Transcurridos algunos meses de la Guerra en Malvinas, las Fuerzas Armadas de Argentina evaluaron la adquisición de armamento a la Unión Soviética con el fin de recuperar y reforzar sus capacidades ofensivas y defensivas. La iniciativa se plasmó en diversos reportes post-conflicto, documentos en los cuales se analizaron algunas opciones a los fines de re-equipar a las FFAA, entre ellas helicópteros de asalto armados y misiles antiaéreos de mediano alcance.
Las iniciativas surgieron de un Grupo de Estudio conformado por oficiales superiores y jefes que tomaron parte de la Guerra en Malvinas. Desde estos informes y reportes post acciones se plantearon numerosas propuestas, las cuales tuvieron como objetivo asimilar las lecciones y experiencias adquiridas durante el conflicto del Atlántico Sur.
Uno de los aspectos críticos tratados en estas comisiones fue el re-equipamiento, ya que muchos de los provedores usuales de la Argentina, caso el mismo Reino Unido y Francia, habían establecido una prohibición de venta de armamento, veto que continúa hasta el día de hoy en el caso británico. Ante este panorama, las Fuerzas Armadas argentinas no descartaron recurrir a la Unión Soviética.
Helicópteros de asalto Mi-24 Hind
En el caso de la Fuerza Aérea Argentina, la institución consideró evaluar la incorporación de helicópteros de asalto Mi-24 así como el sistema de defensa antiaérea de mediano alcance 2K12 Kub, también conocido como SA-6 Gainful en su designación OTAN.
La adquisición de estos helicópteros y misiles implicaría un considerable refuerzo en las capacidades de las Fuerzas Armadas argentinas. Particularmente luego de la Guerra en Malvinas, conflicto en el cual se advirtieron deficiencias y la necesidad de contar con mejores capacidades a la hora de enfrentar a un adversario como el Reino Unido.
Por aquel entonces, las relaciones entre la Argentina y la Unión Soviética eran mas bien cordiales, con vínculos comerciales y diversos convenios en vigencia. Sin embargo, en lo que a armamento se refería, las Fuerzas Armadas argentinas habían mantenido a Europa Occidental como principal proveedor. El contexto post-guerra de Malvinas podría cambiar esta consideración, ante la necesidad.
Para los helicópteros de asalto, Argentina analizó al Mi-24 Hind, uno de los principales medios de alas rotatorias de la Unión Soviética. Introducido en servicio en 1972, el Mi-24 representaba una amalgama de potencia de fuego con protección. Su desarrollo se basó en el concepto de un helicóptero de asalto fuertemente artillado y blindado.
Pese a que su capacidad de transporte de soldados era más bien limitada, el Mi-24 lo compensaba con su capacidad ofensiva: ametralladoras 12,7mm (o cañones de 30mm), cohetes, misiles anti-tanque e incluso bombas. La OTAN lo consideraba un verdadero tanque del aire.
Misiles antiaéreos 2K12 Kub
Uno de los tantos aspectos considerados en las evaluaciones post-guerra fue la necesidad de reforzar las defensas antiaéreas de las Fuerzas Armadas argentinas. Pese a que el despliegue realizado durante la Guerra en las Islas Malvinas mostró algunos puntos altos, la presencia de los bombarderos estratégicos Vulcan, por ejemplo, expuso algunas de las tantas limitaciones.
Uno de los requerimientos observados tras el conflicto en Malvinas fue la necesidad de disponer de sistemas misilísticos de mediano alcance. Durante la Guerra, las Fuerzas Armadas dispusieron únicamente de misiles antiaéreos de muy corto y corto alcance, como fueron los sistemas portátiles Blowpipe y SA-7 (de origen soviético, resultado de donaciones), así como los Tigercat y Roland.
De haber contado con misiles superficie-aire de mediano alcance, el accionar de los bombarderos Vulcan, y el de los aviones de ataque Harrier Gr.3 y Sea Harrier, se hubiera visto considerablemente limitado.
Precio a la Guerra en Malvinas, el sistema 2K12 Kub de la Unión Soviética ya contaba con varios años en servicio, habiendo debutado con bastante éxito en los conflictos de Medio Oriente. Pese a que ya era un sistema conocido para occidente, su mera presencia obligaba a tomar los recaudos necesarios debido a las performances de sus misiles: un alcance superior a los 24 kilómetros y capaces de batir objetivos volando a más de 14.000 metros de altura.
Los misiles de alcance medio como los Kub soviéticos serían parte de un sistema de defensa integrado, el cual también debería contar con radares de corto y mediano rango, baterías de cañones antiaéreos de 20mm y 35mm, con sus respectivas unidades de dirección de tiro y misiles portátiles de muy corto alcance del tipo RBS 70.
Pese a que la Argentina mantendría relaciones cordiales con la Unión Soviética, incluso con el retorno a la democracia, estas iniciativas de adquisición de armamento no salieron de reportes e informes. Con el paso del tiempo, occidente dejó de lado las sanciones impuestas, retomando a ser el usual proveedor de armamento.
Pese a que serias limitaciones presupuestarias post-guerra impedirían a las Fuerzas Armadas argentinas encarar estos ambiciosos proyectos de re-equipamiento, todas las Fuerzas pudieron materializar adquisiciones de diversa envergadura a los fines de recuperar parte del material perdido en Malvinas y mejorar algunas capacidades.
Imagen de portada: lanzamiento de un misil 3M9 desde un sistema 2K12 Kub. Créditos: US Army – Sgt. Thomas Mort
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