumania derribó con uno de sus cazas F-16 un dron que había ingresado en el espacio aéreo nacional sobre el mar Negro. Fue la tercera incursión registrada en tres días y provocó una nueva protesta de Bucarest contra Rusia.

Un caza F-16 de la Fuerza Aérea de Rumania vuela durante un día de medios, ilustrando cómo la Policía Aérea de la OTAN protege el espacio aéreo de los Aliados en la región norte y noreste de la Alianza, 4 de julio de 2023. REUTERS/Piroschka van de Wouw/Foto de archivo

Dos F-16 despegaron desde la base aérea de Fetești después de que los radares detectaran el aparato. Los aviones operaron bajo el mando de la OTAN y uno de ellos abrió fuego a las 10:13 del domingo sobre las aguas territoriales rumanas, en la zona comprendida entre Sulina y Chilia, cerca del delta del Danubio.

El Ministerio de Defensa indicó que el dron fue neutralizado aproximadamente 12 kilómetros al noreste de Sulina. No se informaron víctimas ni daños, mientras las autoridades iniciaron la búsqueda y el análisis de los restos para determinar su modelo y procedencia.

El presidente rumano, Nicușor Dan, confirmó que uno de los drones derribados durante los incidentes anteriores era un Shahed empleado por Rusia en sus ataques contra Ucrania. El origen de los otros aparatos todavía se encuentra bajo investigación, por lo que Bucarest los presenta oficialmente como drones sospechosos de procedencia rusa.

Tres derribos consecutivos sobre territorio de la OTAN

La última intercepción completó una secuencia de tres incursiones en apenas tres días. Los incidentes se produjeron mientras Rusia intensificaba sus ataques contra puertos e instalaciones ucranianas próximas al Danubio, una zona ubicada a pocos kilómetros de la frontera rumana.

Desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, Rumania registró al menos 33 ingresos de drones en su espacio aéreo. Dieciocho ocurrieron durante 2026, un aumento que llevó al país a pasar de la vigilancia y el seguimiento a una respuesta militar directa.

El Gobierno anunció que convocaría al embajador ruso en Bucarest para presentar una protesta formal. Dan calificó las incursiones como “inadmisibles e intolerables” y remarcó que los aparatos no solo violaron el espacio aéreo rumano, sino también el de la Unión Europea y la OTAN.

La Alianza confirmó que los F-16 actuaron dentro de su estructura operativa. El portavoz del Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa, coronel Martin O’Donnell, señaló que se trató del cuarto derribo reciente ejecutado por pilotos rumanos en coordinación con la OTAN. El antecedente restante ocurrió en mayo, cuando un F-16 rumano destruyó un dron intruso sobre Estonia.

Rumania cambió sus reglas para permitir los derribos

Durante los primeros años de la guerra, los F-16 rumanos eran desplegados para identificar y seguir drones que atravesaban la frontera, pero las restricciones legales dificultaban la autorización para abrir fuego en tiempos de paz.

La situación cambió en 2025, cuando Rumania aprobó la Ley 73. La norma habilitó a las Fuerzas Armadas a neutralizar o destruir drones que ingresen sin autorización y representen una amenaza para la seguridad, la población o las propiedades. La destrucción debe utilizarse como último recurso después de evaluar el riesgo.

Un incendio arde en el techo de un edificio de 10 pisos después de que un dron se estrellara contra la estructura, provocando una explosión y dejando a dos personas heridas, cerca de la frontera con Ucrania en Galati, Rumania. Departamento Rumano de Emergencias / vía Reuters

Los tres derribos muestran la aplicación práctica de ese nuevo marco. La respuesta también refleja la preocupación generada por el incidente de mayo, cuando un dron ruso lanzado contra Ucrania impactó contra un edificio residencial en la ciudad rumana de Galați y dejó dos personas heridas.

Rumania está incorporando además sistemas antidrones más económicos, entre ellos MEROPS, diseñado para interceptar vehículos como los Shahed sin recurrir en todos los casos a misiles lanzados desde cazas. La diferencia de costos se convirtió en un problema para la OTAN: utilizar un misil aire-aire contra drones relativamente baratos permite responder rápidamente, pero resulta difícil de sostener ante incursiones repetidas.

La nueva secuencia representa un cambio concreto en el flanco oriental. Rumania ya no se limita a detectar los drones que se desvían o ingresan desde la zona de combate ucraniana: sus pilotos recibieron autorización para destruirlos antes de que alcancen áreas pobladas.

El episodio también aumenta la presión sobre la OTAN para reforzar las defensas de baja altura a lo largo del mar Negro y del delta del Danubio. Los derribos evitaron daños, pero confirmaron que la guerra continúa atravesando las fronteras de Ucrania y obliga a los países aliados a responder militarmente dentro de su propio territorio.

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