A cinco meses después del estallido de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, el mercado de petróleo continúa mostrando una resiliencia que pocos anticipaban. Cuando comenzaron los enfrentamientos, numerosos bancos de inversión y analistas proyectaban que el barril de Brent podría alcanzar entre 150 y 200 dólares si el conflicto interrumpía el tránsito por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el Brent alcanzó un máximo cercano a los 126 dólares y posteriormente retrocedió hasta estabilizarse en torno a los 90 dólares, muy por debajo de los niveles que se temían al inicio de la crisis.
La principal explicación proviene de un cambio inesperado en la demanda global. China, el mayor importador mundial de crudo, redujo sus compras hasta niveles no vistos en casi una década como consecuencia de la desaceleración de su industria petroquímica, la menor producción de combustibles y la creciente electrificación del transporte urbano. Esta caída del consumo compensó parte del riesgo generado por el conflicto en Medio Oriente y redujo la presión sobre los mercados internacionales. Al mismo tiempo, Estados Unidos incrementó su producción hasta un récord cercano a los 13,9 millones de barriles diarios y coordinó junto con la Agencia Internacional de Energía una histórica liberación de reservas estratégicas, contribuyendo a estabilizar la oferta global.
Otro factor determinante fue el comportamiento de los inversores. La incertidumbre generada por los continuos anuncios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre posibles negociaciones con Irán, altos el fuego temporales y eventuales reaperturas del estrecho de Ormuz redujo el apetito por grandes apuestas especulativas. “Ahora todo el mundo es optimista, pero nadie mantiene posiciones largas”, señaló Ilia Bouchouev, del Oxford Institute for Energy Studies, reflejando la cautela que domina actualmente al mercado. En la misma línea, Ole Hansen, estratega de materias primas de Saxo Bank, sostuvo que los operadores muestran una creciente “fatiga informativa”, lo que disminuye el impacto de cada nuevo episodio del conflicto sobre los precios.
Los riesgos geopolíticos en Medio Oriente permanecen elevados y peligran las fluctuaciones del petróleo
En paralelo, Arabia Saudita logró amortiguar parte de las interrupciones logísticas aumentando significativamente sus exportaciones desde el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo, reduciendo la dependencia inmediata del estrecho de Ormuz. A ello se sumó una abundante disponibilidad de petróleo físico para entrega inmediata, lo que evitó tensiones en los mercados spot europeos. No obstante, operadores del sector advierten que esta situación podría modificarse rápidamente si la guerra afecta de forma sostenida la infraestructura energética regional o limita la capacidad exportadora de los países del Golfo.
Pero pese a la relativa estabilidad de los precios, los riesgos geopolíticos permanecen elevados. Durante los últimos días, los hutíes de Yemen anunciaron un bloqueo naval contra Arabia Saudita, mientras que el tránsito de buques tanque por el estrecho de Ormuz volvió a disminuir y se registraron ataques contra petroleros comerciales frente a las costas de Omán. Según datos del mercado marítimo, varios superpetroleros modificaron sus rutas o retrasaron sus operaciones ante el deterioro de las condiciones de seguridad, un escenario que mantiene en alerta tanto a las aseguradoras como a los operadores energéticos.
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