La escalada que afectó recientemente a Kuwait y Bahréin no es un evento aislado, sino parte de una fase crítica en la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ya cumple 96 días. Lo que comenzó como un conflicto regional se ha desplazado hacia el control de arterias comerciales y militares vitales en el Golfo Pérsico.
El detonante
Según reportes de la agencia iraní Tasnim, el ciclo actual de violencia se intensificó cuando fuerzas estadounidenses atacaron un petrolero iraní cerca del Estrecho de Ormuz, dañando su sala de máquinas. En respuesta, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) afirmó haber atacado un buque vinculado a intereses de EE. UU. e Israel.
Posteriormente, el ejército estadounidense realizó ataques de “autodefensa” en la isla de Qeshm, destruyendo una torre de comunicaciones y una estación de control terrestre de drones de la IRGC. Fue tras estos incidentes que Irán lanzó la oleada de misiles y drones hacia Kuwait y la sede de la Quinta Flota en Bahréin, alegando haber impactado objetivos militares, aunque el CENTCOM afirma que todas las interceptaciones fueron exitosas y no hubo daños en sus activos.
¿Petróleo o Uranio?
El contexto político revela una brecha profunda en las negociaciones. El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ha dejado claro ante el Congreso que Washington no aceptará un acuerdo vinculado únicamente a la apertura del Estrecho de Ormuz. La postura de la administración Trump es inflexible aludiendo que solo habrá alivio de sanciones si Irán entrega su uranio enriquecido y realiza concesiones nucleares significativas.
Por su parte, el jefe negociador de Irán, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió que Teherán podría abandonar la mesa de diálogo si Israel continúa sus operaciones en el Líbano. Este estancamiento ocurre mientras se confirma que el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, está vivo y participando activamente en las decisiones tras la muerte de su padre.
La presión en el Líbano como factor de negociación
Israel ha intensificado sus ataques en el sur del Líbano, donde las víctimas civiles siguen aumentando. En las últimas horas, al menos cinco personas, incluido un niño, murieron en bombardeos en Burj Shemali, Ebba y Tibnin. Además, el ataque contra una ambulancia en Tiro que mató a dos paramédicos subraya la volatilidad del frente norte.
Para analistas internacionales, esta presión militar israelí busca forzar términos más duros en las negociaciones entre EE. UU. e Irán o incluso descarrilar cualquier posible acuerdo.
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