El hostigamiento ruso al portaaviones británico HMS Prince of Wales expone la fragilidad naval en el Atlántico Norte

El portaaviones HMS Prince of Wales. Crédito: Real Armada Británica

El portaaviones HMS Prince of Wales. Crédito: Real Armada Británica

El incidente protagonizado por un avión antisubmarino ruso Tu-142 cerca del portaaviones británico HMS Prince of Wales dejó una lectura más profunda que la simple interceptación de una aeronave hostil. La maniobra rusa, que incluyó el lanzamiento de sonoboyas en las proximidades del grupo de ataque británico en el Mar de Noruega, volvió a exponer una pregunta incómoda para Londres: si la Royal Navy cuenta con suficiente profundidad antisubmarina para sostener operaciones de portaaviones en el Atlántico Norte frente a una Rusia cada vez más activa.

Un caza F-35B lanzado desde el HMS Prince of Wales intercepta un Tupolev Tu-142 Bear-F ruso. Créditos: PO Phot Chris Sellars/PA

El episodio ocurrió el 2 de julio, durante la Operación Firecrest, mientras el HMS Prince of Wales operaba bajo mando de la OTAN en el High North. Según el Ministerio de Defensa británico, el Tu-142 Bear-F se acercó reiteradamente al grupo de portaaviones, voló a baja altitud, pasó de manera innecesariamente cercana al buque y lanzó numerosas sonoboyas en sus alrededores. Dos F-35B despegaron desde el portaaviones para interceptar y escoltar al avión ruso hasta que abandonó el área.

La Royal Navy presentó la respuesta como una demostración de capacidad: cazas furtivos británicos operando desde un portaaviones europeo para una misión de policía aérea de la OTAN en el norte del Atlántico. El Reino Unido destacó que se trata de la primera vez que la Alianza realiza ese tipo de operación desde un portaaviones europeo, con los F-35B del HMS Prince of Wales protegiendo los cielos de Islandia y el High North.

Pero el detalle decisivo no estuvo en los F-35B, sino en las sonoboyas. Estos dispositivos acústicos son lanzados al mar para detectar sonidos submarinos y localizar submarinos. En otras palabras, Rusia no solo envió un avión a “molestar” a un portaaviones: utilizó una plataforma especializada en guerra antisubmarina para operar alrededor de un grupo naval de alto valor.

Ese gesto tiene una lectura militar clara. Moscú pudo haber buscado medir la respuesta británica, recolectar información acústica, observar procedimientos del grupo de ataque o tantear qué medios antisubmarinos protegían al portaaviones. Aunque las sonoboyas no son armas, sí forman parte del ecosistema de vigilancia submarina. En un teatro como el Mar de Noruega, donde la presencia de submarinos rusos y de la OTAN es un factor central, el mensaje fue directo: Rusia puede acercarse, escuchar y poner presión sobre la burbuja defensiva aliada.

Ahí aparece la vulnerabilidad más incómoda. Un portaaviones no opera como una unidad aislada. Su supervivencia depende de capas defensivas: cazas para el aire, destructores para defensa antiaérea, fragatas y helicópteros para guerra antisubmarina, buques logísticos para sostener la operación y, de ser posible, submarinos de ataque que aporten una capa silenciosa de protección y disuasión bajo el agua.

HMS Prince of Wales en Japón vía X

En el caso del HMS Prince of Wales, el grupo británico desplegado en el Atlántico Norte incluye al destructor HMS Duncan y al buque de apoyo RFA Tidespring. También cuenta con helicópteros Merlin HM2, especializados en guerra antisubmarina, capaces de emplear sonar calable, sonoboyas y torpedos Sting Ray. Sin embargo, la discusión surge por lo que falta: una presencia robusta de fragatas antisubmarinas y, sobre todo, la disponibilidad de submarinos de ataque nucleares que acompañen o respalden al grupo.

Navy Lookout señaló que la capacidad antisubmarina del despliegue recae principalmente en los Merlin embarcados, ya que la Royal Navy no pudo enviar una fragata para unirse a la misión. Esa limitación importa porque los helicópteros son herramientas potentes, pero no sustituyen por completo una pantalla antisubmarina de superficie y submarina más amplia. En una zona como el High North, donde el entorno acústico, la distancia y la actividad rusa complican la vigilancia, la ausencia de capas adicionales reduce el margen operativo.

La situación de los submarinos británicos agrava esa lectura. El Reino Unido posee submarinos nucleares de ataque clase Astute, diseñados precisamente para escolta, vigilancia, inteligencia, caza de submarinos y proyección de misiles de crucero. Pero medios especializados británicos vienen señalando problemas recurrentes de disponibilidad y mantenimiento. Navy Lookout informó a fines de junio que, al momento de su análisis, ninguno de los submarinos Astute estaba en el mar, en un cuadro marcado por trabajos de mantenimiento, infraestructura limitada y programas de recuperación todavía en curso.

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