La presión de China en el Indo-Pacifico está acelerando un cambio estratégico en la región. Filipinas, en el centro de las tensiones, busca reforzar sus capacidades militares con apoyo de Japón y Estados Unidos, mientras refuerza vínculos con otros socios regionales. El resultado es un entramado de alianzas que refleja la convergencia de intereses frente a la expansión extraterritorial de Pekín.

El secretario de Defensa filipino, Gilberto Teodoro, lo resumió en una palabra: “convergencia”. En una entrevista explicó que “China es un país difícil de disuadir. Ningún país puede hacerlo solo”. Sus declaraciones llegan después de semanas de incidentes en el banco de Scarborough y otras escaramuzas en el Mar de China Meridional, donde buques chinos hostigaron a embarcaciones filipinas. Para Manila, la respuesta pasa por reforzar la cooperación militar con sus aliados y diversificar las fuentes de equipamiento estratégico.
Una nueva alianza con Japón y EE.UU. como pilar
En este contexto, la relación con Japón ocupa un lugar central en este nuevo esquema. Filipinas está interesada en adquirir misiles antibuque Tipo 88, que ya fueron probados en su territorio durante el ejercicio Balikatan junto a las tropas estadounidenses. Además, Tokio entregó radares de vigilancia costera y se anticipa la transferencia de destructores escolta clase Abukuma para reforzar la armada filipina. “Es natural que acojamos la evolución de una industria de defensa madura en Japón”, señaló Teodoro, destacando también el papel de Corea del Sur en el desarrollo regional. La cooperación con Tokio refleja un cambio histórico: Japón, tradicionalmente limitado por su Constitución pacifista, avanza hacia un rearme que genera la ira de Pekín.

Sin embargo, el vínculo con Estados Unidos sigue siendo el pilar de la defensa filipina. Washington tiene acceso a un gran número de bases en Filipinas y proporciona suministros, y a su vez esas instalaciones están ubicadas cerca de Taiwán. Los ejercicios conjuntos, como el de Balikatan, muestran la disposición de Manila a sostener su alianza con Washington. Aunque la atención estadounidense oscila hacia otros escenarios, su presencia en el Indo-Pacífico sigue siendo decisiva para disuadir a China.
La política de defensa filipina también se extiende a otros socios. Manila mantiene relaciones con Australia, Corea del Sur, Indonesia y Vietnam. Este entramado de vínculos refleja la intención de Filipinas de no depender exclusivamente de Washington, sino de construir una red de cooperación más amplia. “Operamos bajo el proverbial concepto de un solo teatro. Compartimos las mismas amenazas”, explicó Teodoro, subrayando que la seguridad regional requiere respuestas coordinadas.
De la presión de Pekín al surgimiento de un frente común
Por su parte, la reacción de China no se hizo esperar. Pekín sancionó a Teodoro en mayo, prohibiendo su entrada a Hong Kong y Macao por “repetidas declaraciones irresponsables”. El secretario de Defensa respondió con firmeza: “Las sanciones no afectarán a la política de defensa filipina. Si acaso, la concretan, porque hacen más evidente que lo que hacemos va en contra de lo que ellos quieren”. La medida, lejos de debilitar a Manila, reforzó su determinación de estrechar lazos con aliados y modernizar sus capacidades militares.

En este escenario, la convergencia entre Filipinas, Japón y Estados Unidos adquiere un significado mayor. No se trata solo de ejercicios militares o intercambio de armamento, sino de la construcción de un frente común frente a la presión china. La región se reordena: los aliados de Washington buscan mayor autonomía, mientras refuerzan su cooperación para enfrentar amenazas compartidas. Para Filipinas, la apuesta es clara: diversificar sus alianzas, modernizar su defensa y consolidar su papel como socio estratégico en el Indo-Pacífico.













