La imagen de invulnerabilidad tecnológica que Rusia intentó proyectar con el misil balístico de alcance intermedio Oreshnik enfrenta crecientes cuestionamientos. Una investigación difundida por el medio The Gaze y basada en un informe de Dallas Analytics sostiene que el sistema presenta serias deficiencias de precisión derivadas de problemas industriales, componentes obsoletos y limitaciones en la capacidad de producción de la industria militar rusa.
Desde su primera utilización conocida contra la ciudad ucraniana de Dnipró en noviembre de 2024, el presidente ruso, Vladimir Putin, presentó al Oreshnik como una nueva generación de armamento estratégico capaz de modificar el equilibrio militar regional. Sin embargo, distintos análisis occidentales coinciden en que el misil no constituye una plataforma completamente nueva, sino una evolución del programa RS-26 Rubezh, un proyecto previamente suspendido y posteriormente reactivado. Diversos organismos especializados señalan además que el sistema continúa en una fase de desarrollo y experimentación operacional.
Según el informe de Dallas Analytics, el principal problema radica en el sistema de navegación. La investigación identifica a la unidad giroscópica GU-503 como uno de los componentes críticos responsables de las desviaciones registradas durante varios lanzamientos. Documentación interna de empresas rusas citada por los investigadores indica que buena parte de los equipos necesarios para fabricar, calibrar y verificar estos componentes se encuentran tecnológicamente desactualizados o ya no se producen, una situación agravada por las sanciones internacionales y las dificultades para acceder a tecnología avanzada.
Ucrania refuerza la investigación sobre el misil balístico de Rusia
Los cuestionamientos cobraron fuerza tras varios incidentes ocurridos entre 2025 y 2026. De acuerdo con la investigación, una de las ojivas lanzadas durante un ataque en mayo de 2026 se habría desviado de su trayectoria prevista e impactado en infraestructura civil en Bila Tserkva, mientras que otra desapareció sobre territorio ocupado en la región de Donetsk. Informaciones posteriores también señalaron que un misil Oreshnik habría terminado impactando en una zona bajo control ruso, alimentando las dudas sobre la fiabilidad operativa del sistema.
La evidencia técnica recopilada por especialistas ucranianos también aporta elementos al debate. Fragmentos recuperados tras ataques atribuidos al Oreshnik mostraron la presencia de componentes electrónicos fabricados entre 2014 y 2017, sin rastros de piezas occidentales o chinas de última generación que suelen encontrarse en otros sistemas de armas rusos. Este hallazgo refuerza la hipótesis de que Rusia estaría recurriendo a inventarios previos y a tecnologías heredadas para sostener la producción del misil.
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