China construyó una maqueta de gran escala de un destructor estadounidense clase Arleigh Burke en un polígono de tiro en el desierto, según imágenes satelitales atribuidas a Vantor. La estructura aparece montada como blanco de prueba y reproduce el perfil de uno de los principales tipos de buques de guerra de la Armada de Estados Unidos.
El dato es sensible porque los Arleigh Burke son piezas centrales de la flota estadounidense. Estos destructores operan con el sistema de combate Aegis, cumplen tareas de defensa aérea, defensa antimisiles, ataque de precisión, guerra antisubmarina y escolta de portaaviones. En un escenario de crisis por Taiwán o el Mar de China Meridional, serían parte del primer anillo naval que Washington podría desplegar frente a China.
La imagen difundida muestra una estructura alargada, con detalles de cubierta y superestructura, comparada visualmente con el USS Jack H. Lucas, primer destructor Arleigh Burke Flight III de la Armada estadounidense. Esa variante incorpora mejoras de combate y sensores más avanzados, por lo que su silueta resulta especialmente relevante para ejercicios de identificación, medición de daño o calibración de sistemas de ataque.
No es la primera vez que China construye blancos con forma de buques estadounidenses. En 2021, imágenes satelitales ya habían revelado maquetas de un portaaviones y destructores estadounidenses en el desierto de Taklamakan, dentro de un complejo asociado a pruebas de misiles. Aquellos blancos fueron leídos como parte del desarrollo chino de capacidades antibuque, especialmente contra la Marina de Estados Unidos.
La diferencia es que este nuevo blanco aparece con mayor nivel de detalle y vuelve a confirmar una tendencia: Beijing no solo desarrolla misiles de largo alcance, sino que también construye escenarios físicos para ensayar cómo detectar, seguir y atacar plataformas navales concretas. En una guerra moderna, no alcanza con tener un misil; también hay que identificar el blanco, distinguirlo de señuelos, guiar el ataque y evaluar el daño.
El trasfondo son los misiles balísticos antibuque chinos, como el DF-21D y el DF-26B, pensados para amenazar buques de superficie a grandes distancias. Estos sistemas forman parte de la estrategia china de negación de acceso, diseñada para complicar la entrada de portaaviones, destructores y grupos navales estadounidenses en zonas cercanas a Taiwán, el Mar de China Meridional o el Pacífico occidental.
Para Estados Unidos, este tipo de desarrollos confirma el cambio de época naval. La amenaza ya no proviene solo de submarinos, aviones o misiles de crucero, sino también de armas balísticas, hipersónicas, drones y sensores distribuidos. Por eso la Armada estadounidense viene explorando nuevas capas de defensa antimisiles para sus buques, incluyendo la integración de interceptores adicionales frente a amenazas chinas de alta velocidad.
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