Pese a que el Kremlin niega que los ejercicios China-Rusia sean una amenaza al asegurar que su cooperación naval es un pilar de estabilidad regional, la inclusión de armamento de última generación ha intensificado la vigilancia mientras crece la presión en el Pacífico por el control de las rutas estratégicas. El portavoz oficial Dmitry Peskov enfatizó recientemente que estas operaciones no están dirigidas contra ningún estado específico, sino que buscan aportar previsibilidad y seguridad en un área crítica.

Sin embargo, la actual edición del ejercicio anual Joint Sea-2026 presenta una complejidad técnica superior a la de años anteriores debido a que el mando conjunto ha decidido priorizar el entrenamiento con sistemas avanzados de combate.
De acuerdo con las declaraciones del contraalmirante ruso Sergey Sinko recogidas por la agencia TASS, una característica distintiva de las maniobras actuales es el enfoque masivo en el uso de vehículos aéreos no tripulados y drones navales. En este sentido, los ejercicios contemplan escenarios específicos de combate contra sistemas no tripulados y embarcaciones sin tripulación, un área que Moscú considera de vital importancia en el contexto de la guerra moderna.

Asimismo, las armadas de ambos países realizarán prácticas de comunicaciones, guerra antisubmarina y una compleja operación de rescate de la tripulación de un submarino en apuros mediante el empleo de un vehículo sumergible especializado. Para garantizar la efectividad de estas misiones tecnológicas, Rusia ha desplegado una fuerza de tarea liderada por el crucero de misiles Varyag y la corbeta Rezky, junto con el submarino diésel-eléctrico Ufa y el buque de rescate Igor Belousov.
Por su parte, la armada china participa con los destructores Anshan y Kaifeng, la fragata Wuhu y un submarino de clase Yuan, además de unidades de apoyo logístico como el buque Kekexilihu. Esta agrupación de medios navales busca proyectar una capacidad operativa unificada que, según advirtieron las autoridades de Taiwán, tiene como objetivo estratégico fracturar la arquitectura de defensa de Estados Unidos en la denominada Primera Cadena de Islas.

Consecuentemente, mientras Pekín y Moscú normalizan estas incursiones coordinadas en el Mar Amarillo y el Pacífico abierto, el tiempo de advertencia ante posibles crisis regionales se reduce de manera drástica. El Director General de la Oficina de Seguridad Nacional de Taiwán, Tsai Ming-yen, señaló que este despliegue récord de más de ciento diez buques busca anular la capacidad de denegación de acceso de las fuerzas aliadas. De esta manera, lo que el Kremlin define como una actividad defensiva y rutinaria es interpretado por los actores regionales como un esfuerzo conjunto para alterar el balance de poder en un arco que se extiende desde Japón hasta las costas de Filipinas.
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