Afirman que un avión ruso lanzó sonoboyas cerca del portaaviones británico HMS Prince of Wales y fue interceptado por F-35

HMS Prince of Wales lidera el Grupo de Ataque de Portaaviones del Reino Unido (UKCSG) en la Operación Firecrest hacia el Ártico y la costa este de EE.UU. en 2026. Créditos: UKForcesTracker.

HMS Prince of Wales lidera el Grupo de Ataque de Portaaviones del Reino Unido (UKCSG) en la Operación Firecrest hacia el Ártico y la costa este de EE.UU. en 2026. Créditos: UKForcesTracker.

Un avión de patrulla marítima ruso Tu-142, conocido por la OTAN como Bear-F, se acercó de forma reiterada al grupo de ataque del portaaviones británico HMS Prince of Wales en el Mar de Noruega, lanzó sonoboyas en sus proximidades y fue interceptado por cazas F-35B desplegados desde la propia nave. El Reino Unido calificó la maniobra como “insegura y poco profesional”, en un nuevo episodio de tensión entre Rusia y la OTAN en el flanco norte europeo.

Imágenes de un F-35B pintado con los colores del Escuadrón Aéreo Naval 809 para la recomisión del Escuadrón. Cpl James Skerrett RAF

El incidente ocurrió el 2 de julio, mientras el grupo de ataque británico operaba en el Mar de Noruega en el marco de la Operación Firecrest. Según el Ministerio de Defensa del Reino Unido, el avión ruso voló a baja altitud, pasó innecesariamente cerca del HMS Prince of Wales y no respondió a los intentos de comunicación realizados a través de frecuencias internacionales. Ante la situación, dos F-35B despegaron desde el portaaviones y escoltaron al aparato ruso hasta que abandonó el área.

Aunque el episodio puede parecer una simple interceptación aérea, el detalle más relevante está en el tipo de aeronave utilizada y en la carga que desplegó. El Tu-142 es una plataforma de patrulla marítima y guerra antisubmarina, diseñada para operar sobre grandes extensiones oceánicas, detectar submarinos y vigilar movimientos navales. Las sonoboyas que lanzó cerca del portaaviones son sensores acústicos que se arrojan al mar para escuchar sonidos bajo el agua y ayudar a localizar submarinos.

Ese punto convierte el incidente en algo más que una provocación aérea. Al lanzar sonoboyas cerca de un grupo de portaaviones, Rusia pudo haber buscado medir la reacción británica, recolectar información acústica, presionar la pantalla defensiva del grupo naval o enviar una señal sobre su capacidad para operar cerca de activos de alto valor de la OTAN. En el lenguaje militar, no se trata solo de “pasar cerca”: se trata de observar, registrar, incomodar y obligar al adversario a mostrar parte de su procedimiento de respuesta.

El portaaviones HMS Prince of Wales. Crédito: Real Armada Británica

El HMS Prince of Wales es una de las principales plataformas de proyección naval del Reino Unido. Como portaaviones, funciona como núcleo de un grupo de ataque que combina aviación embarcada, escoltas de superficie, helicópteros, apoyo logístico y capacidades de vigilancia. En este caso, su presencia en el Mar de Noruega forma parte de una postura más amplia de la OTAN para reforzar la seguridad del Atlántico Norte y del llamado High North, una zona que volvió a ganar centralidad estratégica por la actividad rusa.

El Mar de Noruega no es un escenario secundario. Es una zona de paso entre el Ártico, Noruega, Islandia, el Reino Unido y el Atlántico Norte. Para Rusia, representa una puerta de salida desde sus bases septentrionales hacia el océano abierto. Para la OTAN, es un espacio crítico para monitorear submarinos, proteger rutas marítimas, vigilar infraestructura submarina y sostener la conexión militar entre América del Norte y Europa.

Por eso, la maniobra rusa debe leerse dentro de una competencia más amplia. Mientras la guerra en Ucrania concentra buena parte de la atención sobre el este europeo, Moscú también mantiene presión en el dominio marítimo. Esa presión incluye patrullas aéreas, movimientos navales, presencia submarina y operaciones destinadas a tantear la respuesta aliada en puntos sensibles del mapa. El objetivo no siempre es escalar de manera directa, sino probar límites, generar incertidumbre y recordar que Rusia conserva capacidad de incomodar a la OTAN fuera del frente ucraniano.

Para el Reino Unido, la respuesta con F-35B también tuvo valor político y militar. Los cazas desplegados desde el HMS Prince of Wales permitieron mostrar que el portaaviones puede operar como una plataforma de defensa aérea embarcada en el norte europeo. En un contexto de mayor tensión con Rusia, Londres busca presentar a su grupo de portaaviones como una herramienta de disuasión creíble, capaz de operar bajo mando aliado y responder ante aproximaciones hostiles.

El episodio también llega en un momento sensible para la Alianza Atlántica. La OTAN viene reforzando su atención sobre el flanco norte, especialmente ante la preocupación por la actividad rusa en el Ártico, el Atlántico Norte y las aguas cercanas al Reino Unido. En los últimos años, la protección de cables submarinos, gasoductos, rutas marítimas y nodos de comunicación se convirtió en una prioridad creciente para los países europeos.

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