En el último tiempo, Rusia ha avanzado mucho en lo que refiere a defensa ártica, modernizando la mayor flota rompehielos del mundo y reabriendo decenas de bases de la era soviética en una región que ofrece el camino más corto hacia Estados Unidos para sus misiles nucleares intercontinentales. Por eso, en un momento en el que el cambio climático abre nuevas rutas a través de la región, la OTAN se enfrenta a un momento crucial a la hora de poder contener el avance de Moscú.
Justamente, en marzo la alianza llevó a cabo ejercicios en el marco del Arctic Sentry, un programa que pretende mostrar a Estados Unidos que Europa y Canadá pueden defender el flanco norte de la alianza. El secretario general Mark Rutte anunció Arctic Sentry en febrero mientras instaba al presidente estadounidense Donald Trump a desechar su idea de anexar Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca (miembro de la OTAN).
Pero, más allá de las buenas intenciones, reforzar la postura de la OTAN en el Ártico requerirá inversiones a largo plazo en una amplia gama de activos —incluidos rompehielos, submarinos, drones y satélites—, ya que, durante la mayor parte de las ocho décadas de historia de la alianza, el inhóspito Alto Norte fue una prioridad baja.
La amenaza rusa en Kola
Un desafío clave para los aliados europeos de la OTAN es la supervisión de la actividad en la península de Kola, en el Ártico ruso, junto a las fronteras con Finlandia y Noruega. La península representa alrededor de dos tercios de las capacidades nucleares de segundo ataque de Rusia, incluida la Flota del Norte de la marina rusa, que opera seis de los 12 submarinos nucleares de Moscú
Desde la península, Rusia podría lanzar misiles hipersónicos hacia Estados Unidos, haciendo vitales los sistemas de alerta temprana, o enviar los submarinos hacia la costa este de EE. UU. a través del Paso Bear en el mar de Barents y el Paso GIUK entre Groenlandia, Islandia y Gran Bretaña.
Intentando mostrar su compromiso con la defensa de Estados Unidos, Noruega y sus aliados de la OTAN monitorizan actualmente la flota en el Paso GIUK y el mar de Barents, donde cables submarinos críticos han sufrido daños en incidentes que algunos atribuyen a Rusia.
Pero, más allá de las buenas intenciones, la OTAN debe mejorar aún más sus capacidades de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Y el problema es que estas capacidades no resultan baratas en condiciones árticas, donde el equipo estándar suele fallar. El norte de Noruega, por ejemplo, puede ver cómo las temperaturas bajan hasta -45°Celsius (-49°Fahrenheit).
Un largo camino que recorrer para la OTAN
El Ártico es mayormente océano que abarca Groenlandia, Islandia, el norte de Noruega y el mar de Barents, por lo que cualquier presencia de seguridad debe ser principalmente naval. Pero Estados Unidos solo cuenta con dos rompehielos operativos, mientras que Rusia, con mucho el mayor territorio ártico, tiene 42, algunos de ellos nucleares.
Las comunicaciones satelitales, que funcionan en latitudes altas, también son cruciales para permitir la detección en tiempo real, junto con drones de larga autonomía que operan en frío extremo, vigilancia submarina ampliada y diferentes tipos de radares terrestres. Pero las inversiones en la materia podrían ascender a cientos de miles de millones de dólares.
El cambio climático también está dificultando el seguimiento de submarinos, lo que exige inversión en nuevas generaciones de sensores submarinos que puedan contrarrestar los niveles de salinidad y las corrientes derivadas del calentamiento de los océanos, como el Atlántico Norte, que se está calentando rápidamente. Estos cambios afectan a cómo el sonido viaja por el agua, reduciendo la distancia a la que se pueden detectar submarinos.
Manos a la obra
Intentando afrontar el desafío, los países nórdicos están entre los mayores gastadores en defensa de la alianza y están en camino de alcanzar el objetivo de la OTAN del 5% del PIB para 2035. Además, Estados Unidos y Finlandia se están uniendo para preparar hasta seis rompehielos, el primero previsto para el año que viene, mientras que Noruega está comprando fragatas y submarinos.
Por su parte, Canadá presentó en marzo un importante plan de defensa ártico de US$ 25.700 millones para infraestructuras, incluidos aeródromos militares en la región. Además, está coordinándose más estrechamente con los países nórdicos y, con Dinamarca, invirtiendo en embarcaciones capaces de navegar por el hielo.
Por su parte, el Reino Unido está duplicando hasta 2.000 el número de Royal Marines desplegados permanentemente en Noruega. En junio, la OTAN activó un nuevo grupo de 600 soldados con base en Suecia y las regiones de Laponia de Finlandia.
Tal vez te interese: El Reino Unido despliega el portaaviones HMS Prince of Wales en el Ártico para reforzar la vigilancia de la OTAN
