Ucrania lanzó ataques profundos contra Rusia con drones y misiles FP-5 Flamingo

Misil Flamingo Ucrania. Crédito: Efrem Lukatsky/Copyright 2025 The AP.

Misil Flamingo Ucrania. Crédito: Efrem Lukatsky/Copyright 2025 The AP.

Ucrania lanzó una nueva ofensiva de largo alcance contra objetivos militares y energéticos dentro de Rusia, en una operación que volvió a mostrar la creciente capacidad de Kiev para golpear instalaciones ubicadas a cientos de kilómetros del frente. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó que misiles FP-5 Flamingo impactaron contra una planta militar en Cheboksary, capital de la república rusa de Chuvashia. Según Kiev, la instalación abastece al ejército ruso con componentes utilizados en drones y misiles, dos capacidades centrales para la continuidad de la campaña aérea contra Ucrania.

Imágenes supuestamente mostraron las secuelas de un ataque con misiles ucranianos a una planta militar rusa en Cheboksary
Telegram / Zelenski/ Oficial

El dato más relevante es la distancia. Cheboksary se encuentra a más de 900 kilómetros de la línea del frente, lo que vuelve a colocar sobre la mesa el avance ucraniano en ataques de precisión contra la retaguardia profunda rusa. La operación también incluyó un golpe contra la refinería de Kuibyshev, en la región de Samara, otro objetivo ubicado a gran distancia del frente.

Rusia, por su parte, afirmó que sus defensas aéreas derribaron 326 drones ucranianos durante la noche. Como ocurre en buena parte de estos episodios, el balance completo es difícil de verificar de manera independiente: Moscú suele destacar la cantidad de drones interceptados, mientras que Kiev pone el foco en los objetivos alcanzados.

La aparición del FP-5 Flamingo es el otro dato central. Se trata de un misil de largo alcance desarrollado por Ucrania, pensado para ofrecer a Kiev una capacidad propia de ataque profundo sin depender exclusivamente de sistemas occidentales. En un contexto donde varios aliados mantienen restricciones sobre el uso de armamento entregado a Ucrania contra territorio ruso, los sistemas nacionales se vuelven una herramienta estratégica.

El uso del Flamingo contra Cheboksary tiene además una carga simbólica e industrial. Ucrania busca golpear no solo depósitos o instalaciones energéticas, sino también piezas de la cadena militar rusa: fábricas, componentes electrónicos, sistemas de navegación, producción de drones y elementos vinculados a misiles. Es decir, intenta afectar la capacidad de Rusia para seguir atacando a Ucrania desde el aire.

Expertos policiales trabajan en el lugar de un ataque con drones rusos en la ciudad de Járkov, en el noreste de Ucrania
Reuters

Esa lógica forma parte de lo que Kiev llama “sanciones de largo alcance”: ataques directos contra la infraestructura que alimenta el esfuerzo bélico ruso. En lugar de esperar únicamente por sanciones económicas occidentales, Ucrania intenta imponer costos físicos sobre plantas, refinerías, depósitos y nodos logísticos dentro de Rusia.

La campaña también revela un cambio en la guerra. Durante los primeros años de la invasión, Ucrania dependía en gran medida de drones de largo alcance para golpear objetivos profundos. Esos sistemas siguen siendo importantes, pero la incorporación de misiles nacionales como el FP-5 Flamingo amplía el menú de opciones y permite combinar diferentes vectores en una misma noche de ataques.

Para Rusia, el problema es cada vez más complejo. Defender ciudades, refinerías, plantas militares, aeródromos, depósitos y rutas logísticas a cientos de kilómetros del frente obliga a dispersar sistemas antiaéreos en un territorio enorme. Incluso si Moscú intercepta una parte significativa de los drones, algunos misiles o vehículos no tripulados pueden atravesar las defensas y alcanzar instalaciones críticas.

El golpe contra Cheboksary también apunta a una vulnerabilidad específica: la industria militar rusa no está concentrada únicamente cerca de Moscú o en las regiones fronterizas. Muchas plantas clave se ubican en el interior del país, lejos de Ucrania, precisamente porque durante años se asumió que estaban protegidas por la profundidad territorial rusa. La guerra de drones y misiles está erosionando esa ventaja.

La refinería de Kuibyshev, en Samara, introduce otro frente de presión. Ucrania viene atacando de forma recurrente la infraestructura petrolera rusa, con el objetivo de afectar ingresos, logística militar, disponibilidad de combustible y capacidad de refinación. Cada golpe no paraliza por completo el sistema energético ruso, pero suma costos, interrupciones y presión sobre una economía que sostiene una guerra prolongada.

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