Con ayuda rusa y lecciones de Irán: así construye Corea del Norte los misiles diseñados para saturar las defensas de EE.UU. y Seúl

General view during the test firing of what state media report is a North Korean "new type" of intercontinental ballistic missile (ICBM) in this undated photo released on March 24, 2022 by North Korea's Korean Central News Agency (KCNA). KCNA via REUTERS

Corea del Norte ya probó más misiles balísticos en lo que va de 2026 que en todo 2025, y el patrón de sus ensayos revela un programa que dejó de acumular capacidades sueltas para empezar a construir algo más específico: paquetes de ataque diseñados para saturar y penetrar las defensas antimisiles de EE.UU. y Corea del Sur. El dato más reciente lo aportó la actualización del 7 de julio del American Enterprise Institute (AEI): los ensayos del 25 de junio incluyeron un misil balístico táctico, un sistema de cohetería múltiple de 240 mm mejorado y un proyectil de alcance extendido para obús autopropulsado de 155 mm — y los medios surcoreanos reportaron que el Estado Mayor Conjunto de Seúl demoró inusualmente en detectar y reportar el lanzamiento balístico, un indicio de que la diversificación de vectores norcoreana está complicando la tarea de las defensas aliadas exactamente como Pyongyang pretende.

El desarrollo más significativo del año son las ojivas de racimo. En abril, Corea del Norte realizó dos series de ensayos con municiones cluster montadas en misiles balísticos de corto alcance de la familia Hwasong-11 —la designación local del misil que Occidente conoce como KN-23, de perfil de vuelo bajo y maniobrable similar al Iskander ruso. En el ensayo del 19 de abril, supervisado por Kim Jong Un junto a su hija, cinco Hwasong-11Ra con ojivas de racimo y de minas de fragmentación batieron un blanco insular a 136 kilómetros, cubriendo un área de impacto de más de 12 hectáreas. La agencia estatal KCNA afirmó que el sistema puede “reducir a cenizas cualquier objetivo” en un área de 6,5 a 7 hectáreas con “la máxima densidad de potencia”.

La inspiración doctrinaria de ese desarrollo tiene nombre y fecha: la guerra de Irán. Como señaló el análisis de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), Irán empleó municiones de racimo lanzadas por misiles balísticos para penetrar las defensas israelíes y estadounidenses tanto en la guerra de los 12 días de 2025 como en la actual Operación Epic Fury — una táctica que multiplica el problema del defensor porque cada misil que logra pasar disemina submuniciones sobre un área extensa, degradando la ecuación costo-efectividad de interceptores que valen millones de dólares por disparo. Los observadores coinciden en que los ensayos norcoreanos de abril fueron, en parte, una demostración deliberada de que Pyongyang posee esa misma carta.

El otro factor que explica la aceleración es Rusia. Según la FDD, al menos uno de los tipos de misiles ensayados este año fue previamente transferido a Rusia, mejorado en múltiples aspectos durante su empleo en Ucrania —donde los KN-23 norcoreanos pasaron de un desempeño pobre a una precisión significativamente mayor tras las mejoras técnicas rusas— y el conocimiento de producción de la versión mejorada habría sido enviado de regreso a Corea del Norte. Ese circuito de retroalimentación —Pyongyang provee misiles y tropas, Moscú devuelve experiencia de combate, mejoras de precisión, sistemas de guerra electrónica y defensa aérea— está permitiendo a Corea del Norte construir en pocos años capacidades que en aislamiento le habrían demandado décadas. La mejora de precisión tiene además una implicancia doctrinaria de fondo: habilita a Pyongyang a pasar del targeting de contravalencia —ciudades— al de contrafuerza —blancos militares puntuales—, con ojivas de racimo optimizadas para destruir objetivos blandos dispersos como aeródromos, radares y baterías antimisiles.

El cuadro completo que emerge de los ensayos de 2026 —misiles balísticos de precisión mejorada con ojivas de racimo, cohetería de largo alcance, proyectiles de artillería extendidos, armas antiaéreas móviles y hasta sistemas electromagnéticos según la propia KCNA— describe una fuerza de fuegos de largo alcance diseñada para un propósito coherente: presentarle a las defensas de Corea del Sur, Japón y EE.UU. un problema de saturación simultánea desde múltiples vectores que ningún sistema de intercepción puede resolver por completo. Con la diplomacia entre Trump y Kim en pausa pero no enterrada —y con Pyongyang acumulando palanca negociadora con cada ensayo—, el ritmo del programa norcoreano en el segundo semestre será uno de los indicadores más observados del teatro del Indo-Pacífico.

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