Estados Unidos aseguró que no reducirá su compromiso militar con sus aliados asiáticos mientras busca estabilizar la relación con China. La declaración llega, sin embargo, cuando la guerra con Irán concentra más de veinte buques de la Armada estadounidense, cientos de aeronaves y dos grupos de ataque de portaaviones en Medio Oriente.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó este jueves 23 de julio en Manila que Washington no abandonará a sus socios regionales ni disminuirá su presencia en Asia. El funcionario realizó la declaración después de reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, con quien discutió una posible visita del presidente Xi Jinping a Estados Unidos durante septiembre.
“Ya estamos presentes. Tenemos un papel y no vamos a abandonar a nuestros aliados”, sostuvo Rubio durante las reuniones de la Cumbre de Asia Oriental y el Foro Regional de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. También aseguró que una relación más positiva con Beijing no se construirá a costa de los aliados y socios estadounidenses en la región.
La reafirmación se produjo mientras aumentaban nuevamente las tensiones en el mar de China Meridional. Filipinas acusó a la Guardia Costera china de utilizar un cañón de agua contra una embarcación oficial cerca del banco de Scarborough, pocos días después de otro enfrentamiento en el banco Second Thomas en el que resultó herido un marinero filipino. Rubio calificó las acciones chinas como “inquietantes” y recordó los compromisos de defensa asumidos por Estados Unidos con Manila.

Al mismo tiempo, China comenzó dos días de ejercicios con fuego real en sectores del estrecho de Taiwán cercanos a la provincia de Fujian. Las maniobras coincidieron con las reuniones diplomáticas en Manila y siguieron a los ejercicios realizados en diciembre, considerados entre los más amplios desarrollados por Beijing alrededor de la isla.
La sucesión de movimientos muestra por qué el Indo-Pacífico continúa siendo una prioridad para Washington. Estados Unidos debe conservar fuerzas capaces de responder ante una crisis alrededor de Taiwán, respaldar a Filipinas frente a nuevos incidentes marítimos y mantener su presencia militar avanzada junto con Japón y Corea del Sur.
Dos portaaviones estadounidenses operan en Medio Oriente
El problema para Washington es que una parte considerable de sus recursos militares se encuentra comprometida en otro escenario.
El USS Abraham Lincoln y el USS George H.W. Bush permanecían desplegados en el mar Arábigo al 20 de julio, desde donde apoyaban las operaciones estadounidenses contra Irán. Los dos grupos de ataque incluyen alas aéreas embarcadas, destructores, sistemas de guerra electrónica, aeronaves de alerta temprana y buques logísticos.
Junto con ambos portaaviones opera el grupo anfibio encabezado por el USS Boxer, acompañado por los buques USS Comstock y USS Portland y la 11.ª Unidad Expedicionaria de Marines. La presencia representa una concentración naval poco habitual y permite sostener ataques, interceptar amenazas, proteger bases y respaldar el bloqueo estadounidense contra puertos iraníes.

En total, más de veinte buques de la Armada de Estados Unidos y cientos de aeronaves militares se encuentran actualmente operando en Medio Oriente. Nuevas unidades se dirigían además a la región para reforzar las operaciones contra Irán, según funcionarios estadounidenses citados por Reuters.
La concentración reduce la flexibilidad disponible ante una segunda crisis. Parte de los destructores, aviones y sistemas de inteligencia que podrían utilizarse en el Indo-Pacífico permanece destinada a la defensa de bases, la intercepción de misiles y drones y los ataques contra objetivos iraníes.
La amenaza hutí podría abrir un segundo frente
La presión puede aumentar si Estados Unidos decide intervenir nuevamente contra los hutíes en Yemen. El grupo amenazó con impedir que los barcos carguen o descarguen en puertos saudíes y lanzó ataques contra petroleros en el mar Rojo, creando el riesgo de un segundo punto de bloqueo sobre las exportaciones energéticas regionales.
Una campaña alrededor de Yemen obligaría a Washington a dividir sus fuerzas entre el golfo Pérsico y el mar Rojo. Buques actualmente concentrados contra Irán tendrían que desplazarse hacia el estrecho de Bab el-Mandeb para proteger el tráfico comercial, interceptar drones y misiles y atacar posiciones hutíes.

El Pentágono asegura que dispone de un arsenal profundo y de los recursos necesarios para ejecutar operaciones en distintos comandos. Sin embargo, funcionarios y especialistas reconocen que los despliegues prolongados desgastan al personal, aumentan las necesidades de mantenimiento y reducen las existencias de interceptores y otras municiones que no pueden reemplazarse inmediatamente.
La guerra con Irán ya habría costado aproximadamente US$37.500 millones y causado la muerte de 18 militares estadounidenses, además de alrededor de 430 heridos. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, también advirtió ante el Congreso que, sin nuevos fondos, el Pentágono tendría que reducir actividades de entrenamiento y enfrentaría dificultades para financiar mantenimiento e inversiones futuras.
La Armada mantiene un portaaviones frente a China
Estados Unidos todavía conserva una presencia aeronaval importante en Asia. El USS George Washington, desplegado de manera permanente en Japón, realizaba operaciones en el mar de Filipinas durante julio. Imágenes oficiales de la Séptima Flota mostraron al portaaviones realizando operaciones aéreas y reabastecimiento en el mar entre el 9 y el 14 de julio.
Esa presencia permite que Washington mantenga un grupo de ataque relativamente próximo a Taiwán, el mar de China Meridional y la península coreana. También evita que la concentración de los portaaviones Abraham Lincoln y George H.W. Bush en Medio Oriente deje completamente descubierto el principal escenario de competencia con Beijing.

Pero la distribución expone una limitación. Estados Unidos posee once portaaviones nucleares, aunque nunca puede utilizar todos simultáneamente. Algunos atraviesan mantenimiento, otros se encuentran en entrenamiento y certificación, mientras los que regresan de despliegues prolongados necesitan períodos de reparación y recuperación.
Cada grupo de ataque enviado a Medio Oriente es, por lo tanto, una fuerza que no puede emplearse inmediatamente en Asia. Y cada extensión de un despliegue condiciona la disponibilidad del buque durante los meses siguientes.
Washington intenta demostrar que puede sostener ambos escenarios
La presencia estadounidense en el Indo-Pacífico no depende solamente de portaaviones. Washington mantiene bases, submarinos, bombarderos, destructores y fuerzas aéreas en Japón, Corea del Sur, Guam y otros puntos de la región. También amplió su acceso a instalaciones en Filipinas y profundizó los ejercicios con Australia y Japón.
Por eso, la concentración de fuerzas en Medio Oriente no implica que Estados Unidos haya abandonado Asia. Pero sí obliga al Pentágono a distribuir entre distintos escenarios recursos escasos, como defensas antiaéreas, inteligencia, reabastecimiento aéreo, municiones de precisión y buques capaces de permanecer durante meses lejos de sus bases.
Las declaraciones de Rubio buscan transmitir que la apertura de conversaciones con China y la guerra contra Irán no alterarán las garantías estadounidenses en el Pacífico. Sin embargo, los movimientos actuales de la Armada muestran que sostener ambas prioridades tiene un costo operativo creciente.
Mientras China intensifica sus ejercicios cerca de Taiwán y presiona a Filipinas en el mar de China Meridional, Estados Unidos mantiene dos portaaviones y buena parte de sus medios navales concentrados contra Irán. La capacidad estadounidense sigue siendo superior a la de cualquier otra potencia, pero la multiplicación de crisis está obligando a Washington a demostrar que puede sostener esa ventaja en dos regiones estratégicas al mismo tiempo.
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