Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, ha tomado una serie de polémicas decisiones en materia de política exterior que incluyen la captura de Nicolás Masduro en Venezuela y el inicio de la guerra contra Irán. Sin embargo, tanto en términos estratégicos como históricos, sin dudas lo más resonante es la intención de Trump de retirarse de Europa, ya que no cree que la OTAN siga siendo una alianza que es útil para Washington. Pero, pese a la visión de Trump, la realidad podría ser muy diferente.

En primer lugar, pese a la caída de la URSS, la OTAN aún tiene una importancia estratégica global. Esto se debe a que, a medida que el mundo se ha globalizado, los desafíos estratégicos para Estados Unidos por parte de naciones específicas ya no se limitan a esferas geográficas establecidas. Por tanto, la alianza, que tiene un alcance más allá de las fronteras europeas, es un gran aliado que podría ayudar a Estados Unidos a detectar y repeler amenazas dispersas globalmente.
A esto debemos sumarla que la OTAN otorga a Estados Unidos la capacidad de proyectar liderazgo mundial: Si Estados Unidos recorta significativamente las contribuciones o se retira de la OTAN, estaría, implícitamente, rechazando un manto de liderazgo mundial ganado con mucho esfuerzo desde la Segunda Guerra Mundial.
En este sentido, cedería influencia a otras naciones que no necesariamente estaban ubicadas en Europa. Y, aunque Rusia sería el beneficiario evidente de la ausencia de liderazgo estadounidense en Europa, es probable que China, con su vasto dominio de recursos económicos y tecnológicos, también pueda intentar cubrir ese vacío.
Siguiendo esta línea, también es real que la OTAN es necesaria para que Estados Unidos disuada la influencia militar de China ya que, aunque el teatro del Indo-Pacífico se ha convertido en una prioridad de defensa estadounidense, los desafíos estratégicos para Estados Unidos desde esa región se expanden mucho más allá.
Cabe recordar que Pekín ha acumulado fuerza militar en forma de monopolios sobre recursos, por ejemplo en la exportación y refinamiento de minerales críticos. Además, ha ampliado su presencia en el Ártico, lo que habría sido considerado sin precedentes durante el apogeo de la Guerra Fría. Pero los aliados de la OTAN están preparados para ayudar a Estados Unidos a mantener su dominio en el Ártico y prevenir incursiones.
Por otra parte, más allá de las cuestiones geopolíticas, la OTAN sigue representando una gran oportunidad económica para Estados Unidos ya que, como uno de los principales productores de armas a nivel mundial, es la primera y única opción para los aliados de Washington en un momento en el que se rearman.
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